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miércoles, 26 de junio de 2013

Nadar... nadar incansablemente contra la peligrosa corriente de la servidumbre






Nadar...
 nadar incansablemente contra la peligrosa corriente de la servidumbre




"El ejercicio de la dominación material 
apareja inevitablemente tanto para el mismo como para su práctica, 
una esclavitud más o menos acentuada"

Herbert Spencer




El síntoma más inequívocamente padecido por un ciudadano respecto del arbitrio de un gobierno que pretende expandirse hasta el paroxismo, es el recorte gradual de sus libertades individuales. Esta condición tan limitante como inaceptable, retrotrae al individuo a la sujeción representada por las antiguas referencias simbólicas propias de la condición de esclavo o de la servidumbre medieval. Un gobierno voraz es la inaudita combinación trinitaria de un Amo al que arrodillarse, un Señor al que tributar y un Dios secular al que se deberá idolatrar fundido en una marea colectiva fascinada con el hechizo del paternalismo dirigista.

El individuo que elija sustraese de esa alienante y enfermizamente océanica sensación masificante sentirá -con la completa certidumbre que aún le brinda una saludable fortaleza singular- que quienes gobiernan están intentando borrar sin contemplaciones su preciada condición ontológica autónoma.

Este síntoma se padece en la medida en que el mismo expresa la pérdida de la libertad individual y el preaviso de condena a todo aquel que manifieste el derecho radical a la diferenciación. En esa inadecuación del espíritu libertario a la imposición del estribillo colectivo encuentra su forma la rebelión contra la exigencia de igualación y la práctica de la desobediencia civil ante la inmoral obligación de rendir pleitesía y culto a las vulgaridades falaces que pregona el estatismo.

¿Qué se encuentra solapado en las tinieblas, en el revés, en el negativo de este síntoma que experimenta el ciudadano insubordinado frente a la prédica impositiva de la religión política? Diremos que si el síntoma es la falta de libertad del individuo, aquél es reflejo de un signo no menos peligroso ni letal: el signo de un poder político que ha activado en forma declarada la semilla del autoritarismo que anida en toda voluntad de control gubernamental.

La visibilidad que adquieren bajo estas condiciones la coerción, la coacción, la corrupción, el fanatismo y el autoritarismo no son más que los modos en que se desenmascara a sí misma la mafiosa ambición de poder de todo gobierno amante de la desproporción cuando se aferra a la posibilidad de autoperpetuar su saqueo a la sociedad al amparo de esa bestia ilimitada que llamamos “Estado”. 




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jueves, 8 de noviembre de 2012

Las fichas del dominó





 Las fichas del dominó





"Una acción concreta y decidida sobre un punto 
limitado, pero decisivo, 
que implicase un cambio fundamental sobre ese punto y
gradualmente
modificase los términos mismos del conjunto de los problemas."



Jean Monnet

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martes, 6 de noviembre de 2012

Libertad individual y Estado Omnipotente - Juan Bautista Alberdi




Libertad individual y Estado Omnipotente
Juan Bautista Alberdi




“La libertad individual es el límite sagrado en que termina la autoridad del Estado. 
Todos los crímenes contra la libertad del hombre han podido ser cometidos 
no sólo impune, sino legalmente en nombre del Estado Omnipotente, 
invocado por su gobierno omnímodo. 
La libertad exterior de la patria es la Independencia de todo país extranjero. 
La Libertad interior es la independencia del individuo dentro de su propio país.
 La libertad interior -libertad civil y política- significa literalmente 
 ausencia de todo poder omnipotente y omnímodo en el Estado 
y en el gobierno del Estado”.



Juan Bautista Alberdi 


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jueves, 3 de mayo de 2012

domingo, 15 de abril de 2012

Cínicos ideologizados



 
Cínicos ideologizados




"La razón cínica ya no es ingenua,
sino que es una paradoja de una falsa conciencia ilustrada:
uno sabe de sobra la falsedad, está muy al tanto de que hay un interés particular oculto 
tras una universalidad ideológica,
pero aún así, no renuncia a ella."






De "El sublime objeto de la ideología"

Slavoj Žižek

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sábado, 28 de enero de 2012

La esperanza desutópica



La esperanza desutópíca




"Querer un mundo mejor, que es nuestra finalidad principal, 
no es querer el mejor de los mundos"

Edgar Morin
Terre-Patrie”
(Edgar Morin y Anne Kern, Seuil, Paris, 1993)




Nuevos campos de batalla, o la misma batalla de siempre reloaded?
Derrotados los viejos sueños del siglo XX... estamos hoy asistiendo a nuevas andaduras y travesías libertarias? Es posible imaginar un eterno retorno de la resistencia?

Las fuerzas fundamentalistas siempre han tenido una faceta instituyente (productora de significaciones sociales) y a la vez han sido Janos de desmesurado carácter destructivo. Los "másalláes" que han sido establecidos dentro del marco de cada fundamentalismo han adoptado a lo largo de la historia formas teístas, nacionalistas, estatistas, bélicas, patrioteras, raciales, genealógicas, mercantiles, ideológicas, partidistas, tecnológicas, científicas, informáticas. Nuestros cielos e infiernos han ido sucesivamente cambiando de nombre, pero pocas veces de intenciones.

Hoy, cada “más allá” coexiste con algunas de sus otras variantes en una suerte de superposición delirante: la gente se va a dormir meditando sobre su libro sagrado, sin embargo venera su puesto de trabajo servilista, sin dejar de depositar a plazo fijo sus esperanzas en la ciencia, mientras al mismo tiempo aspira a ciertos usos de lo tecnológico, y sólo confía en el estrecho círculo de quienes considera sus “idénticos”. Si al sujeto actual se lo reclama en términos cívicos, argumenta tibiamente sus decisiones e indecisiones guiado por una  mapa de ideologías mixturadas (o másomenos puras en casos extremos) aunque siempre atado a su vaca sagrada: el Estado.

En alguna medida el sujeto cívico es inconciente cautivo de un patchwork de másalláes. Y el poder de turno explota esa manta confusa de creencias para seguir jugando las perversas jugarretas abusivas de hoy y de siempre. Nada nuevo bajo el sol. Estados, gobiernos, mafias, curanderismo político componen una repugnante cadena metonímica que aplasta al individuo bajo la bota colectivista que ciegamente aplasta por derecha o por izquierda.

Afortunadamente, como siempre que hubo poder, hay resistencia (siguiendo la afirmación foucaultiana).

Pero qué clase de resistencia puede erguirse con los pies en la tierra en un mundo que ha perdido su voluntad de grandeza y que se arrodilla con un pañuelo atado en los ojos ante el altar de los nuevos/viejos dioses de la manipulación y el engaño? Es posible resistir y proyectar en estado de des-utopía?

