sábado, 14 de noviembre de 2009

La transgresión, el transgresor y la lógica de los valores dominantes


La transgresión, el transgresor y la lógica de los valores dominantes


Ahora bien,
una profanación en un mundo que ya no reconoce sentido positivo a lo sagrado,
no es poco más o menos lo que se podria llamar transgresión?


"Prefacio a la transgresión"
Michel Foucault




Todo sistema de valores se fundamenta en un eslabonamiento apariencial del que se desprende un férreo ordenamiento en el que se encolumna por un lado “lo que esta bien” y por otro “lo que está mal”. Los valores traman en su propia urdimbre una lógica disyuntiva y excluyente. Optamos (o al menos eso creemos). Tenemos el “deber” de optar, y se supone que poseeriamos el libre albedrio para elegir a conciencia y ante cada situacion por el Bien o el Mal. Esta es la base de la conciencia moral, del correcto obrar y de “lo justo”. También del castigo, la recompensa, los desvios y las sanciones. Nuestras unidades de medida moral estan asi montadas sobre este binarismo de creencias (-/+) y sirven de suelo para nutrir el sentido que damos a las costumbres y tradiciones que acatamos a diario.


Qué relacion guarda la transgresión con estos valores hegemonizados y su montaje lógico-moralista?

Quien transgrede simplemente da vuelta el lugar de los signos: pone en “positivo” aquello que esta aparentemente “mal” y le resta transitoriamente importancia moral a lo que se suele ver desde el signo “negativo” positivizandolo.

Siguiendo a Foucault podriamos comenzar sosteniendo que la figura del "transgresor" no es mas que la condensación de todas las imagos imaginables del profanador: un transgresor no invierte los valores, ni los cambia sino que desmiente el caracter mismo de "lo sagrado". Esta suerte de comportamiento profano ante lo sacro suele configurarse en el caso del transgresor en un campo, un área, un asunto. Digamos que los transgresores son altamente "temáticos": el que transgrede en la sexualidad es un padre devoto de pensamientos conservadores cuando se trata de empuñar la vara de la disciplina con los hijos, por ejemplo, o el artista creativo disoluto se confiesa políticamente de derecha a la hora de poner una mirada sobre la gobernabilidad de su nación. Sólo da vuelta la misma media sucia en un área-asunto, pero sin alterar lo sustancial, puesto que acabado el tiempo que dure su transgresión todo vuelve a acomodarse en su lugar habitual. Como mucho, el transgresor pone en entredicho los valores y ciertamente deslegitima la validez perpetua de sus sentidos rigidizados desacralizando "algo" considerado social y culturalmente como tal. Esa "puesta en cuestion" del valor moral la realiza a traves de su conducta: con su comportamiento pone en duda -transitoriamente- la aparente inflexibilidad distributiva de la moral, su presunto carácter universal y las creencias asociadas al “teatro de la normalidad”.

Pero aclaremos desde ya: el transgresor no es un subversivo de los valores.
Su acto quebrantador de la Ley pone al desnudo las falacias que estructuran a las normas y fundamentos, pero quebrantar no implica de modo alguno refundar nuevos valores ni examinar profundamente la sobreestimacion-estimacion-subestimacion a que empuja la moral del Bien y el Mal. El transgresor no impulsa ningun trabajo interno ni pensante tendiente a re-estimar el orden asfixiante de las valoraciones que él se encarga de eludir transitoriamente en su “actuar”. Quien transgrede vence momentaneamente la resistencia monificante y anquilosadora de las tradiciones legitimadas tomadas por incuestionables, pero no rompe la dura malla de sentidos en los se basa tal agobiante legitimidad. El transgresor no hace huella. Lo suyo es otra cosa: deja marcas desde lo que podriamos englobar como "lo escandaloso". Tampoco es un "Espíritu libre" aunque se lo pueda confundir groseramente con ellos. Se trata, por lo general, de seres libertinos, "primos" ni tan cercanos ni tan lejanos de los Free Spirits...

Indudablemente el transgresor “trabaja” (sin querer o acaso involuntariamente) en direccion a deslegitimar radicalmente los arbitrarios sentidos dominantes impuestos por la moral esclava. Convulsiona y altera, con limitaciones. Revuelve el río, sus pescados, las carnadas habituales , y ira de la línea para que algunos pescadores se sientan lo suficientemente incomodados al presenciar su llamativa in-conducta e inmoral proceder. Pero su juego es tan voraz como breve: entra por la exhultante puerta de la inversion de signo de los valores… pero cuando empieza a aburrirse de nuevo, salta por la avergonzante ventaneja de las adaptaciones funcionales (y vuelta al cotidiano cuento ilusionista, o a “lo mismo de siempre”).

Pese a que su actuar transgresor involucra una gran cantidad de energia disruptiva y contra-hegemonica, con eso no basta en absoluto para llegar a ese “otro acontecer” que es transvalorar .

