domingo, 14 de marzo de 2010

Las tres transformaciones - Friedrich Nietzsche (Así habló Zaratustra)



"Las Tres Transformaciones
"

Friedrich Nietzsche
(Así habló Zaratustra)



Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin en niño.

Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, paciente, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas.
¿Qué es pesado? pregunta el espíritu paciente, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que se le cargue bien.
¿Qué es lo más pesado?, oh, héroes" pregunta el espíritu paciente, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije.

¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría?

¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador ?

¿O acaso es: alimentares de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad?

¿O acaso es: estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres?

¿O acaso es: sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de si las frías ranas y los calientes sapos?

¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos miedo?

Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu paciente: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.

Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa, y ser señor en su propio desierto.

Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria.

¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? "Tú debes" se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice "yo quiero".
"Tú debes" le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una de sus escamas brilla áureamente el "¡Tú debes!".

Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: "todos los valores de las cosas brillan en mí".

"Todos los valores han sido ya creados, y yo soy -todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún 'Yo quiero!". Así habla el dragón.

Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?

El león es no es aún capaz de hacerlo crear nuevos valores: mas crearse libertad para un nuevo crear, eso si es capaz de hacerlo el poder del león.

Crearse libertad y un no como respuesta incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león.

Tomarse el derecho de crear nuevos valores es el deber más horrible para un espíritu paciente y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.

En otro tiempo el espíritu amó el "tú debes" como su cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de su amor: para ese robo se precisa el león.

Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?

Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.

Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir si: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.

Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.




Así habló Zaratustra. Y entonces residía en la ciudad que es llamada: La Vaca Multicolor.

Friedrich Nietzsche


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La potencia de un cuerpo que goza - Michel Onfray

La potencia de un cuerpo que goza
Michel Onfray


"La felicidad está en el cuerpo, más específicamente, en una clase de acuerdo del cuerpo con la realidad, que permite la alegría, la armonía, el júbilo, el placer, todas fantasías en forma de variaciones posibles sobre le tema de la materia. A la pregunta: dónde está la felicidad?, yo respondería: está en potencia en un cuerpo que goza."




De "El deseo de ser un volcán - Diario hedonista"
Perfil libros, Bs. As., 1999

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sábado, 13 de marzo de 2010

El sacerdote y poder pastoral - Gilles Deleuze (charla en francés - subtitulada)

El sacerdote y poder pastoral
Gilles Deleuze

(charla en francés - subtitulada)



Una lúcida intervención de Deleuze en torno a la invención del sacerdote, el paso de las concepción de "deuda infinita" al de "deuda finita", en el marco de las sospechas de antisemitismo que pesan sobre ciertos escritos nietzscheanos.... imperdible, un lujo para el oído y subtitulado en español.







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Jim Morrison Handwritten "Nietzsche" Prose


Jim Morrison Handwritten "Nietzsche" Prose





Jim Morrison's fascination with Friedrich Nietzsche is captured on film during an impromptu pre-concert, backstage performance at upstate New York's Saratoga Performing Arts Center on September 11th, 1968. WIth the 'Feast Of Friends' film crew on hand, Morrison takes a seat at the grand piano and devises the clever and astute "Ode to Friedrich Nietzche." During the spontaneous performance, Morrison specifically refers to the horse whipping incident referenced in this page of handwritten prose. This remarkable film, featured in both 'The Soft Parade' video and 'Feast Of Friends," can be accessed online at the YouTube website.

1960's. Jim Morrison's admiration of 19th century German philosopher Friedrich Nietzsche is showcased here with historical accuracy in this unpublished prose. The details of Nietzsche's nervous breakdown in January 1889 are well-documented. He did, indeed, throw "his arms around the animals neck and burst into tears". The reference to contracting syphillis as a young man and carrying "the germs of chaos all his years" also is factual. The reference to Richard Wagner is interesting as well since Nietzche became a close friend of the German composer while he was teaching in Switzerland. Some of Nietzsche's last years were spent in an asylum. Perhaps Morrison's interpretation of that period in the philosopher's life are summed up: "When at last despaired of embodying in words his entire world of thought, he let those forces sweep through him and explode chambers in his brain".



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http://www.the-doors-world.com/pages/DoorsMania.htm

Gilles Deleuze - El deseo no es pues, interior a un sujeto



“El deseo no es pues, interior a un sujeto, ni tampoco tiende hacia un objeto: es estrictamente inmanente a un plano al que no preexiste. A un plano que es necesario construir, y en el que las partículas se emiten, y los flujos se conjugan . Si no hay desplegamiento de ese campo, propagación de tales flujos , emisión de tales partículas, no hay deseo.”