Cualquier fundamentalismo, sea éste del orden que sea, hace uso de sus dogmas, sus libros, sus producciones casi cinematográficas de sentidos, sus teatralizaciones, sus voceros y soldados, su exaltaciones, sus profecías infantilistas, su paternalismo estructural... todo a fin de tornarse más exitoso en la trama social de la que emerge y se alimenta. El saqueo político es un arte sucio, una tekné de la bajeza. Y un fundamentalismo exitoso no es, ni más ni menos, que aquel que consigue someter a masas enteras de seres humanos -por la vía de fantásticos trucos de manipulación- a una servidumbre que se celebra como si se tratara de una liberación. Goebbels mismo (el líder del aparato de propaganda nazi) alguna vez dijo, respecto de los efectos de sus “puestas en escena de la realidad” que era como contar un cuento de hadas. Lógicamente un cuento con efectos sanguinarios y dementes. Pero lo que este animal hitleriano había sabido captar y usufructuar de los millones de efervescentes alemanes a los que se dirigía fue la necesidad que las individualidades extraviadas en los efectos de masas tienen para autoconvencerse de que hay algo de inmortal en las ilusiones colectivas, algo supremo que logra aliviarles el sinsentido de sus patéticas vidas cotidianas. El sujeto masificado busca la tranquilidad de depositar sus designios como sociedad en un líder fuerte, embravecido, autosuficiente y voraz de poder. Y ya sabemos cual fue el resultado de este tipo de cóctel biopolítico.

En efecto, sobran ejemplos que permiten comprobar que a la gente le place entregarse a creer. Lo cual exige pensar en las conexiones negligentes entre esa voluntad de creer, la servidumbre voluntaria de la que hablara La Boétie ya por el siglo XVI, y la inercia a rebañizarse en pos de un paraíso prometido.

Las creencias -incluso las más insostenibles, bizarras y/o peligrosas- generan un alivio a la estupidez generalizada. Abrazados a esos falaces modos del creer, las sociedades entran en masa en trances fantasiosos y transitan semidormidos por nebulosas de irrealidad que suelen derivar en los acantilados de las pulsiones de muerte. Direccionados por la mágica mano negra de un líder con cierto carisma a quien colocan en el lugar de la palabra indiscutible y divinizada, simplemente agitan su rencoroso resentimiento y se entregan a la pasional tarea de dejarse llevar, y seguir. Los ciudadanos se vuelven manadas, he aquí el mayor peligro autoritario que se cuece en el caldo del culto a las mayorías.

No es vano recordar que las peores atrocidades y mayores masacres ocurridas en este mundo han sido llevadas a cabo en nombre de alguna forma de trascendencia a su vez guiada por uno o un pequeño grupo de seres erigidos en guías cataclísmicos: si los cruzados mataron a millones en nombre del más allá celestial, Stalin y Hitler masacraron a sus propios millones de “enemigos” en nombre de un más acá terrenal. ¿La lección histórico-política? El deber de denunciar y rechazar cualquier nuevo intento de arraigar una utopía salvadora en nuestro mundo actual, el deber de dar una crítica sin piedades a las barbaries que esas tales utopías dejaron como lastre a fin de interrumpir las larvas que intentarán justificar sus eventuales nefandos replicamientos.

Que nadie nos salve!
Que nada nos salve!
Cuánto más se ajusta a la libertad del individuo soberano preferir la lógica de la intemperie, la dinámica de la espontaneidad, la ausencia de "plan" predigerido por el poder!

Si creer es entregarse a una forma de perverso goce (el goce de la tutela), renunciar a las promesas y comenzar una vida apartada de los textos que evangelizan sobre la salvación (la salvación política, o la del espíritu, la social, o la económica, o la psíquica) es un camino que conlleva no sólo a la decepción reflexionada, sino también a la libérrima incertidumbre. Y tolerar la incertidumbre no es cosa para nada sencilla. Menos aún lo es aprender a decepcionarse con las neuronas activas.

Vivir, amar, pensar, imaginar, sentir y morir en estado de des-utopía tiene su costado displacentero, sin dudas. Pero bien vale la angustia de mirar la realidad con los ojos bien abiertos antes que pretender tener fe en cualquier sistema de ideas o creencias basado en el secuestro extorsivo de la verdad, en el homicidio de las libertades individuales, en el cercenamiento de la creatividad espontánea muerta bajo el acero petrificante de la planificación colectiva.

Cómo plantear las batallas por la libertad en un presente que se nos heredado carente de absolutos?

El realismo actualista (ese padre del pragmatismo corto de miras que llama “espiritualmente” a refugiarnos en la trinchera del mero presente) puede ser útil en términos de recurso existencial-meditativo: respiremos, estemos aquíyahora, el pasado se ha ido, el futuro no ha llegado, sólo apenas tenemos la frágil inestabilidad de lo actual. Todo lo cual es cierto, pero insuficiente, al menos políticamente hablando.
Por otro lado y respecto del futuro utopizado, en “La anomalía salvaje” (Anthropos, Barcelona, 1993) Toni Negri concibe sin titubeos al sueño utopista como una pulsión idealista que termina siempre condenada de un modo u otro a ser una riesgosa apología del mando. No me gusta Toni Negri, pero su punto en este sentido es acertado. Y decepcionante es su conclusión pues, en el útero de los aconteceres y devenires de las llamadas “liberaciones revolucionarias” se termina ligando las trompas estériles de la historia con las armas brutales del totalitarismo. El poder estatista y colectivista entregado a poner en práctica una estrategia de control social uniformantes en contubernio con la verticalidad propia del "partido único" han parido los peores gobiernos más fascistas de la historia.

Entonces volvemos a la desutopía...

Sin horizontes de vanas creencias en sistemas totales, rechazando sin cobardías los discursos únicos, aún tenemos de nuestro lado la imaginación, la producción creativa, el ideal de excelencia, la belleza intrínseca de la diferenciación. Reivindicando el papel activo de quienes resisten al otro lado de los universos paralelos montados por los discursos excluyentes y exclusivos, se sigue alzando la brillante solaridad anarquista del individuo libre en combate con todas las formas de parasitismo social y político.
Sabemos que la libertad no es asunto que siga planos predeterminados, que los peldaños de sus escaleras no se saltan de a dos, y que no hay nada que justifique elevar a la categoría de ser supremo sobre la Tierra a ningún arquitecto/a político/a cuya voracidad mayor no es más que seguir sentándose a la opulenta mesa del poder concentrado (aunque sus decires describan seductoras promesas edulcoradas con imagenes de paraísos por llegar).

Desutopía no es la pérdida de la voluntad libertaria, es la afirmación de esta última contemplada desde la perspectiva de un anarquismo individualista.

Muy por el contrario, y habida cuenta de que la política actual es tan estertórea como anacrónica (aunque residualmente aún eficaz) la desutopía se plantea como aquella posición/acción antagónica a las formas agotadas de construir poder.