No se trata de invertir por un rato los signos morales. No se trata de jugar cada tanto una partida adrenalínico para luego volver a ponerse las mismas vestiduras apolilladas de la costumbre.
Se trata de inaugurar “Le Grand Jeu”: crear nuevos valores.
Otros valores. Increados e impensados aún.
Más saludables, menos resentidos.
Valores solares, lumínicos, más potentes-potenciadores.
Valores que enaltezcan al individuo en su capacidad de conectarse con otros y crear efectos positivizantes de largo plazo capaces de componer nuevos trayectos de deseo.
Valores propios de una ética del deseo en la que la moral de esclavo quede arrinconada a su mínima expresión.

Pero volvamos a dar otra vuelta de tuerca a la imago del transgresor.
Ser transgresor no se yuxtapone con ser crítico, y menos aun con ser “edificante”. E invencionar valores no es re-crear ni maquillar lo dado sino pulverizar impiadosamente las imposiciones de sentido en cada campo que se pisa. Hacer de cada territorio en que se ponga la pisada un “campo”minado. Dejar telúricas huellas con las armas del enfrentamiento argumentado que posibilitan las ideas no metafisicas ni trascendentalistas. Indudablemente no es una tarea para cualquiera.
Un transvalorador y un transgresor no se diferencian sólo por “cuánto” dinamitan simbólicamente en su accionar, sino por la cualidad-intensidad-perdurabilidad que enmarca cada acto.
Mientras el transvalorador no deja combate por librar ni territorio que transformar bajo la mirada filosa de su peligrosa critica (arremetera deconstructivamente ya se trate de pensar lo politico, el amor, la muerte, la religion, el arte, el sexo, la tristeza o la justicia), el transgresor se resguarda detras de su goce inmediato en ciertos y no otros campos especificos.

El transgresor experimenta asi, en alguno de estos asuntos casi con exclusividad, un evanescente triunfo narcisista sobre… sobre qué??? Sobre qué “cree” triunfar el transgresor con su goce? Para despejar este punto comencemos destacando que el transgresor sólo triunfa en tanto tiene “escenario”, alguien que lo mire, que lo “espectacularice”. La transgresión (y por ende, quien la practica) paradojalmente siempre necesitara de un orden-Ley que romper, que tomar por asalto, que reducir (incluso hay ciertas “reducciones” transgresoras que toman un tono de bajo gusto y falta de delicadeza, casi un aire grotesque). El transgresor quiere su porción de espectacularidad y escenografia: algo del transgredir se conecta siempre con una “mise-en-scène”. El “acto” de la transgresion misma, en el fondo, no hace mas que poner en evidencia una pulseada narcisista: un Yo volitivo que se impone a alguien-algo y en ese “ponerse por encima de…” establece un balance de triunfo-derrota que no por ficticio deja de redundar en un levantamiento de la autoestima del transgresor. Por eso el transgresor finalmente nunca diluirá ni cuestionará en profundidad el universo encorsetante de las reglas, porque nada más y nada menos que su narcisismo se alimenta de ese sueño en que, por un rato e imaginariamente, un ficticio e inflamado Yo pareceria poder vulnerar un pequeño espacio de legalidad. Estamos ante una "moral de la transgresion", lejos aun de una "etica transvaloradora". El transgresor no llega (ni le interesa llegar) a ninguna empresa autenticamente propositiva en términos de moldear nuevos valores pues solo es un burlador efímero –aunque compulsivo- de la norma. No más. Nomás. El transgresor finalmente termina siendo un patético comediante sostenido por la mirada de algun-algunos otro/s que le reconocen la audacia, la picardia, y se desarman en aplausos semiaduladores. Desde este punto de vista la transgresion prestigia a quien la lleva a cabo. Y suena bastante lógico que el transgresor sea incluso casi “idolatrado” por su público de mirones: despues de todo vivimos y respiramos a diario las pestilencias de este mundo básicamente sostenido por cobardes e incapaces siquiera de contar con la mitad de energía teatral del transgresor…