Gilles Deleuze

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jueves, 11 de marzo de 2010

William Shakespeare - Blindness



“Looking on darkness which the blind do see” (*)


William Shakespeare






(*) “Mirando la oscuridad que ven los ciegos”.


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Himno al mar - Jorge Luis Borges


Himno al mar
Jorge Luis Borges
(su primer poesía, escrita en 1919)


Oh mar! oh mito! oh largo lecho!

Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos.
Que ambos nos conocemos desde siglos.
Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.
(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno).
Oh proteico, yo he salido de ti.
¡Ambos encadenados y nómadas;
Ambos con un sed intensa de estrellas;
Ambos con esperanzas y desengaños;
Ambos, aire, luz, fuerza, oscuridades;
Ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria.



Jorge Luis Borges



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miércoles, 10 de marzo de 2010

El deseo: ni adentro ni afuera



El deseo
Ni adentro ni afuera





En ese espacio equívoco
el espíritu ha perdido su patria geométrica
y el alma flota.

Gastón Bachelard





El deseo no tiene un “dónde”. Y bien poco puede decirse respecto de su “cuándo”.

Refractario al espacio y a la temporalidad, del deseo sólo puede afirmarse que deviene, circula, fluye, produce.

Estrictamente hablando el deseo tampoco se “tiene” (el verbo tener exige un poseedor de la cosa… existe acaso un poseedor del deseo, quién? el sujeto? el “dueño” del caótico inconciente o quien se apersone como su detentador? acaso sea esa entidad tan discutida a que se denomina “Ser”? quién entonces, si hasta nuestra identidad ha resultado ser desde performativa a múltiple, pero seguramente ni unitaria ni sede del Ser…).

También se entraría en una zona altamente resbalosa si pensamos en “el ser del deseo”, excepto que consideremos a esta expresión matafórica como un intento romántico-poético de representar a un sujeto singular atravesado por los flujos deseantes. Recapitulando, el verbo “tener”, al igual que los básicos verbos “ser-estar” resultan complicados a la hora de ubicárselos en las cuestiones deseantes.

El deseo es en sí mismo, dirá Deleuze, señalando de un modo firme la imposibilidad de sustancializar el deseo. El deseo sin sustancia, deseo sin sujeto, deseo sin tiempo, deseo sin lugar… uffff!!!!! Casi nada de qué asirnos para merodear el asunto del deseo, o sea, de qué hablamos cuando hablamos del deseo. Inutilidad de cualquier arrebato platónico, imposibilidad de cercarlo bajo ninguna “coseidad”.

Como sostenía Camus, comenzar a pensar es comenzar ya a estar minado, entonces, bajo qué puntos de referencia situarse en este campo minado que es “pensar el deseo”?


El verbo “haber” ofrece, tal vez, algunos caminos posibles.
Puede sostenerse desde la aplicación de este verbo a la cuestión del deseo que, por ejemplo, “hay deseo” (oración simple e impersonal aplicable a una relación entre el sujeto y sus objetos, o también a aquello que “hay-hubo-había” en cierto vínculo intersubjetivo). Del mismo modo puede afirmarse que el deseo es parte de lo que “hay”, de lo habiente, puesto que circula, acontece, fluye, deviene, genera efectos.

Deseo entonces como parte inequívoca de lo habiente, deseo como efectos del deseo.

Ahora bien, que el haya deseo no habilita a suponer que ese “haber” ese “hay” del deseo se encuentre dentro de una cierta interioridad o fuera, en alguna incierta exterioridad.

El deseo no posee un alojamiento determinado, su condición como parte de lo “habiente” no lo ubica ni adentro ni afuera de nadie ni de nada. Aunque, como veremos, desde la tradición de las ideas filosóficas se haya asociado su locus al interior del sujeto.

Si abandonamos la idea de deseo asociada a un adentro o a un afuera, nos quedaría un deseo circulando en una topología propia de una banda de Moebius? Extraño a las solemnidades geométricas, qué imago correspondería al desear, o cómo hallar una espacialización que no limite, por ejemplo, la idea de devenir que le es inherente?

A esta altura me resulta evidente que el deseo (y el campo de la subjetividad a que este alude) es más poderoso que cualquier celda geométrica formal.

Tal vez se requiera de un audacia intelectual a “lo Deleuze”, a “lo Lacan” (pero superadora de ambos) que se atreva a pensar el deseo sin afán de fórmulas o matemas, ni estrecheces ideológicas de ninguna índole. Un reflexionar acerca del deseo que contexture su fluencia constante y el pensamiento de dicha fluencia a través de imágenes no esclavizadas por perspectivas geométricas clásicas. Pensar el deseo en sus constantes turbulencias, en su imposibilidad de fijeza, en sus modificaciones e inversiones, en sus vértigos, en sus extravíos, en sus esquinas curvas, transtrocando constantemente adentros y afueras (bordes ficticios tratándose del desear, bordes que no son tales excepto en la mente límpida de los lógicos formales). La cartografía propuesta por Deleuze ha sido sin dudas un enorme avance, pero se requiere un paso más.