Hoy las prácticas de resistencia desutópicas constituyen un posible modo de re-encauzamiento lento -y por momentos fatigoso- de una forma de reflexión cívica que no deja de llamar a la praxis concreta pero se resiste a entregar el curso y resultados potenciales de ésta en las contaminadas manos de algún nuevo sacerdote de la vieja casta política. 

 Sin Estado, sin coacción, sin ficticios contratos sociales con ninguna entidad hipostasiada.

La desutopía es un llamamiento a quebrar no sólo ciertas reglas de juego, sino el juego mismo de lo político tal como se lo ha jugado hasta ahora.


Se podrán juzgar a las actuales prácticas desutópicas como inestables, fragmentarias, débiles, lábiles, y muchas veces inciertas en sus devenires, lo cual es completamente cierto. Pero no por ello dejan de constituir imaginativas “máquinas de subversión simbólica y real” que operan, por ello mismo, en el plano simbólico-real y escapan a los modos de protesta propios del modelo de mediaciones y oposiciones que alguna vez legitimaron los hoy caducos aparatos estatistas, sindicales, partidarios, obreristas, estudiantiles. En coexistencia con éstos oxidados sistemas de (no)representación actual, las prácticas desutópicas traban ciertos accionares del poder concentrado (caso de Anonymous a nivel global, o la defensa antiminera en Famatina a nivel local, o las experiencias de las Free cities ilustran con sus ejemplos esta dirección impugnadora de los contrapoderes).

A sabiendas de que toda batalla contra los poderes instituídos no es garante en sí misma de victorias largoplacistas, desutopizarse es un modo de recuperar la apuesta a dar más luz a las nuevas bisagras de resistencia cívica. Poner las fichas del pensamiento activo y afilado en la casilla de las nuevas potencias éticas que la sociedad está incubando a trompicones, erráticamente. Reconquistar el valor de oponerse, con seriedad pero sin formalismos ni marcos estrechos predeterminados por ninguna tradición de lucha. Revisar lo que no ha funcionado y afirmar el valor de lo que sí lo ha hecho como demostraciones de lo que es conveniente no repetir y de lo que valdría la pena reproducir flexiblemente. 

Romper vidrieras vandálicamente, tomar los palacios de invierno y darse a las calles es hoy aún uno de los modos de hacer saber que se es crítico a un modelo, a un estilo, a un conjunto de decisiones fascistoideas, etc., pero por momentos es también casi irrelevante cuando no directamente inconsecuente y reñido con la protección de lo que es propiedad de otros. Respetar el axioma del principio de no agresión se vuelve sustancial en tiempos revueltos. Dadas las condiciones actuales del poder concentrado (corporaciones globales y locales que operan en alianza indiscernible con los Estados en cualquiera de sus formatos) la fertilidad resistente no se halla bajo el patrimonio exclusivo de ningún colectivo, no se logra a pedradas en las calles, no se obtendrá jamás incendiando autos en los suburbios. Se resiste construyendo. Diseminado y reticularizado en infinitos puntos sociales y relacionales la crítica lúcida a las reales causas de la improsperidad. Podemos configurar legítimas y ruidosas formas de resistencia con las armas de la inteligencia y un teclado (y sino, habrá que preguntárselo a los que han hecho del hacking un territorio de contrapoder). Es posible y necesario pensar out of the box cuestionando la ilusión de imprescindibilidad con que se ha revestido al  Estado, cuestionando la falsa idea de que sin Estado no hay orden posible, no hay sociedad posible.

Las subjetividades francamente antagonistas son, hoy, enteramente desutópicas e individualistas. La desobediencia real pasa en estos momentos por una voluntad de ruptura con los colectivismos de cualquier índole que operan con intencionalidad molar en detrimenento de las interacciones espontáneas moleculares basadas en el interés mutuo y la cooperación voluntaria. En la fuerza de las imposiciones colectivas radica su propia debilidad, y sobre éstas hay que pegar los golpes de martillo que despierten a los espíritus adormecidos.
No se trata ya de ir trás algún ensueño ingenuo redentor, sino de vulnerar la supuesta solidez de los Estados (mínimo o máximos, siempre aspirantes en algún plano a ser totales) y su comparsa de instituciones-organizaciones-amigotes aliados de los beneficios unidireccionales a los que la concentración de poder beneficia opíparamente. Detectar esas bisagras en las que el poder muestra su agrietamiento -recordemos que, aún en el mayor de los controles, no hay solidez sin fisura- y trabajar inmaterialmente en el agrandamiento de esos espacios por donde se cuela la luz pues ellos son los que permitirán crear un auténtico desbalance del poder. Abrir divergencias allí donde la grieta legitimista muestra una leve contradicción. Ningún Estado ni organización es perpetua ni eternizable, ni siquiera aquellos que alguna vez detentaron legitimidades atroces y feroces contra la más mínima libertad de expresión. No hay gigantes sin pies de barro ni rey que finalmente no se pasee desnudo como producto de su propio ensoberbecimiento...

Hoy la adhesión a resistir probablemente ha dejado de ser vista ya como “adhesión partidaria”. En buena hora! Hoy se resiste y se suma a causas puntuales que convoquen existencial y éticamente, práctica y políticamente, económica y socialmente. Se protesta desde la singularidad y la molecularidad de cada vida, de cada sujeto resistente, de cada individuo al cuidado de sí. Se resiste en tanto que esa resistencia no atente ni intente borramiento alguna en torno a la singularidad. La molecularidad es ajena a los "aparatos opositores" y sólo funciona cuando la agrupabilidad es plenamente consentida y pactada de acuerdo al principio de afinidad electiva. Creamos acontecimientos de resistencia sin desdibujar la identidad personal bajo ninguna identidad colectiva masiva (e incluso cuando los sujetos de una “x” resistencia se pliegan a una tal identidad supraindividual, ésta no implica la férrea lealtad que otrora exigían los colectivos partidarios/sindicales/estudiantiles).

Todos somos hoy parte de alguna minoría. Premisa que vuelve absurdo el uso político coactivo de la noción de "mayoría". Quienes componen el mapa de las subjetividades antagonistas de este siglo que va corriendo, no sólo han mutado los criterios de agrupabilidad (exigiendo nuevas formas de pacto) sino que se configuran en torno a una decidida autonomía individual, menor tolerancia a ser mandatado para la obediencia a credos molares, intolerancia activa a la descarada verticalidad metodológica, desconfianza basal a aceptar ser liderado sin espacio para la discusión de criterios, lealtades fluctuantes e impermanentes, necesidad de contratos privados renovables que fijen las fronteras de lo que se ha de aceptar y lo que no.