Para el transvalorador la cosa es un tanto diferente. Para éste, el mundo todo y sus sistemas de creencias forman parte de sus batallas por el sentido. Y tales batallas las libra tanto simbólica como fisiológicamente: se necesita disponer de herramientas-armas símbolicas siempre afiladas para pelear dignamente por nuevos sentidos comenzando por instalar el sinsentido de los mandatos morales… y tambien se requiere de un cuerposangre capaz de tolerar los efectos de tales embates y enfrentamientos. Su carácter poco dulcificado y definitivamente fuerte son producto de una fisiologia igualmente poderosa. Pero como su vision es mas integral que la posee el resto de sus pares mortales, esta fuerza fisiologica nada seria si no contase con una delicada sensibilidad y capacidad emocional interactuante con el inmejorable funcionamiento de su "aparato racional". Otro aspecto interesante a resaltar lo constituye el hecho de que haya "debilidad/es" en el transvalorador (porque “este” sistema de valores que cuestiona lo ha atravesado y moldeado con sus puas perniciosas a él tambien…), pero hace de estas debilidades suyas apoyaturas para superarse constantemente en vez de enredarse quejumbrosamente en lamentos y detenimientos resentidos. Hace. Siempre hace. Y en varias direcciones (puesto que los valores no duermen ni descansan tranquilos en ningun area vital sin hacernos pagar algun “peaje” por aceptarlos y adaptarnos a ellos). No hay un quantum definido en su tarea transvaloradora, justamente porque el universo de valores es una retícula inconmensurable con alta capacidad de autoreciclado, lo cual hace que los avances en direccion a cuestionar la validez moral de algo siempre implique cierto retroceso en algun momento. Dado que su tarea de fracturar estructuras y denunciar sus elementos constitutivos moraloides es constante, sabe que por ello mismo es interminable. De alli que su narcisismo no se alimente de los logros de su trabajo de hormiga: la mínima biografia del transvalorador (temporalmente acotada a su finita existencia) no alcanzara jamás para cubrir su mision transvaloradora, y lo sabe. Y lo acepta sin lamerse la herida narcisista por ello. Desplazado el logro narcisista de acaparar los creditos por tratarse su “mision” de un inmenso trabajo que no terminara con su deceso como persona, igual pone todo su coraje en aportar al torrente impersonal del Gran Cambio. Su tarea es harto solitaria: un halo de incomprension lo rodea, y tambien una sensacion de desprecio por el mundo y sus banalidades hacen que disfrute de reflexionar en la grandeza de su entera soledad. Insistamos: no estamos ante un narcisista sino ante un egoísta con una autoestima perfectamente bien fundamentada y con un proyecto que lo trasciende somo Ser: arrancar de raiz la enfermedad moral enraizada en cada “asunto” de la vida y la muerte. Le importan un bledo los aplausos o reconocimientos: antes bien éstos serían como una especie de preocupante síntoma de aceptacion y amoldamiento de sus ideas a lo masivo rebañizado. El transgresor no trabaja para nadie, ni siquiera para sí mismo. Ha renunciado a su “falso y unificante Sí mismo” para constituirse en amo de un Sí mismo heterónimo, descentrado y multiple tal, que le permita dinámicamente jugar en todos los terrenos que le sea preciso jugar su mejor juego: criticar, demoler, inventar, crear, re-vivificar los tejidos cadavéricos de una sociedad impúdicamente decadente . No se erige en maestro de nadie, no le importan en lo mas mínimo los adeptos, aunque sí lleva una notable preocupación por delegar a los “mejores” que le sobrevivirán el sentido ético de esa inmensa tarea cuestionadora y transvalorativa a que se entregado.


Nuevos valores.
Valores para existencia de tono ascendente, fuerte, dueña de Sí.
Valores infinitamente más apegados a la vida como goce e intensidad que no desmienta ni el fino y multiforme rostro del placer ni la trágica cara del dolor o la muerte. Valores que nos permitan abrazar TODO. Valores que siempre tiendan a afirmar todo lo que nos aya sucedido, lo bueno y lo malo, sin exclusiones, desde un “amor fati” y una lógica ficcionalmente aportante al vitalismo que suponga el eterno retorno de lo mismo.

Valores que nos posibiliten enunciar libertariamente, algun día cercano:
-“Sí, así lo quise, así lo quiero, así lo volvería a querer si se repitiera mi existencia toda nuevamente.”



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sábado, 31 de octubre de 2009

jueves, 29 de octubre de 2009

Ricoeur y las pretensiones de una conciencia cortesana



Ricoeur y las pretensiones de una conciencia cortesana




“Crees poder saber todo lo que pasa en tu alma, porque tu conciencia te lo enseñaría en cuanto fuese suficientemente importante. Y cuando no tienes noticias de algo que está en tu alma, asumes con total seguridad que eso no se encuentra allí. (...) Te comportas como un monarca absoluto que se conforma con las informaciones que le dan los altos dignatarios de la corte, y que no desciende al hacia el pueblo para oír su voz: entra profundamente en ti mismo y aprende primero a conocerte; sólo entonces comprenderás por qué vas a enfermar, y quizás, puedas evitarlo” .



Paul Ricoeur
De "El conflicto de las interpretaciones"

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lunes, 26 de octubre de 2009

"Eurídice" - Margaret Atwood




Margaret Atwood

"Eurídice"


Él ha venido a buscarte y está aquí,
canción que te llama y quiere que vuelvas,
canción de dicha y de pesar
a partes iguales, promesa
hecha canción, promesa
de que todo será, allá arriba, distinto
a la última vez...
Hubieras preferido seguir sintiendo nada,
vacío y silencio; la estancada paz
del mar más hondo,
al ruido y la carne de la superficie,
acostumbrada a estos pasillos pálidos y en sombras,
y al rey que pasa por tu lado
sin pronunciar palabra.
El otro es diferente
y casi lo recuerdas.
Dice que canta para ti
porque te ama,
no como eres ahora,
tan fría y diminuta: móvil
y a la vez quieta, como blanca cortina
o soplo en la corriente
de una ventana a medio abrir
junto a una silla donde nadie se sienta.
Te quiere "real",
un cuerpo opaco,
sentir cómo se espesa
(tronco de árbol o ancas)
y el golpe de la sangre tras los párpados
al cerrarlos
la llamarada solar...
Sin tu presencia no podrá sentir
este amor suyo...
Mas la súbita revelación
de tu cuerpo enfriándose en la tierra
fue saber que le amas en cualquier lugar
hasta en este sitio sin memoria,
este reino del hambre.
Como una semilla roja en la mano
que olvidaste que aprietas,
llevas tu amor...
Él necesita ver para creer
y está oscuro."Atrás, atrás...", le susurras,
pero quiere que vuelvas
a alimentarlo, Eurídice,
puñado de tul, pequeña venda,
soplo de aire frío.
No se llamará Orfeo
tu libertad...