El deseo, lejos de la voluntad geométrica, es una llama… siempre vacilante.


(Un juego inicial de sensibilidad imaginativa inicial). Probemos los siguientes rasgos descriptivos de una imago anti-geométrica del deseo:


-Comparte la tonalidad caótica de la de la turbación
-Ha heredado la peligrosa belleza de la inconstancia
-Se rebasa a sí mismo continuamente
-Nada trágicamente desnudo bajo las vitales aguas del peligro
-Se entreabre, o digamos que habita en esa luminosidad que se genera en las entreaberturas…


Existe algún modo de pensar desesquematizado que ofrezca un soporte para la yuxtaposición de estas y otras imágenes envolventes del desear, tenemos la posibilidad de dar con un modo de graficar libertariamente ello?

No se trata de renunciar a la “racionalidad razonable” de una intelección lúcida sobre el deseo, tales juegos y malabares con la total ilogicidad se los dejamos a los amados poetas que sí gustan de la alteración total de los signos y sus leyes de composición.

Pero sí acordemos que se requiere de un pensar liberador. Desobedecer a Porfirio y su dura sentencia (la cual se nos ha hecho llaga y a priori en nuestra intelección…). “Un umbral es cosa sagrada”. No, señor Porfirio, está usted errado. Myúsculamente Errado. No hay umbral sagrado en cuestiones del deseo, puesto que el deseo se alimenta de bordes transgredidos y ha sido –históricamente- voraz con las obsoletas sacralidades… mal que le pese a Profirio, en asuntos deseantes no hay dioses guardianes del adentro o el afuera.

Si toda reducción no es más que cómodo anhelo de no-complicación, pues habrá que complicar la reflexión sobre el deseo. Renunciar a simplificaciones (llámense a estas teorizaciones pre-dadas o catequesis de ideas hegemonizadas). Qué terrible e injusta aproximación al deseo sería circunscribirlo a lo que apenas conocemos de él hasta ahora, por más lucidez que le debamos al psicoanálisis o al Anti-Edipo! Cuán ancho y vasto son sus efectos, juegos y composiciones como para caer en la arrogancia intelectual de suponer que todo ya ha sido dicho en torno al desear! Qué necios intelectuales seríamos si dejáramos al deseo regodearse-refritarse-regurgitar en los territorios teóricos ya conocidos… si sólo sembráramos sobre las marcas de lo arado por los grandes pensadores que nos han precedido, que pequeños demostraríamos ser como pensadores, que semiestériles las semillas que allí crecerían! Oh, el placer intelectual por los fractales a veces, me temo, es un auténtico veneno para pensar radicalmente…!


Pero el trayecto más largo para hacer honor a la inmensa potencialidad de ideas que merecen agitarse en torno al deseo incluye el deber de volver a los griegos. Sí, una vez más girar la mirada hacia los nudos y bucles que se han tramado en la antiguedad con el objeto de comenzar a genealogizar adecuadamente tamaño asunto…



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domingo, 7 de marzo de 2010

8 de marzo en la voz de Gioconda Belli - “No me arrepiento de nada”




8 de marzo - Día Internacional de la Mujer


Gioconda Belli

“No me arrepiento de nada”



Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
a aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas "niñas buenas" me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.






Gioconda Belli

Escritora nicaragüense
Managua-Nicaragua, 9 de diciembre de 1948



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Inquietudes en torno a ciertas postulaciones filosóficas sobre el deseo…




Inquietudes en torno a ciertas postulaciones filosóficas sobre el deseo…





No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres.
Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz.
Epicteto de Frigia


Sólo hay una fuerza motriz: el deseo.
Aristóteles


Todo deseo estancado es un veneno.
André Maurois




Un postulado deleuziano hartamente difundido desde la filosofía del deseo (ver “El antiedipo: capitalismo y esquizofrenia” texto escrito junto con Félix Guattari -Bs. As, Paidós, l985, Trad. de Francisco Monge-) es aquel que se aglutina bajo la expresión “máquina deseante”.

Comencemos destacando que el inmenso mérito de la yunta de brillantes pensadores franceses en este punto, es haber reposicionado y resemantizado la noción de deseo desde una dimensión de producción, de voluntad de poder, de proceso inmanente, o de “afecto activo” para tomar el aporte es este sentido de Spinoza.