Por estas razones, justamente, es que los aparatos políticos tradicionales fallan descomunalmente al tratar de cooptar y organizar entidades opositoras estables: aún miden y termometrean la realidad cívica con los semi-inútiles elementos de interpretación y puntos de referencia propios de las anteriores formas de subjetividad. En algún punto las limitaciones interpretativas de los políticos llamdos "opositores" que hoy no logran ni cautivar ni articular una voz de resistencia unificada se parecen al problema de la física de fines de siglo XX cuya buena parte de sus limitaciones se deben a que los modelos matemáticos que aún aplica han quedado demasiado atrás respecto de las especulaciones y avances teóricos de la física misma.

Hoy la política es más que nunca micropolítica.

Interpretar lo político con una aritmética del poder obsoleta y con una lectura subjetiva que aún “lee” los comportamientos colectivos con la lógica de mediados del siglo pasado es no poder entender la semántica del mundo civil del siglo XXI. Y el que interpreta equivocadamente, en este contexto, no sólo pierde, sino que pierde en esa misma pérdida su valiosa capacidad de enfrentar y colaborar activamente a enfrentar las manipulaciones que los poderes actuales se arrogan bajo el gastado y vaciado nombre de “democracia”, "Estado", "mayorías", "Bien común", "partidocracia alternante".

Resistir compaginando lealtades coherentes pero variadas y flexibles, consentidas y contractualizables, conforma en la actualidad un inmenso desafío político y social. Hay que repensarlo todo por fuera de las categorías del costumbrismo intelectual que tanto daño ha causado a la hora de inteligir el campo económico, cultural, psicológico, antropológico, etc.

Sin potencias afirmativas que operen como suelo nutriente de futuras transformaciones sólo nos morderemos la cola como perros rabiosos y daremos vueltas estériles alrededor de las mismas destructivas e inconducentes pasiones aliadas de la tristeza, la venganza, el resentimiento, y la muerte. Cuando no nos quede ni un falso refugio por denunciar, ninguna cueva de ladrones por señalar, ni ninguna verdad ilegítima por expropiarle a la irrealidad manipulativa actual, nos quedará por delante la obligación ética de hacer de la alegría propositiva nuestra principal estrategia de construcción cívica. No se trata de un optimismo naïve, sino de posicionarse del lado de la vida y sus fluencias no pronosticables...

La “esperanza desutópica”  no es sino la infinita posibilidad de llevar adelante una firme desobediencia reflexiva desde un suelo ético-político sustentado por una individualidad en tránsito hacia otras configuraciones más libertarias con respecto a sí misma y a los otros. 






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La insurrección que viene



La insurrección que viene





Nada de lo que se presenta está, ni de lejos, a la altura de la situación.
Incluso en su silencio, la propia población parece infinitamente más adulta
que todos los títeres que se pelean por gobernarla.”



L' insurrection qui vient” - Comité Invisible
(“La insurrección que viene” - 2007)




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jueves, 5 de enero de 2012

Plataforma 2012 Para la Recuperacion del Pensamiento Critico


Plataforma 2012
PARA LA RECUPERACIÓN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO




Escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico no es una tarea fácil. Pero es necesario y posible generar una voz colectiva que enuncie este problema y lo transforme en acto de demanda. Si algo nos define como intelectuales es pensar sobre el mundo y la sociedad en la que vivimos, poner en cuestión los problemas que nos plantea, promover el debate de ideas, intentar leer más allá de la letra manifiesta y visibilizar lo oculto, tratar de salir de la mera apariencia de los efectos para bucear en las causas que los determinan. En síntesis, sostener nuestra capacidad y conciencia crítica y manifestarla, romper el silencio, como paso imprescindible hacia un accionar colectivo y transformador.

No encontramos este ánimo en algunos trabajadores del campo de la cultura, a quienes hemos respetado y queremos seguir respetando, pero que al colocarse como voceros del gobierno han producido una metamorfosis en relación con su historia y su postura crítica.

Nos encontramos ante verdaderos escándalos de diferente naturaleza y calidad, que tienen como denominador común la impunidad en relación con las responsabilidades de quienes nos gobiernan. Y de manera paralela, asistimos a la construcción de un relato oficial, que por vía de la negación, ocultamiento o manipulación de los hechos, pretende investir de gesta épica el actual estado de cosas.

Javier Chocobar, Diego Bonefoi, Nicolás Carrasco, Sergio Cárdenas, Mariano Ferreyra, Roberto López, Mario López, Mártires López, Bernardo Salgueiro, Rosemary Chura Puña, Emilio Canavari, Ariel Farfán, Felix Reyes, Juan Velázquez, Alejandro Farfán, Cristian Ferreira. Vemos crecer la lista de los asesinados. Muertes que en su repetición no dejan de asombrarnos. Muertes que van cubriendo toda nuestra geografía. Muertes que, lejos de ser inocentes, marcan un encarnizamiento represivo que no puede ser negado ni atribuido a lejanas decisiones para desresponsabilizar al gobierno central. Ahora descubrimos que desde 1994 somos un país federal, y que por lo tanto las muertes dependen de las policías provinciales, o de los caciques locales. Curiosa apelación al federalismo, cuando es el gobierno nacional el que ejerce el centralismo unitario y decide de hecho los presupuestos provinciales, el que resuelve candidaturas, impone ministros y se abraza con los gobernadores casi al mismo tiempo de ocurridos los hechos.

Muchas de las últimas muertes están vinculadas a la carencia de tierra, y detrás de cada nombre hay una historia de vida que se remonta a la histórica lucha de los pueblos originarios contra el despojo del que han sido objeto. El proceso de concentración de la propiedad de la tierra y la soja-dependencia de los últimos ocho años son un correlato en el presente de aquel despojo, que el discurso oficial oculta.

El “relato” hegemónico pretende imponerse sobre la materialidad y el valor simbólico de estas muertes. Efectivamente, en torno a estos y muchos otros hechos se elabora un discurso oficial que construye consensos, porque aparenta dar cuenta de una serie de necesidades sociales y reivindicaciones nacionales mientras se afianza la persistencia de lo mismo que aparenta cuestionar.

Este relato disciplinador y engañoso utiliza la potencia de los recursos comunicacionales de que dispone crecientemente el gobierno para ejercer control social mediante la inducción de mecanismos alienatorios sobre las formas colectivas de la subjetividad.

Quieren aparecer como actores de una gesta contra las “corporaciones”, mientras grandes corporaciones como la Barrick Gold, Cerro Vanguardia, General Motors, las cerealeras, los bancos o las petroleras – y el propio grupo Clarín, hoy señalado como la gran corporación enemiga – han recibido enormes privilegios de este gobierno.

