martes, 15 de marzo de 2011

Spider(wo)men





"Estamos en nuestra tela como la araña
y sólo podemos atrapar con ella justo aquello que se deja enredar en nuestra tela "



Friedrich Nietzsche
"Aurora"


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jueves, 13 de enero de 2011

Fernando Pessoa - Los viajes son los viajeros


 

 

 

"La vida es lo que hacemos de ella.

Los viajes son los viajeros.

Lo que vemos

no es lo que vemos, sino lo que somos."

 

 

 

 

Fernando Pessoa

("Libro del Desasosiego" - Heterónimo Bernardo Soares)

 

 

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martes, 11 de enero de 2011

Marilyn Monroe: como una telaraña al viento...




"Vida
soy de tus dos direcciones
de algún modo permaneciendo colgada hacia abajo
casi siempre
pero fuerte como una telaraña al
                                                   viento..."



Marilyn Monroe







(Extraído de “Marilyn Monroe - Fragmentos y fragancias”, Seix Barral ed.)


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martes, 4 de enero de 2011

La humana materia del arte de vivir - Epicteto


La humana materia del arte de vivir




"Pues del mismo modo en que
el material del carpintero es la madera,
y el del escultor el bronce,
en el arte de vivir
es la propia vida de cada uno."




Epicteto
Filósofo estoico griego
(Hierápolis, 55 – Nicópolis, 135)






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Presidencialismo mediático (el “decir impune” de la democracia emocional)




Presidencialismo mediático 
(el “decir impune” de la democracia emocional)






“Encontramos que cada vez tenemos más presidencialismo y menos Estado; que asistimos al gobierno comunicador obsesionado por lo mediático como estrategia política para dominar el mercado de la opinión pública, y que por eso asistimos a una batalla comunicativa por el relato de la historia y por la hegemonía política. Gobernar es, entonces, ganar la batalla de la información (…) la producción de presidentes hipermediáticos que son más entretenedores que estadistas, celebrities que políticos, que se están acostumbrando al “decir impune” como explica Adriana Amado, y que están creando un nuevo formato televisivo llamado gobernar-en-pantalla como un gesto o simulacro de transparencia y de estar con el pueblo. (…) Este doble juego comunicativo y político de los presidentes y de los medios de comunicación ha llevado a que estemos vivenciando en Latinoamérica gobiernos que ganan popularidad “simulando” ser periodistas (controlando el relato del poder), gobernando desde la lógica de la confrontación (lógica de la ficción), convirtiendo a los ciudadanos en espectadores de su espectáculo mediático que en las encuestas votan por ellos. La gran mutación de nuestra democracia/política/mediática es que ya no nos regimos por lo argumentativo/racional/institucional/ilustrado… nos comportamos/explicamos mejor desde la lógica de la telenovela y el melodrama que desde la argumentación política: menos opinión pública argumentativa, más democracia emocional, espectacular y entretenida y amorosa. El asunto es que los presidentes quieren que los quieran y lo están haciendo bien según la popularidad en las encuestas…”





Omar Rincón
Fragmento de “La obsesión por que nos amen – Crisis del periodismo / éxito de los telepresidentes” 
Prólogo del libro “La palabra empeñada”. Adriana Amado ed., Fundación Friedrich Ebert, 1era edición, Bs. As., 2010.


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jueves, 23 de diciembre de 2010

jueves, 16 de diciembre de 2010

Fundamentalismo democrático - Salvador Suniaga



Fundamentalismo democrático

Por Salvador Suniaga

 


       En primer lugar, me excuso ante el Dr. Gustavo Bueno por hacer del título de mi artículo un homónimo del título de su más reciente libro, libro que no tenido el honor de leer. Sin embargo, creo necesario tomar tal atrevimiento en vista de que la frase “fundamentalismo democrático” resume en buena medida el núcleo de mi crítica siguiente.


Siempre he estado en contra del dogmatismo por ser éste la herramienta principal de toda ceguera intelectual y de todo estancamiento progresista. Para mi pesar, en el mundo que actualmente nos compete, presencio una atmósfera justamente dogmática referente a lo que son los sistemas democráticos. En el contexto político, se sacraliza la democracia sobre todas las cosas, y si bien reconozco que dicho sistema es una victoria tangible en cuanto al respeto de los individuos, muy bien existe la posibilidad de creer y caer en que no pueda elucubrarse algo mejor.