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Imagen: "Orfeo y Euridice" (1861)
Camille Corot
(1796-1875)

martes, 6 de octubre de 2009

La decepción de amor - (de los lamentos a la ética de una Ariadna soberana)


La decepción de amor
(de los lamentos a la ética de una Ariadna soberana)




La mujer que amo se ha convertido en un fantasma.
Yo soy el lugar de sus apariciones.

J.J. Arreola



Decepción.


Tal vez la palabra más insistente en el discurso del “dolor de amor”.

Decepción, probablemente el lexema del desamor, de la frustracion, de lo incumplido en la expectativa del afecto amoroso.

Camino al diccionario noto que este particular “lexema” en cuestion (lexema: unidad mínima con significado léxico que no presenta morfemas gramaticales o puede prescindir de ellos) tiene su origen en el griego λέξις, palabra, y -ema.

Pero de hecho, el uso de esta palabra se hace mas interesante desde su raíz latina. Por eso, una vez mas, es preciso tomar el camino mas largo…


Decepción.


Primero veamos algo del verbo “capere”, imprescindible para comprender el mas profundo sentido de la “decepción” como se verá mas adelante. Para comenzar, deberiamos aclarar que en latin “capere” significa mas o menos lo mismo pero aunque en planos de accion diferentes. En una perspectiva meramente material “capere” remite a “asir, tomar, capturar, coger, prender, apoderarse de…”. Esto se complementa con una acepcion completamente inmaterial para el mismo verbo. “Capere” es entonces tambien “comprender algo intelectualmente, aprehender un sentido, saber un cierto significado, aprender cognitivamente”. A esta doble vertiente material e inmaterial del verbo “capere” deberiamos adicionar una tercera acepción que alude a “captar desde lo sentidos, aprehender sensorialmente con los ojos, desde lo auditivo, con nuestro olfato”.


Decipio, decipere, deceptum configuran las formas del verbo latino a partir del cual hemos construido linguisticamente el sustantivo “decepción”, y como una derivacion del mismo sustantivo, el verbo “decepcionar”. En esta direccion, el prefijo de- (con valor de apartar, extraer, separar algo de otra cosa) más el verbo capio, capere, captum (como he aclarado en el parrafo anterior, “asir, tomar, capturar, coger, prender, apoderarse de…”), resuena su sentido en cierta idea de “sentirse usurpado, sentir que uno ha sido objeto de un robo, de ser arrebatado de lo que se tiene o tenia”.


Quien se siente “decepcionado” ha sido desprendido-despojado-apartado de algo que tenia (o deberia ya mismo corregir y decir “creia tener”) entre sus manos, o en mente, o en sus representaciones: decipere - de capere. En otros terminos, lo que el decepcionado ha perdido ha sido algo que “cree” haber tenido o ha tenido efectivamente… tal vez incluso ha tenido algo, aunque invistiendo a ese algo de representaciones y sentidos equivocados. Lo que el decepcionado habia captado sensorialmente de su objeto decepcionador era, o un error, o una irrealidad, o todo se ha tratado de una malentendida comprension-percepcion que ahora, subitamente, la realidad corrije no sin perplejidad para el decepcionado.

No habia tal certero “tener” y/o tal claro “saber”. El decepcionado siente esta latina raíz escondida en su condicion subjetivo-emocional: se siente estafado, robado, se sabe a sí mismo como un ser a quien le ha hurtado algo valioso, quien ha sufrido un arrebato repentino de lo creia le era propio y le pertenecia.


Desde los clásicos, Ovidio y Horacio lo usan con este sentido claro de decepcionar, frustrar, fallar a las expectativas. Pero Plauto lo utiliza bajo el significado de “sorprender”, “tomar de improviso”. Cicerón, con el de “embaucar, engañar, burlar, mentir deshonestamente” y tambien “decipere exspectationes” (dejar plantado, o hacer esperar a alguien por algo inútilmente), etc.


El decepcionado es un ser sorprendido, y hasta algo perplejo, por la perdida que experimenta en ese apartamiento de lo que creia tener asido, tener por conocido, tener por propio. El “hurto” de lo que poseia lo ha tomado ciertamente de improviso, o al menos, con no las suficientes previsiones como para hacer frente a la pérdida y el dolor psiquico que trae el ser apartado de su encarnada creencia. Sí, porque digámoslo de una vez, el decepcionado (antes de serlo) ha sido un “creyente”: ha creido en algo o en alguien, hubo puesto su preciado “creer” en determinado ser, en cierto saber, en un particular sentir. Por ello mismo el decepcionado no posee armas, en principio, que lo protejan e inmunicen ante la decepcion y el decepcionador. Esta inerme. Desnudo con su des-creer. Inicialmente sufre, pues está en carne viva sin poder aún des-aprender…aún ama su “error”.


Llamativamente el sustantivo “decepción” no existe en latín clásico, y recien aparece con la caida del Imperio y de boca de san Agustín, lo cual daria lugar a otra linea de analisis que por ahora no tomare para poder focalizar –ahora sí- en el core de la decepcion amorosa.