Quieren también aparecer como protagonistas de una histórica transformación social, mientras la brecha de la desigualdad se profundiza. Y cuando la realidad se impone sobre el “relato”, los voceros oficiales y oficiosos del gobierno sostienen que se trata de “lo que falta”. Según los intelectuales reunidos en Carta Abierta, “lo que falta” sería – más allá de las “asignaturas pendientes” que estarían dispuestos a admitir – una cuestión de “imaginación política”. Y lo que es evidencia y síntoma de lo que no sólo no se transforma sino que se profundiza sería – como en el fenómeno de las placas tectónicas - algo así como restos traumáticos del pasado en el interior de un proceso transformador, que reaparecen una y otra vez.

El contenido de la producción ideológica oficial se inscribe en una metodología. La discusión de ideas es sustituida por la descalificación del interlocutor y toda disidencia es estigmatizada. Trivialización del debate, bravata “intelectual”, sacralización de sus referentes con independencia de las acciones que producen, son sólo algunas de las modalidades en las que se expresa el intento de imponer un discurso único. Cuando desde los medios públicos se utiliza la denigración de toda voz crítica por medio de recortes de frases, repeticiones, burlas y prontuarización como procedimiento intimidatorio y se invalida a esas mismas voces cuando se expresan en otros medios, se produce una encerrona que por una u otra vía sólo promueve el silencio.

Hoy la homogeneidad discursiva empieza a estar atravesada por algunas filtraciones que la erosionan: el relato épico ha iniciado un proceso de cierto desenmascaramiento. La asociación entre derecho de huelga y extorsión o chantaje, o la justificación de la sanción de la ley antiterrorista, serían expresiones paradigmáticas de este fenómeno.

A pesar del afán disciplinador del discurso hegemónico, es nuestra responsabilidad como intelectuales y trabajadores de la cultura romper el silencio que pretende amordazar el pensamiento crítico y promover un debate transformador de los grandes problemas que plantea el presente. Es necesario. Y es posible.


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Pablo Albarello, Mirta Antonelli, Bibiana Apolonia de Brutto, Norma Barros, Héctor Bidonde, José Emilio Burucúa, Jorge Brega, Manuel Callau, Ana Candiotti, Andrés Carrasco, Nora Correas, Diana Dowek, Lucila Edelman, Sandra Franzen, Roberto Gargarella, Adriana Genta, Norma Giarracca, Liliana Helman, Eduardo Iglesias Brickles, Diana Kordon, Darío Lagos, Alba Lancillotto, Adriana Lestido, Matilde Marin, Lucrecia Martel, Gabriela Massuh, Francisco Menéndez, Luis Felipe Noe, José Miguel Onaindia, Jorge Pellegrini, Derly Prada, Mabel Ruggiero, Carlos Ruíz, Alfredo Saavedra, Guillermo Saccomano, Luis Sáez, Horacio Safons, Beatriz Sarlo, Alberto Sava, Herman Schiller, Aurora Juana Schreiber, Maristella Svampa, Nicolás Tauber Sanz, Miguel Teubal, Osvaldo Tcherkaski, Yaco Tieffenberg, Enrique Viale, Dennis Weisbrot, Patricia Zangaro, Daniel Zelaya  (y Gabi Romano).



Adhesiones a plataforma.2012@yahoo.com.ar




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viernes, 26 de agosto de 2011

Volver al futuro (o acerca de la necesidad de pensar la compulsión a la repetición histórica)





Volver al futuro
(o acerca de la necesidad de pensar la compulsión a la repetición histórica)



“El país entero está fuera de quicio, desde la capital hasta Jujuy. Las instituciones libres han desaparecido de todas partes; no hay república, no hay sistema federal, no hay gobierno representativo, no hay moralidad. La vida política se ha convertido en industria lucrativa. El Presidente de la República ha dado el ejemplo, viviendo en la holgura, haciendo la vida de los sátrapas con un menosprecio inaudito por el pueblo y con una falta de dignidad que cada día se ha hecho más irritante. Ni en Europa ni en América podía encontrarse en estos tiempos un gobierno que se le parezca; la codicia ha sido su inspiración, la corrupción ha sido su medio. Ha extraviado la conciencia de muchos hombres con las ganancias fáciles e ilícitas, ha envilecido la administración de Estado obligando a los funcionarios públicos a complacencias indebidas y ha pervertido las costumbres públicas y privadas prodigando favores que representan millones.Él mismo ha recibido propinas de cuanto hombre de negocio ha mercado en la nación, y forma parte de los sindicatos organizados para las grandes especulaciones, sin haber introducido capital ni idea propia, sino la influencia y los medios que la Constitución ponía en sus manos para la mejor administración del Estado. En cuatro años de gobierno se ha hecho millonario, y su fortuna acumulada por tan torpes medios se exhibe en bienes valiosísimos cuya adquisición se ha anunciado por la prensa. Su participación en los negocios administrativos es notoria, pública y confesada. Los presentes que ha recibido, sin noción de la delicadeza personal, suman cientos de miles de pesos y constan en escrituras públicas, porque los regalos no se han limitado a objetos de arte o de lujo; han llegado a la donación de bienes territoriales, que el pueblo ha denunciado como la remuneración de favores oficiales. Puede decirse que él ha vivido de los bienes del Estado y que se ha servido del erario públco para constituir un patrimonio propio. Su clientela le ha imitado; sujetos sin profesión, sin capital, sin industria, han esquilmado los Bancos del Estado, se han apoderado de las tierras públicas, han negociado concesiones de ferrocarriles y puertos y se han hecho pagar su influencia con cuantiosos dineros.En el orden político ha suprimido el sistema representativo hasta constituir un congreso unánime sin discrepancia de opiniones, en el que únicamente se discute el modo de caracterizar mejor la adhesión personal, la sumisión y la obediencia pasiva. El régimen federativo ha sido escarnecido; los gobernadores de provincia, salvo rara excepción, son sus lugartenientes; se eligen, mandan, administran y se suceden según su antojo: rendidos a su capricho.”





Manifiesto de la Junta Revolucionaria (*) de Julio de 1890




(*) Se trata del alzamiento producido en Buenos Aires contra el unicato del Presidente Juárez Celman. La Junta Revolucionaria emitió, en aquel entonces, este manifiesto del cual el fragmento anterior forma parte explicando los motivos políticos de aquella insurgencia civil armada.



(Lecciones de la historia... un posible antídoto para revertir cierta enfermiza y ciega compulsión a la repetición.)
 
 
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martes, 26 de julio de 2011

Los atentados en Noruega: Europa y los nuevos “Templarios”



Los atentados en Noruega:
Europa y los nuevos “Templarios




Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan.
(…)
Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia. Me gustan los héroes y los santos.
Me gustan los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo.
El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico
es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte.
Por eso soy fanática.
(…)
El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas.”