La democracia se hace valer a sí misma partiendo del hecho de que es la voluntad colectiva la que elige a sus representantes. Esto, que constituye su mayor virtud, como si se tratase de un concepto taoísta, constituye a la vez su mayor defecto. Y ese defecto tiene nombre y apellido: Argumentum ad populum.


El argumentum ad populum es una falacia lógica en la cual se juzga la veracidad de una proposición o de un razonamiento en función de la cantidad de personas que la apoyen o la desacrediten. En pocas palabras, el razonamiento se cree válido no porque sea cierto, sino porque es popular.


En vista de ello, muy bien valdría la pena destacar que para sociedades de pobre nivel educativo, la democracia no constituye la mejor solución. De hecho, son estos ciudadanos los más propensos a las demagogias y populismos por parte de los políticos. Si estos políticos llegan a los cargos anhelados, conocedores (como lo son) de la relación directa entre la ignorancia y el poder, desdeñarán adrede el incentivo por la cultura para que su demagogia y populismo siga cobrando igual o mayor efecto; todo ello para extender lo mayor posible los beneficios que sus cargos les confieren.


Sólo un pueblo ilustrado podría ejercer una democracia que, si bien incurre inevitablemente en el argumentum ad populum, reduciría el margen de error de dicha falacia. Existirían pues más probabilidades de que la verdad de la mayoría sea la verdad de la razón.


En otro aspecto, pareciera que la densidad demográfica influye notoriamente en la estabilidad democrática de un país. Por curioso que luzca la afirmación anterior, ya Voltaire había dicho que “la democracia sólo parece adecuada para países muy pequeños”. Y es que al momento de elegir representantes, siempre habrá una minoría técnica que no se verá complacida con los resultados.


Entonces tenemos, por ejemplo, que una decisión democrática tomada entre 10 personas no es equivalente a una decisión democrática tomada entre 100 millones de personas. En este caso, suponiendo una mayoría del 60% en ambas decisiones, se tendría como resultado un 40% de personas no representadas. El 40% de 10 personas son apenas 4 individuos, pero en una población de 100 millones, son 40 millones lo no representados.


A todas luces se ve que en densidades demográficas altas, la proporción de no representados es alta también, lo cual constituye una probable y potencial fuente de conflictos para el desarrollo democrático. Sin embargo es importante aclarar que toda oposición debe existir para que la democracia tenga efecto. Lo que trato de ilustrar es la dificultad inherente de negociar con la gran variedad de necesidades e ideas que pudiese tener una oposición de alta densidad demográfica.


La democracia, específicamente en el momento de ejercer la elección, toma como axioma el hecho de que “todos somos iguales”. Esto, desde mi punto de vista, incurre en el error típico de las doctrinas igualitarias impregnadas de Cristianismo y de Romanticismo del siglo XIX.


A pesar de que creo necesaria una igualdad de oportunidades, me parece evidente en la praxis, y lejos de toda idealización, que todos los individuos de la naturaleza son únicos, y por ende diferentes. Siendo todos distintos, distintos serán entonces sus talentos y defectos, sus habilidades y limitaciones.


¿Es responsable entonces que todos los individuos de una sociedad tengan el mismo “poder de voto”? El gobierno de un pueblo, me parece, es un asunto demasiado serio como para ser influenciado de igual forma por el común denominador de las personas. Si para que un ingeniero sea reconocido como tal hace falta que el mismo sea evaluado por organismos académicos y profesionales pertinentes y expertos en ingeniería, ¿cómo puede ser posible que para elegir un presidente sólo sea necesario ser mayor de edad?


No se trata, aclaro, de excluir a cierta parte de la población de su derecho a elegir representantes. Se trata en todo caso de mantener ese derecho con una cuota merecida de responsabilidad. El presidente de una nación, que debería reunir una serie de requisitos sociales y habilidades diplomáticas, económicas y políticas, no puede ser visto con el mismo ojo crítico por todas las personas de todas las áreas y todas las edades. Es bastante factible que un joven de 18 años no tenga la pericia analítica de un adulto de 30 años, así como un nutricionista, por ejemplo, no pudiera tener la misma visión que un politólogo, o una persona analfabeta en comparación con una persona ilustrada.