La decepcion amorosa…


Hay aquí, al menos, cuatro aspectos de mínima para elucidar:

-El hincapie de la “decepcion” como acto que pone de relieve más al decepcionado que el decepcionador.
-La ligazon entre decepcion-ilusion-creencia-desengaño
-El dolor de la verdad
-La anestesia dichosa de “vivir en la mentira y el error”


Deciamos que el decepcionado ha sido un “creyente”, alguien que ha puesto sus expectativas sutiles e in-sutiles en un “otro” (en adelante “el decepcionador” u “objeto amado”). Por la via de la ilusion ha equivocado su juicio. Sus sentidos (ahhhhh!!!!!! los sentidos… esos malditos huerfanos sensoriales demandando impresiones que los sacien!!!!) lo han hecho creer en algunas/as bella/s ilusiones de correspondencia con respecto a los sentires y expectativas de ser amado. Ha “necesitado” creer que su amor era –en cuantía y calidad- al menos identico al que el amado sentia. Error brutal. Y fatalísimo. Luego, sorpresivamente, algo de lo real abofetea el cándido refugio de cristal que constituyen las creencias amorosas celosamente resguardadas por el amante respecto de su amado y… zas!!!… las esquirlas del palacio de ilusiones se clavan en los ojos dolientes y perplejos del decepcionado. Supuesto fin de la ilusion amorosa.

Sostengo desde ya una imago desculpabilizadora del “decepcionador”. Éste no siempre tiene malas ni hirientes intenciones “contra” el decepcionado, simplemente se ha sentido libre moralmente de hacer lo que se le plazca y de haber sentido que nada lo detenia para decir, no decir, hacer o deshacer lo que sea. Es cierto que el decepcionador ha sido, sin dudas, egoista. Pero esta no es razon alguna para abrir fuego contra el decepcionador. No hay juicio, pues el decepcionador ha seguido la traza de su libertad para no rendir cuenta de sus actos ante nadie, y menos aun considerar que el dolor potencial que sus actos podrian provocar en el decepcionado pudieran tener un peso suficiente como para hacerlo retraer de sus actos, palabras, ausencias, traiciones, haceres, omisiones, acciones. El decepcionador hace, y hace más alla de la moral, a favor de sí mismo. Por mi parte, no veo maldad alguna en tales procederes, incluso si estos causan descreencias, sufrimiento o fuertes e irrevocables desilusiones en el decepcionado.

Ahora llevemos algo de luz a la desgraciada figura del dolido decepcionado, en quien suele recaer la fuerza del sustantivo y casi toda la configuracion de sentidos del verbo latino.

Es notable que cuando se trata de la palabra “decepcion” tendemos a mirar automaticamente la condicion doliente del decepcionado más que el proceder mismo del decepcionador. Probablemente este “ponernos del lado de la víctima” sea un resabio de nuestra cultura judeo-cristiana que abraza al que sufre. Despues de todo el decepcionado (el que se ha “jodido” en este intercambio de amor trunco) queda fijado al dolor, y éste –lo sabemos perfectamente- debilita, hace debil, hunde en la debilidad. La victima decepcionada carga como una cruz la maldad que proyecta cuan pseudopodos contra sus sentimientos de amor el acto decepcionante del ser amado.


No se trata de justicia. No.
No hay reciprocidad ninguna en el amor, excepto que querramos creer en ella.
Ergo, no hay retribucion ni castigo ni resarcimiento en el plano del amor decepcionado.
Nada que el otro dé en compensacion borrara la marca de la decepcion.

Solo la mecanica negadora del olvido “forma una pantalla”, inventa un muro, levanta una represa que ocasionalmente sirve de nebulosa temporal a fin de continuar con el vinculo… pero en el fondo, tras el velo de Maya las ruinas (y lo arruinado) por la decepcion se acumula como un material inflamable cubierto por el amianto de una des-memoria acumulativa… y potencialmente inflamable.

Si el recolectar sensualista del ser amado es parte del “error” de percepcion del amante, entonces admitamos que la decepcion siempre sera parte ineludible de la fenomenologia del amor.

Lo que amamos decepciona.
Por qué?
Porque lo amado nunca completa, a lo sumo sutura nuestros agujeros, nos ayuda a cicatrizar heridas, nos imaginamos menos humanamente faltantes y mas divinamente completos. Y fenomenológicamente, el ser que decimos amar decepciona porque lo hemos capturado (“capere”) con los distorsionantes sentidos del amor: hemos degustado un sabor que tal vez deje de ser tal, hemos “visto” donde no había más que borrosidad o vacio, hemos querido oír tanto donde no se habia dicho más que un poco, hemos rozado una intensidad total ahora rota en fragmentarias nadas, la plenitud de una circulo de a dos es ahora un sufrido sentir unidireccional. Nuestra potencia (esa confluencia de fuerzas productivas, creadoras, dichosas, compositivas, deseantes) es ahora una potencia entristecida, menguada respecto de su propio poder. El desamor es nuestra potencia decepcionada.