Eva Duarte de Perón
Del libro “Mi mensaje
(último escrito de Evita, del año 1952)





-Lo que no puedo

Me siento distante de cualquier forma de fanatismo de ideas.
No soy seguidora. Ni creyente. Ni redentora. Ni salvacionista ni nadie.
Soy pésima recitando, peor aún repitiendo "a pie juntillas”, incapaz estructural de invocar nada con solemnidades y posturas vacuas.
No creo que para vencer a la muerte haya que sembrar más odio y más muerte.
Tampoco soy una pacifista ingenua. La violencia es inherente al bicho humano, pero también es inherente a él la capacidad razonante y racional para controlar la hostilidad y contener sus impulsos aniquiladores a los fines de coexistir entre pares. La agresión es justificable en el marco de la legítima defensa, el resto es gusto primitivo por la violencia, sinrazón de la maldad a diversa escala.
No considero que los mártires constituyan ejemplos para un mejor vivir.
No soy una fanática política ni religiosa. Nunca lo he sido ni lo podré ser. Mis hélices de ADN no han traído ese gen de la “creencia-que-no-ha-de-ser-cuestionada”.
No creo que ningún héroe haya sido ni pueda ser un santo.
Ni creo que ningún santo haya sido ni pueda ser un héroe.
Tampoco creo que la fuerza para ganar esas mil y un batallas con las que el andar nos va desafiando en su misterioso devenir, nos la dé ningún Ser, ningún libro, ninguna entidad suprasensible. Para seguir de pie y mantenernos en camino, somos nosotros mismos y eventualmente la fuente de efectos alegres y ascendentes de los cuales consigamos rodearnos (llámense amigos/as, amores, amantes, hijos/as, maestros/as, colegas, socios, familia, compañeros/as) los que en su sumatoria positiva nos darán la oportuna fuerza para salir de los baches y pozos en que a veces uno se resbala, cae, se pierde cada tanto.



-Héroes, no santos

Sin embargo, y pese a lo anterior creo en el heroísmo "a la antigua". A lo Heracles, a lo Aquiles, a lo Ulises...

También en los buenos actos heroicos que se cosechan mucho más tarde como ejemplo social y cultural por las generaciones venideras.

Los héroes, no son inmaculados ni impolutos. Pero la imaginería social demanda de ellos algunos requisitos específicos. El más exigente y crucial es que el héroe tenga un cierto grado de armonía entre sus objetivos a largo plazo, su estilo de vida y los propósitos de su legado. Se sabe que no se puede exigir de los héroes  una completa y total coherencia entre estos tres ejes, pero sí que al menos representen el máximo esfuerzo por dar con ese ethos coherente (digamos que a predominio) cuando examinemos su vida y sus actos.

Los héroes no pueden de ninguna manera ser considerados como santos. Esa imposibilidad para la "santidad” los hace ser apenas nada más que eso: héroes (nada más... y nada menos!).
En los auténticos relatos heroicos los sujetos que los protagonizan están presionados por innumerables desafíos a los que deben responder, puestas a prueba. Y desde luego que estas pruebas son enfrentadas desde la complejidad de sus contradicciones internas, sus conflictos irresueltos, sus paradojas, marcas todas ellas de humanísima celebrable impureza.
No siempre los héroes son claros ni mucho menos inocentes. La santidad -si tal estado virtuoso fuera siquiera aproximable por un humano- está así bien lejos de la imago social que asociamos a la heroicidad.



-La armonía entre vida-obra-discurso

El mejor y más acabado ejemplo de vida heroica ha sido, al menos desde mis predilecciones tempranas, el homérico Ulises.

Ulises resume en sí al hombre desafiante de los dioses, individuo dueño de sí, ejemplo de coraje, hábil y justo para gobernar a los suyos, querido en su tierra, honrado, inteligente, verdadero. Héroe armónico entre vida-obra-discurso. Aún tentado por el deseo sigue siendo firme e inclaudicable en lo que hace a su objetivo final: volver a su reino, a su Itaka donde era recordado por su gente como buen monarca, a abrazar a su querida esposa Penélope, a ser padre presente de su añorado hijo Telémaco.
Al pobre Ulises le pasará toda una Odisea hasta alcanzar su noble objetivo. Se templará en ese “en medio”, como un metal expuesto a las más altas exigencias. Tendrá que luchar, triunfar, zozobrar, mantenerse a flote entre las ruinas a que quedó reducida por los temporales de su existencia su antes gloriosa vida. Deberá comprender el justo medio entre humildad y orgullo.

Tendrá que controlar sus impulsos y cultivar el arte de la espera, incluso cuando diez años después retorne a su isla y se salga de la vaina por pasar por la espada a todos los que lo traicionaron deberá seguir esperando y hallar el exacto kairós -tiempo oportuno y lugar preciso- para atravesar con todas sus lanzas a los buitres de sus enemigos.
Ulises es un héroe porque es honesto, noble, magnánimo y valiente.
Pero por sobre todo, porque ha aprendido a aprender. Dolorosamente. En el exilio. En la soledad. En la desesperación. En la distancia.
Un héroe que se ha forjado a sí mismo desde siempre y para siempre.



-En las antípodas del héroe... el fanático

Jamás un fanático puede reunir las condiciones subjetivas que enunciábamos someramente como propias de la heroicidad para, alguna vez, tornarse en héroe.

Héroe y fanático son figuras ético-políticas excluyentes una de la otra.

Lamentablemente la afirmación anterior no logra evitar que, en ciertos discursos bizarros, los cultivadores del odio y el resentido desprecio aspiren a autodenominar ciertos actos de ciertos nefastos personajes como “heroicos”. O peor aún, se los pretenda consagrar como “héroes” por sus adulones pares, por sus ciegos simpatizantes, o por sus eventuales fieles seguidores.

El fanatismo es enemigo de la dinámica de la verdad.



-La masacre de Noruega y el fanatismo cristiano

Hace unos pocos días atrás un fundamentalista cristiano, Anders Behring Breivik, perpetró dos atentados en Noruega, uno de los pocos países relativamente considerado bajo el adjetivo de "pacífico".
El primer atentado, con un coche bomba con 500 kg. de explosivo que hizo detonar en un edificio gubernamental de Oslo, dejando como saldo 9 muertos y decenas de heridos.
El segundo -a pocas horas del primero- abriendo fuego con balas expansivas (un tipo de proyectil prohibido desde 1899 y por la Convención de Ginebra puesto que causa gravísimos daños internos a quien recibe los disparos dado que las balas explotan dentro del cuerpo de la víctima) y desatando una masacre que costó la vida a 84 jóvenes cuyas edades iban de los 13 a los 25 años y que participaban de un campamento político del partido Laborista en la isla de Utoya. A cada uno de los asesinados le dio dos disparos para asegurarse su muerte. Los heridos con las tremendas balas expansivas llegan al centenar.

Según algunos datos informados por los medios y los investigadores de esta cacería atroz, el asesino era miembro activo de la “Orden de los Templarios”, una organización secreta que sólo en Noruega congrega a casi 20.000 adherentes. Como todo detentador de verdades inconmovibles, el “Cruzado” Breivik escribió tiempo atrás su propio "Manifiesto": 1500 páginas que publicó en su página bajo la cruz que simboliza a los Templarios.