Repito, es de mi anuencia que todos voten. Pero no es de mi simpatía que el voto valga igual para todos. Todos valemos, pero que cada uno sea líder en lo suyo.


Algo relativamente novedoso son los sistemas de neo-totalitarismo. Dichos sistemas se mimetizan hábilmente bajo los esquemas democráticos y bajo el fundamentalismo ciego de éstos últimos. Paulatinamente las personas pierden sus libertades, se les reduce su poder de expresión y de decisión. Bajo la excusa de ser constitucional, un estado neo-totalitarista roza los límites mismos de la legalidad para asirse con el poder de las instituciones, centralizando todo en una élite que gobierna.


Los organismos que velan por la democracia a nivel internacional, supremamente miopes ante la realidad y más apegados, empero, a los dogmas electorales y constitucionales, son prácticamente inútiles ante estas estratagemas totalitarias. La población queda indefensa entonces ante toda injusticia, sólo por culpa de una franca falta de análisis ante el hecho de que las democracias no pueden ser sacralizadas: tienen defectos.


Los antiguos griegos ya sabían de dichas fallas democráticas, e incluso proponían sistemas, a mi saber, mucho mejores, como la noocracia o como la demarquía. Os invito pues al análisis de los mismos como sistemas de gobierno que pueden superar la funcionalidad de la democracia.


Y de ser mejores, no por ello dejarán de ser imperfectos. No a los dogmas.






Artículo publicado el 9 de Julio de 2010
En el blog “Aforismos Clarividentes” 
http://lecorvomecanique.blogspot.com/2010/07/fundamentalismo-democratico.html



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Sedaciones masivas






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miércoles, 15 de diciembre de 2010

El cuerpo escriba


El cuerpo escriba



“Descubrir que escribir se hace en parte con el cuerpo, tranquiliza.”


 Mauricio Kartún
En “Cómo construir y deconstruir una obra


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Saber no saber

 
Saber no saber





“He perdido la comodidad de la ignorancia.”
Michael Allred




Eventualmente en determinado momento de la vida también se torna imprescindible adquirir la tolerancia y habilidad de aprender a no entender, de "saber no saber".


Una demora en el entendimiento de lo que acontece no es una claudicante aceptación de la ignorancia ni un des-entender. Tampoco es una renuncia a la intelección ni mucho menos al conocer. En todo caso involucra al acto de dudar en la medida en que es la radicalización de una duda, o de una serie de ellas. Entender no es asunto apto para seguidores, ni para fieles.
Entender  (desde una perspectiva radical de lo que implica una real intelección) es en cierto modo romper. Desordenar, para hacer lugar. Mover en el tablero la "casilla vacía" de la que hablaba Deleuze. Quebrar un orden previo a fin de crear espacio simbólico para que emerja algo impensado hasta ese momento.


Justamente soportar la demora que a veces conlleva juntar las piezas del aparente sinsentido hasta que el misterio o lo dubitativo se disipen, es trabajar sobre sí mismo en el arte de sostenerse enmedio de dos sentidos: ni aquello que llega libreteado por los usos y costumbres de nuestras significaciones más aceitadas, ni un saber nuevo del que aún no saboreamos siquiera su mínima posibilidad. 

Y a veces ese "enmedio" es, por la misma tensión indisipable que hay entre lo viejo y lo inllegado, un tiempo de contacto con el vacío. Lo cual es en cierta medida, una traición, una deslealtad a nuestro creer previo, a nuestro saber anterior. Entender es una ruptura. Pero una ruptura tal que abre una grieta, hace  nacer un inquietante vacío. Antes de que un nuevo sentido se produzca, lo primero que adviene es la angustia ante la nada del sinsentido.
Horror vacui que nos envuelve mientras tratamos de dar con la resbalosa construcción de un “entender” que no se deje seducir ni por el falso atajo del dogma, ni por las frases remanidas, ni por las desgastadas y desgastantes cantinelas que nos canta la voz de sirena de nuestro narcisismo cognitivo impermeable a la crítica.
Quizá porque el vacío y la nada se infiltran en el proceso de entender/saber  es que se suele confundir equivocadamente "entender" con algo que apenas es una obturación de la angustiante vaciedad  con sentidos ya conocidos, pero  remixados. "Entender" dista mucho de la simple tarea casi diaria y automática de "taponar vacíos" con significaciones recicladas. Entender, disponerse a entender seriamente, exhaustivamente, es prácticamente lo contrario: es intensificar aún más la anchura de un sinsentido.