Siendo asi que el circuito de los afectos amorosos recorre las postas de la creencia-ilusion-engaño-verdad-dolor-decepcion, es posible una lógica amatoria mas “aristocratica”?
Quiero decir con esto: es posible construir un modo de transitar este circuito tan bello como endiablado que es “amar” desde la dignidad de un apartamiento en que ambos (amante-amado, decepcionado-decepcionador, ilusionado-desilusionador) conserven un “estarse de pie” sin remordimientos ni tampoco reciclamientos falaces de nuevas mentiras, desde una actitud que ignore las señales pateticas de la imploracion y el arrodillamiento ante la falsa deidad de lo amado… es factible un aprender a recorrer el circuito de amor menos como Penia y más desde Poro?

Recuerdo entonces a Nietzsche y su poema y me digo: es posible dejar de "menear la cola por amor" y esquivar la miserable tentacion de arropar con ruegos de piedad a ese dios verdugo que es el decepcionador?

Me pregunto, dando vueltas en este laberinto que es pensar lo amoroso en su dimension de decepción, si una ética del amor en clave aristocrática no es el único modo de preservar al decepcionado-victima-amante-estafado-descreido de la tentacion de arrojar dardos venenosos de resentimiento contra el decepcionador.

Finalmente y pese a cuanto hubieron de amarse o cuanto hubieron de “decepcionarse” mutuamente, creo que solo el reconocimiento de dos libertades dispuestas a apartarse “de pie y con la frente alta” uno del otro es parte de un pacto de amor mas sano.

En esta linea de imaginar pactos amorosos menos enfermizos, no tengo dudas de que primeramente quien vive “su” personal decepción de amor, tendrá que reconocerse libre.

-Libre para qué?, como se preguntaba Nietzsche. Pues no para juzgar, ni para atacar, ni para vengar nada, pues estas son sólo las desesperadas salidas de un alma tan esclava como débil.
Se trata de que el decepcionado abandone activamente la posicion de victima para ganar una posicion subjetiva libertaria, deseante, fluyente, activa. Primero ha de ser “libre para” dejar de creer.
Si, dejar de creer en alguien o en algo a quien se ha estado ligado fuertemente requiere de fuerza: primero, para no morder el anzuelo de los comportamientos propios del resentimiento (las “formas” del resentimiento amoroso van desde la busqueda absurda de algun tipo de justicia, exigencia de castigo, el imposible resarcimiento emocional, o la venganza retributiva… todos vanos modos derivados de una reciprociddad amorosa que no existe pues si hay algo poco simetrico es la relacion amante-amado…), y segundo, porque se necesita recuperar la autonomia y el dominio de Sí para soportar la cuota de realismo que trae consigo el corrimiento del velo del error.

Haber sido abandonado por la “creencia” en lo amado, haberse sentido estafado por proyectar luces en donde hay meras sombras, saberse arrojado a la desnudez de los multiples modos helados que toma el abandono cuando el anhelo de amor clama por compañía, amparo, cercanía, calor, proteccion… nadie ha dicho que todo eso sea cosa fácil. Cuesta –emocionalmente hablando- y es una empinada “cuesta” de la que muchos caen brutalmente. Hay quienes frente a este panorama propio de Ariadna en Naxos, prefieren el engaño de seguir creyendo en el retorno de Teseo (aunque un Teseo que vuelva luego de un decepcionante abandono ya se ha alejado demasiado del amado héroe al que todo se le perdona…). Volver a creer en nuevas ilusiones autosostenidas es un poderoso analgésico contra la verdad.

Por mi parte, me inclino a invencionar en otra dirección: prefiero imaginar los mundos alternos que se abren luego de la amargura de una poderosa decepción. Contra el abandonico Teseo y sus interminables monstruos contra los que su heroicidad lo llevan siempre a estar peleando, pues, mirar expectante la danza por-venir de un Dioniso más leve, menos circunspecto, menos heroico, sí, pero menos abandonico, mas sonriente, menos preocupado, más dispuesto a la libertad desasfixiante y menos acobardadamente enjaulador de los deseos no escuchados de Ariadna. Vuelvo a Ciceron y su “decipere exspectationes” (“dejar plantado, o hacer esperar a alguien por algo inútilmente”): Ariadna debera recuperar el único deber ético-vitalista que tiene que guiar a una existencia que se reverencie a sí misma: debe dejar de esperar, olvidarse de emular a Penélope y su tapiz, re-aprender que el futuro es cosa inaccesible y titubeante… puro reino de las promesas. Sólo debe volver al presente. A su aquí y ahora. No mirar a Teseo –se contacturará de tanto girar su cuello hacia atrás- ni esperarlo más, pues nadie maneja las patas de la araña del futuro y ninguna nave-Teseo que parte de un puerto vuelve idéntica a sí misma sino que es siempre otra. Ariadna “debe” leer a Ciceron y dejar de una vez de esperar inútilmente…


La soberana ética con la que Ariadna tendrá que transmutar su dolor afectivo en libertad es la cara luminosa de esa sombria experiencia llamada “decepcion de amor”





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Friedrich Nietzsche – “Lamento de Ariadna


¿Quién me calienta, quién me ama todavía?
¡Dadme manos ardientes!
¡dadme un brasero para el corazón!
Tendida en la tierra, estremeciéndome,
como una medio muerta a quien se le calienta los pies,
agitada, ay, por fiebres desconocidas,
temblando ante glaciales flechas agudas de escalofrío,
cazada por ti, ¡pensamiento!
¡Innombrable! ¡Encubierto! ¡Aterrador!
¡Tú, cazador entre las nubes!
¡Fulminada a tierra por ti,
ojo sarcástico que me mira desde lo oscuro!
Así yazgo,
me doblo, me retuerzo, atormentada
por todos los martirios eternos,
herida,
por ti, el más cruel cazador,
tu desconocido, dios...