En tal Manifiesto, el asesino declara la “guerra a sangre” a inmigrantes y marxistas. Asimismo trata de postularse como “inspiración” para otros, llamando a los conservadores a ir al martirio en pos de erradicar el marxismo cultural (sic), y de detener el avance del Islam al cual identifica como consecuencia del multiculturalismo de Estados de “mano blanda” que en toda Europa ha permitido el ingreso masivo de inmigrantes de países árabes.

Un fanático, esta vez blanco, occidental, cristiano e islamófobo.

Breivik no es un héroe. Es un fanático. Un fanático religioso con objetivos político-sociales. Sus "razones" podrán o no ser discutibles, podrán o no coincidir algo o nada con nuestros mapas de ideas, pero seguirá siendo un fanático agresivo y peligroso.
Uno que activó hasta las últimas consecuencias su odio cargado de "principios y razones" que, en última instancia, dejan de ser tales bajo la resignificación que ofrece la carnicería humana en que convirtió a Oslo y a la isla de Utoya.
No hay valor ni coraje cuando se mata a quien no sólo está desarmado sino definitivamente por fuera de un campo de batalla.
El coraje y el valor heroico, en todo caso, han de demostrarse cuando se lucha contra enemigos que aceptan la contienda del enfrentamiento armado y se involucran en ello a sabiendas de que la muerte es la moneda que retorna como paga en el campo de guerra.
Ningún niño ni ningún joven en Utoya estaba armado. Menos aún estaban anoticiados de que serían masacrados por un enemigo vengativo y desorbitado de su propia "raza".



-Muerte en nombre de Alá, muerte en nombre de Dios

No hay ningún tipo de heroicidad reconocible en Breivik. como tampoco es reconocible ninguna heroicidad en el egipcio Mohamed Atta, artífice de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York.
En estos criminales hay fanatismo religioso, liso y llano. Sumado a este factor común hay locura personal y deseos de revancha completamente mal dirigidos, inmundamente metodologizados, injustamente concretados. 
Esta vez ha sido un muchacho noruego, rubio, de tez blanca que rezará por las noches y poseerá una apariencia "normal" (o sea, occidental y superficialmente no sospechable de maldad alguna). Pero en su acto es imposible ver otra cosa ue no sea la insanía extrema del fanatismo, por más que el "devolver honor de su patria" haya estado en el enunciado de las razones de su actuar.
Breivik mató en nombre de su bandera.
En nombre de su patria.
En nombre de su nación.
Y una vez más bandera, patria, nación y Estado se confabulan con la locura personal para justificar una masacre brutal.
Breivik buscó realizar el principio de su deseo en esa matanza: castigar la suelta liviandad migratoria de los Estados europeos. Lo hizo con este llamado de atención atroz y desesperado cuya perversa esperanza es provocar una escalada de nacionalismos racistas en el viejo continente. Tiemblo de sólo pensar que, más allá de que al parecer haya actuado sólo, no esté sólo en el deseo de desear este deseo racista.

Habrá muchos europeos deseando los deseos de Breivik? La respuesta incierta da escozor...

Una cosa va quedando en claro: el monopolio terrorista ha dejado de ser exclusivo de los hombres barbados de largas túnicas que miran a La Meca y adoran a Alá. 
Es importante de ahora en más, dejar de suponer -con esa cerrazón habitualmente aceptada desde hace algunos años- que el terrorismo es uno sólo. 
El terrorismo no es unívoco. Y el primer terrorismo que peligrosamente hemos aceptado es el que emana del monopolio de la fuerza del Estado. Si hemos aceptado como "natural" la disposición agresiva de la fuerza por parte del Estado, estamos metidos en una trampa lógico-política riesgosa.
Lamentablemente el terrorismo es como la mitológica Hydra: multicéfalo. 

Y una vez más, las muertes masivas en nombre de la Verdad revelada, en nombre de la sagrada Nación... otras verdades, no las recitadas desde el Corán en esta ocasión sino desde la biblia estatista, desde los evangelios nazcionalistas, desde los profetas de la pureza patriótica.



-Quiénes han sido los famosos "Templarios"

Por qué Breivik hace mención a los “Templarios”? Quiénes fueron los “Templiers”?

Los Templarios, cuyo símbolo fue una cruz roja sobre un manto blanco, fueron los miembros de una de las más importantes Ordenes Militares Cristianas que legitimó el uso de las armas, la fuerza y la muerte para “luchar contra el infiel” y dar soporte a la Iglesia jurando estricto acatamiento a ésta.
Aparecieron a principios del siglo XII y se encontraban estrechamente vinculados a las prácticas e ideas de Las Cruzadas. La misma iglesia católica aprobó oficialmente a esta famosa Orden cuyos miembros no combatientes se ocuparon eficazmente de gestionar frondosos fondos para diseminarse y mantenerse en toda Europa (llegaron a expandirse por lo que hoy es Alemania, Reino Unido, Francia, Portugal, Hungría y España).

En 1220 era la organización más grande del violento mundo medieval occidental con más de 30.000 miembros, cincuenta fortalezas y castillos distribuidos entre Europa y Oriente, y hasta una flota propia anclada en dos puertos también propios en Marsella y La Rochelle.
Su negocio más lucrativo (!!!) fue la comercialización de reliquias (!!!): sobre todo un supuesto óleo milagroso (!!!) que fraccionaban en pequeños frascos y fragmentos de la -supuesta(!!!!)- cruz en la que habrían crucificado a Jesús.

Se los consideraba como “soldados de Dios” y “mártires de la fe”. La Europa de los cruzados no fue un lugar que "apreciara" ni a los escépticos, ni a los cuestionadores, ni a los hombres de ciencia, ni a los disidentes: tierra de creencias indiscutibles, mundo de reinas, reyes y reinados, tiempo de intolerancia radicalizada, como bien puede apreciarse.

Ya a inicios del siglo XIV fueron perdiendo legitimidad, comenzando su disolución y dispersión. De hecho muchos fueron detenidos, otros fueron sometidos a procesos por acusaciones que iban desde la sodomía, la práctica de ritos heréticos hasta espeluznantes crímenes, y obviamemente no faltó la mano rápida que les confiscó el suculento tesoro que había acumulado la Orden entre sus negocios y sus saqueos.



-Los nuevos Templarios del siglo XXI ?!

Siete siglos luego de la disolución de los medievales “Templarios”, este muchacho noruego de 32 años parece haber estado muy dispuesto a reavivar sangrientas metodologías y acomodar aquellos ideales medievalistas a “objetivos” más caros a nuestra problemática contemporaneidad:
-limpiar Europa de la impiedad musulmana;
-eliminar las políticas multiculturalistas;
-barrer con las consecuencias del materialismo marxista.