"No entender", ese saber no saber, es una experiencia desértica. 
Incluso, una vivencia en la que se siente ir atravesando propiamente una tormenta en el desierto.


Beduinos del sentido, no nos resulta grato demorarnos a caminar sobre montañas de arena. Las plantas de los pies queman. La sed por llegar nos vuelve roedores de la impaciencia y mordemos cualquier queso, o metemos la cabeza en casi cualquier tentadora trampa.
Como sea, la hechicera prisa nos empuja a comprar el cobijo de algún espejismo,  el que sea. Aunque generalmente se comprueba que solemos comprar  bajo grandes costos los espejismos más confortables y más reconfortantes, los mejor conocidos por cada uno. En una palabra,  buscamos refugio en los espejismos más familiares. Estos suelen ser asimismo, y para nada casualmente, los espejismos más enfermizos y trágicamente... también los más amados!
Pocos son los seres indóciles que se atreven a ser nómades de sus cuentos más amorosamente abrazados! Dejar de venerar los propios espejismos es impulsarse a salir al cruce de la nada mientras  se va en busca de esa auténtica quimera en que consiste hallar un radical “entender”.    


Quien tiene el coraje de anhelar entender debe primeramente darse -más precisamente, otorgarse- el don del tiempo.
Entender es, ante todo, un saber germinado en las esperas.
Aprender a disponer honestamente y frente a sí mismo las piezas confusas de aquello que no-se-sabe… o no se quiere saber.

Luego, entrenar la mirada en el desorden. Sin manotear coartadas. Sin escabullirse por los variados pasadizos que oferta el infernum de las evasiones ni los anaqueles de las ensoñadas mentiras colectivas tan narcotizantes prometedoras de paraísos humanos, como falaces.

Estarse solo. Solo. Lamerse en soledad.
Aceptar que se está solo, aún acompañado-rodeado-gregarizado-emparejado-socializado.
Saberse singularmente asolado. Ser solo.
Ser-para-sí que se sabe en camino, siempre haciéndo-se.
Y amansar en esa soledad meditativa,  pero con vigoroso sosiego, cualquier inquietud desestabilizante que asome trás la ventana de ciertas dudas, o bajo el manto de determinadas preguntas y sus agujeros.


Pensar acerca de sí mismo y de lo que nos rodea es un proceso requiriente de paciencia.
Ser más araña es aprender a ser menos presa.


Esa espera que nos funde (sí, nos funde, pues dependiendo del asunto que nos afecte,puede que la demora del entender nos "funda", nos consuma literalmente casi toda la energía disponible) hasta hacernos poco distinguibles con la ininteligible urdimbre de significados que no llegan entre ellos a armar un transparente “entender”.
Todo este proceso requiere cultivar la tolerancia transitoria al insaber.

Saber entender(-se)  incluye inexcusablemente atravesar  transitoriamente la desértica paradoja de aprender a no entender. Por momentos, no entender al otro. Por momentos, no entender aconteceres. Por momentos, no entenderse siquiera a uno mismo. Por momentos, romper todas las brújulas y aceptar esa vacuidad de no entender prácticamente n-a-d-a. Nada.


Saber ser es dar descalzos pasos sobre una cuerda en discontinua tensión entre lo insabido y lo porsaber… pero cuidándonos de dejar caer al abismo, en cuanto se pueda, la esclavizante bolsa de piedras de lo que inútilmente creemos o creíamos saber.

Saber es saber ser.
Saber ser es poder ser: poder apropiarse lo más plenamente posible de la potencia de ser. Y esa apropiación de la propia fuerza expansiva requiere, de manera inevitable,  aliviarse del lastre de ciertos pesos mortificantes vestidos bajo la forma de semisagradas creencias, esclerosadas verdades más hijas de la ciega repetición que de la imperfecta razón.
Nuestros saberes degradados coinciden, en lo envejecido de su osamenta y en su tristísima  pátina de momificación, con el estado del mortecino nicho interior en que alguna vez resolvimos miedosa o estúpidamente sepultar nuestro otrora radiante deseo de desear.


Tenemos la edad de los mundos que nos atrevemos a inventar.


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