¡Hiere más hondo!
¡Hiere de nuevo!
¡Pica, repica en este corazón!
¿A que viene este martirio
con flechas de dientes romos?
¿Qué miras otra vez
sin cansarte del tormento humano
con malévolos ojos de rayos divinos?
¿No quieres matar,
sólo martirizar, martirizar?
¡Para qué martirizarme a mí,
malévolo dios desconocido?

¡Ah, ah!
¿Te acercas sinuoso
en semejante medianoche?...
¿Qué quieres?
¡Habla!
Me estrechas, me oprimes,
¡ah, ya demasiado cerca!
Me oyes respirar,
acechas mi corazón,
¡celoso!
-¿pero celoso de que?-
¡Fuera, fuera!
¿para qué la escala?
¿quieres subir
adentro, hasta el corazón,
subir hasta mis más
secretos pensamientos?
¡Impúdico! ¡Desconocido! ¡Ladrón!
¿Qué quieres sacar robando?
¿Qué quieres sacar escuchando?
¿Qué quieres sacar atormentando?
¡tú, atormentador!
¡tú, dios verdugo!
¿O como el perro debo
refregarme contra el suelo ante ti?
¿Sumisa, embelesada fuera de mí
menear la cola por amor?
¡Es inútil!
¡Punza otra vez,
aguijón el más cruel!
No soy tu perro, sólo tu presa,
¡cazador el más cruel!
tu más orgullosa prisionera,
bandido tras las nubes...
¡Habla al fin!
¡Tú, encubierto con el rayo! ¡Desconocido! ¡habla!
¿Qué quieres, salteador, de mi?...
¿Cómo?
¿Un rescate?
¿Qué quieres de rescate?
Pide mucho, ¡lo aconseja mi orgullo!
Y habla poco, ¡lo aconseja mi orgullo!

¡Ah, ah!
¿a mí es a quien quieres? ¿a mí?
¿a mí entera?...
¡Ah, ah!
¿Y me martirizas? ¡Loco que eres un loco!
¿Requetemartirizas mi orgullo?
Dame amor, ¿quién me calienta todavía?
¿quién me ama todavía?
dame manos ardientes,
dame un brasero para el corazón,
dame, a la más solitaria,
a la que el hielo, ¡ay!, siete capas de hielo
enseñan a añorar enemigos,
da, sí, entrega,
enemigo el más cruel,
dame ¡a ti!..

¡Se acabó!
Entonces huyo él,
mi único compañero,
mi gran enemigo
¡mi dios verdugo!...
¡No!
¡vuelve!
¡Con todos tus martirios!
Todo el curso de mis lágrimas
discurre hacia ti,
y la última llama de mi corazón
para ti se enardece.
¡Oh, vuelve,
mi dios desconocido! ¡mi dolor!
¡mi última felicidad!...

Un rayo. Dionisyos aparece con esmeraldina belleza.

Dionysos:
Sé juiciosa, Ariadna...
Tienes oreja pequeñas, tienes mis orejas:
¡mete en ellas una palabra juiciosa!
¿No hay que odiarse primero, si se ha de amarse?...
Yo soy tu laberinto...


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viernes, 2 de octubre de 2009

Rachel Fury: El hipersensualismo femenino de una voz exiliada de la palabra



Rachel Fury

El hipersensualismo femenino de una voz exiliada de la palabra




No siempre una mujer lograr alcanzar la palabra.
Ocasionalmente tampoco la palabra llega siquiera a la mujer…

Entonces sucede que la expresividad se vuelve a-fásicamente hipersensual: es el realismo del grito,
del aullido,
del gemido,
el sonido de las visceras,
Ariadnas y sus lamentos…


Aqui dejo un poco de eso, desde la grandiosa voz de Rachel Fury vocalizando para la mejor y más bella banda de todos los tiempos, Pink Floyd. Esto pertenece a “The Great Gig in the Sky” (El Gran Concierto en el Cielo) es la quinta canción del álbum “The Dark Side of the Moon”.









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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Lucien Israel y la transmutacion del amor en la histérica




Lucien Israel
y la transmutacion del amor en la histérica



“¿Qué quiere la histérica?
Un amor donde quede siempre algo por conquistar, algo por descubrir. Un amor que no esté totalmente obstruido por un objeto perfectamente adaptado. Un objeto que no sea un objeto de necesidad sino un objeto de deseo que deje siempre algo por desear, es decir que permita a la vida seguir siendo vida. La búsqueda es difícil: hay que tener mucho coraje, no sólo para mantener la propia posición,
sino para soportar el ataque de los hombres”.


Lucien Israel




Este párrafo de Lucien Israel me ha parecido una maravilla.
Primero por pura identificacion (histérica, desde ya).
Segundo por la justeza con que enhebra una condición psiquica (o digamos “estructura” mas desde el corpus lacaniano) con el amor, el deseo, y de algún modo, el poder y sus anquilosadas maniobras masculinistas.