El odio a la extranjería, la democracia como ideal cívico no sólo impugnable sino completamente equivocado, la otredad vista y sentida como “amenaza a aniquilar”, la nación como una pureza metafísica a preservar, todo esto guió el irascible gatillo de este nuevo Templario dispuesto a sacar sus armas y enarbolar su encarnizamiento como principios correctores de un socius en decadencia.

Desde hace tiempo pienso en las evoluciones, involuciones y transfiguraciones que se han dado entre los viejos y los nuevos temores europeos. Durante la Guerra Fría el temor mayor fue el riesgo que implicaban las armas nucleares desarrolladas por EEUU y URSS (un estornudo de algún jerarca de uno de los bandos podía terminar con todos pulverizados). Bastaba que se tocara el mítico “botón rojo” para que las dos potencias desataran una lluvia letal de misiles una contra la otra. Luego vino el respiro del desarme.
Hoy los temores, lejos de haberse calmado han transmutado en nuevos miedos.

Uno, al islamismo fundamentalista y su fanática locura de muerte que tiene ya una larga lista de atentados en Europa y fuera de ella: desde los atletas muertos en Munich en el '72 (el llamado “Septiembre negro”), pasando por el infierno de los 2792 muertos y 2337 heridos en los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en EEUU en 2001, 191 muertos y 1463 heridos en trece explosiones en los trenes en cercanías de Madrid en 2004, 56 muertos y más de 700 heridos en 4 explosiones en tres trenes y un autobús en Londres en 2005.

Miles de muertos en nombre de Alá.

Y ahora qué?
Es que ha llegado la hora de los nuevos Templarios y de su mano se abre fuego vengativo en nombre de la cruz y la pureza nacional?
Ahora llegarán los muertos en nombre del dios cristiano engarzado en la religión estatista? No alcanza con las muertes propiciadas por el fanático de Bush en Irak, con las guerras "en nombre de la sagrada democracia"?
Cuánto más conteo de cadáveres tendremos que acumular en nombre de los dioses religiosos y/o seculares?

Será que en este siglo XXI, tan marcado por los odios interreligiosos, se ha abierto un capítulo nuevo en la historia de los atentados fanatistas?
Ha abierto el demente de Breivik una nueva página temible en la historia del terrorismo europeo, esta vez con actos llevados adelante por una mente no sólo criminal sino islamofóbica de alguien que dice desear dar un escarmiento de magnitud a los gobiernos que han abierto sus fronteras? Cómo debatir en este contexto lo debatible y a la vez no caer en la locura de la limpieza racista?



-Contra toda forma de fanatismo 

Mi últimas dos preguntas más irrespondibles e irrespirables son:

-Cuántos más terroristas blancos, salidos del ala purista de un Estado y de su sociedad, podrían llegar a tomar el ejemplo de lo sucedido en Noruega y dar lugar a una lenta escalada que seguiría escribiendo con sangre inocente (como casi siempre sucede, por otra parte) el curso de aconteres de este siglo XXI?

-Es Anders Behring Breivik un caso “aislado” de pasaje al acto de una personalidad asesina que ha encontrado en las tensiones entre tolerancia/intolerancia, inmigración/restricción, multicultura/raza, los otros/ellos una excusa para su hambre de muerte y “Verdad”? Después de todo, entre sus argumentos no psicóticos ni delirantes, el joven noruego ha dicho que su acto ha sido “atroz pero necesario”

No está a mi alcance, tristemente, poder responder a ninguna de estas preguntas.

Sí está a mi alcance denunciar, seguir denunciando, la locura inconducente a que llevan las múltiples formas de fanatismo.

Digámoslo una vez más: no hay heroísmo en el fanátismo.
En parte, porque cualquier modo de imposición de creencias (sean estas políticas, religiosas, ideológicas) es de por sí ya una forma de atentado a la libertad personal de disentir, expresarse y construir la propia vida.
El fanatismo es voraz:  se dirige sin miramientos a quienes pretende “cautivar” desde una discursividad ávida de fidelidades cristalizadas y lealtades molares.
Se trata de estar "o con nosotros o en nuestra contra". Viejo juego de exclusiones diyuntivas del us or them.
El costo de adherir y pretender imponer cualquier forma de pensamiento “único” se paga con la pérdida de la construcción de la verdad. Y en el peor de los casos, con la vida.
El fanático, lejos de cultivar la libertad, es en sí mismo un cautivo lamiendo las rejas de una estrecha jaula que, sin embargo, no logra ver.

No hay heroísmo en el fanatismo.
Ni verdades auténticas que puedan salir de boca de un fanático.
Ni capacidad para escuchar con miras a hallar complejos, pero realistas, modo de convivencia tolerantes.

No conozco mucha gente que desee que estallen más mártires en pedazos provocando más pilas de cuerpos muertos de ciudadanos y ciudadanas inocentes.
Sé que no son pocos los que quieren menos bombas, menos balas.

Breivik es un fanático probablemente aislado (aunque con el ya de por sí soporte de "su" partido conservador de ultraderecha y "su" sociedad pro-medieval), pero lo que inquieta de él es que representa un sentimiento ya disperso en Europa y EEUU desde hace tiempo. Y si se ha autoproclamado nuevo “Templario” es porque sabe que muchos silenciosos, en distintos países y ciudades del planeta, encuentran algo legitimable en sus razones nazcionalistas que dice sostener en el fondo de su plan de limpieza.

No dejemos que la insanía nos colonice. Ya lo hizo en muchos momentos distintos de nuestra historia. 
No dejemos que acciones propias de una alarmante neo-Edad Media nos lleve a retrocesos peligrosísimos que terminan imponiéndo el ritmo perverso a nuestra existencia en un siglo XXI que debería ser más libertario y menos enfermo de lo que es.

El mensaje de advertencia de todo este desastre parece dirigirse a todos/as. Pero sobre todo debería llevar al menos a nuestros necios/as gobernantes a reflexionar sobre sus propios "terrorismos" (a veces invisibles) y revisar los visos fanatistas (o protofanatistas) que exudan preocupantemente su diatribas políticas.



-Las heroicas verdades compositivas

Algo inmendiato puede extraerse como lección de esta innecesaria y absurda masacre en Noruega:


No al fanatismo.

Sí al retorno a la buena, justa y perdida heroicidad.

No a las cegueras que temen el valor de poner en duda.

Sí al valor de la crítica ciudadana,
la única realmente capaz de trazar verdades cívicas compositivas
aunque incomoden y exijan desarmar mapas mentales cuadriculados.
No a las creencias.
No a ninguna muerte más en nombre de ningún dios.
No a la religión política.
No a los peligros derivados del credo estatista.
 
Sí a la esperanza de decir más y mejores verdades
que nos ayuden a vivir mejor entre diversas culturas,
no a morir peor unos contra otros.
 
 
 
 
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