Parece que la histérica nunca “quiere” completamente aquello que parece (enmascara?) estar queriendo. Algo de sí sobrevuela la cosa, su objeto, su estancia. Está alli tanto como deberiamos sospechar que está-desea estar en algun otro sitio, u otra piel.


Las histéricas son por esto mismo, grandes navegadoras aún en su supuesta quietud.
Expertas dialogantes y convincentes “rétoras”, en su supuesto callar.
Feroces cazadoras de finas garras, en la supuesta liviandad nebulosa de sus pisadas.
Por esto tambien, han de cuidarse los hombres de las histéricas…


La histérica “pone en cuestion”, interroga (a veces vilmente, en otras ocasiones casi torpemente, otras veces perversamente) siempre poniendo en entredicho alguna de las microfísicas dimensiones del poder. Para hacerlo, dispone de su arma primera y mas efectiva: su propio cuerpo y ese “Eros transformado” que es, en definitiva, el narcisismo. Cito, en tal sentido, esta intervencion sobre el narcisismo de Lou-Andreas Salome (Lou Andreas-Salomé, “El narcisismo como doble dirección”, 1921): “Sigue siendo el narcisismo el punto del que se derivan incluso las elaboraciones más espirituales y universales, él, el nacido del cuerpo, vuelve a tener, aunque de otro modo, un suelo real bajo sus pies: la objetividad es el glorioso fin humano que, en definitiva, le hace señas, al narcisismo como desde los sueños de la infancia, en sus condición de Eros transformado y puesto al servicio de la investigación o del progreso, del arte o de la cultura."


Como sea, la histerica es una jodida y maravillosa seeker.
Busca.
Está en búsqueda.
Habita una búsqueda.
Aun cuando parece quieta, está moviéndose en otra dirección posible que no es esa en la que simula mantenerse o desplazarse.


La histérica se nomadiza a traves de su inquieto deseo.
Va por más, aunque no pueda definir de antemano la “coseidad” de ese plus que reclama y tras el que se inquieta e inquieta a los otros. La histérica es sujeto de la inquietud. En sus sueños, en sus síntomas, en la denuncia de su queja, está des-aquietando la mortal sedentarización a que empuja un objeto deseado cuando éste se apega demasiado peligrosamente a la necesidad y se aparta desvitalizadamente del fluído devenir libidinal.


Y termine como termine su existencial historia histérica (o histéricamente histórica existencia) ella arriesga “jugándosela”. Pone coraje -incluso sin saberlo completamente...- pues su desordenado valor y la labilidad a que la empuja su propia sintomátologia no siempre le permiten analizar mejor los tipos de jugadas, riesgos y y tableros en que está parada.


Cultora de las líneas de fuga, ella escapa -desde las interrogaciones de lo íntimo- de la lógica del resultado, los cálculos y el éxito. Y siendo que esa tríada organiza la cuadrícula del mundo racional y orienta coercitivamente las exigencias para el animal humano gregariamente domesticado, las más de las veces hay un "sufrir histérico" (leído como ilógico e irracional) que hace doler en el cuerpo histerizado el precio de la inadaptación.


La histérica es un buho, un centinela, una mariposa con visión nocturna, un purocuerpo purosigno que ama amar en clave des-adaptada, navegando casi sin brújula hacia una forma de amor más libre, más plena, definitivamente tan transvalórica como aún inllegada.


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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Giorgos Seferis: la voz del papel en blanco



Giorgos Seferis
Γιώργος Σεφέρης
1900-1971
(poeta y diplomatico griego)




"El papel en blanco"



El papel en blanco rígido espejo sólo devuelve lo que eres.
El papel en blanco habla con tu voz,
tu propia voz
no con la que te agrada;
tu música es la vida
esa que has derrochado.
Es posible, si quieres, recuperarla
si te aferras a eso tan indiferente
que te echa para atrás
allí donde te pones en camino.

Has viajado, has visto muchas lunas, muchos soles,
has tocado muertos y vivos
has sentido el dolor del muchacho
y el gemido de la mujer
la amargura del niño aún no maduro–
lo que has sentido sin fundamento se derrrumba
si no confías en este vacío.
Tal vez halles allí lo que creías perdido:
el brote de la juventud, la zozobra certeza de la edad.

Tu vida es lo que has dado
ese vacío es lo que has dado
un papel en blanco.


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Abraza la oscuridad... y deslizate - Charles Bukowski


De "Abraza la oscuridad"
Charles Bukowski




No olvides las aceras,
las putas,
la traición,
el gusano en la manzana,
los bares,
las cárceles
los suicidios de los amantes.


(...)

no hay dios
no hay politica
no hay paz
no hay amor
no hay control
no hay planes

mantente alejado de dios
permanece angustiado
deslízate.


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martes, 1 de septiembre de 2009

En una palabra, vacíate - Chuang Tzu


Identifícate con el infinito,
haz una excursión al vacío.
Ejercita plenamente lo que has recibido de la Naturaleza,
pero no obtengas nada más.
En una palabra, vacíate.



Chuang Tzu

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