Deleuze y Guattari resignifican la cuestión deseante. Lo hacen abriendo una nueva perspectiva desde las entrañas mismas de la propia teoría psicoanalítica: se tratará no sólo de un deseo producido en las laberínticas habitaciones del psiquismo del sujeto, sino de un deseo que no es pensable sin la máquina social con la cual se retroalimenta e embrica. Entonces tenemos no sólo a la producción maquínica deseante del singular sujeto psíquico sino a la máquina social interactuando en forma constante en el moldeo de la subjetividad. Deseo anudado al poder, diría con su austero estilo el filósofo Enrique Marí.

Indudablemente esta noción “productiva” del deseo aparta radicalmente a éste (diríamos que más bien se trata de una rotunda inversión y no ya de un mero apartamiento) de la afamada noción platónica que lo asociaba con la carencia, la ausencia, la falta.

El deseo como carencia alude a un idealismo de raíz netamente platónica. Basta pasear un rato por entre las inmortales páginas del diálogo “El banquete” y recordar el relato de Sócrates acerca del nacimiento de Eros como hijo de Poro (el “recurso”, representación que alude a la abundancia y la riqueza) quien embriagado de néctar es abordado por Penía (la carencia, la pobreza) concibiendo entonces como producto de este encuentro fugaz al Amor. Esta versión del nacimiento de Eros como un daimon escindido desde su relato de origen marca una fuerte línea de sentido presente ya desde el mundo antiguo. De esta versión se infiere con transparencia que la fuerza del deseo nace de una representación dicotómica desgarrada entre un próspero padre seminal, y a la vez, de una matríz indigente, útero carente de una madre-mendiga en penuria.

Las limitaciones y complejas resonancias que esta concepción del deseo como carencia ha producido al ubicar la fuerza deseante como una búsqueda continua por “lo que no se tiene”, o por “aquello de lo que se carece” han sido múltiples. Pero en primera instancia destaquemos que el deseo como falta es un concepto idealista frente al que Deleuze-Guattari proyectaran cierta “luminosidad” kantiana (fue Kant quien justamente logró pensar que el deseo “produce” realidades) en virtud de la cual abrirán la noción del deseo como aquella potencia capaz de producir su propio objeto: deseo productivo, máquina deseante, potencia, flujos en circulación. El deseo como potencia es fuerza activa, cuestionadora del orden, subversiva respecto de los valores instituidos.

Hasta aquí, el acotado resumen del recorrido entre el deseo como falta en el relato socrático-filosófico, y el deseo como producción en Deleuze y Guattari.



Ahora, mi tríada de inquietudes en torno al tema:


1- Quién es el "quién" que da soporte a la máquina deseante?
Si la identidad no es “soportada” por ninguna unidad ni sustancia (excepto la ilusoria pretensión del irreal sujeto indiviso cartesiano cuyo fundamento ha sido profusamente derrumbado por el psicoanálisis y luego desde el declinamiento de los “Grand Récits”), la pregunta acerca de “(entonces) quién desea?” se vuelve inquietante dado que estrictamente hablando aún si consideráramos al sujeto del inconciente como el soporte de la máquina deseante, éste no es más que un efecto de estructura sobre el que no resulta susceptible aplicar la pregunta encabezada por un “quién?” (cuya respuesta obligaría, ya desde el punto de vista gramatical, a buscar un sujeto-soporte –Yo, él, “x”- o a olvidar al sujeto en el misterio de lo tácito).



2- Máquinas, obsolescencias y sobrepasamientos continuos
La metáfora del deseo como “máquina”, en esta primera década tan digitalizada del siglo XXI, casi me obliga a pensar que todo lo maquínico es susceptible de reemplazo por una “máquina” mejor y superadora. Si hegelianamente la Aufhebung aludía simultáneamente a “superar” y “conservar”, cómo pensar hoy la acentuación significativa (al menos, desde mi perspectiva) de la dimensión de “cancelación” y “supresión” que invade los intersticios de todo lo maquínico. Si las máquinas experimentan su propio “sobrepasamiento” estropeándose o suprimiéndose, cómo pensar en la actualidad los modos maquínicos del deseo tan fuertemente inmersos en la lógica de la reemplazabilidad y la obsolescencia puesto que máquina del deseo y máquina social son completamente interdependientes?



3- El deseo de desapego, una contradicción in terms?
Una última inquietud me martillea desde hace tiempo en torno al deseo (de hecho, este punto que tocaré ha sido ya discutido por mí en distintos espacios de circulación de ideas, recordando particularmente el saludable modo en que este tema “se nos abrojó” como asunto a dilucidar por mí junto a Juan Heredia y a Miguel Salvattori durante el seminario “Filosofía del Vacío”… como podrá apreciarse, el tema aún me interroga desde el fondo y la superficie de mis propias open ideas por tratar...). El asunto es el siguiente: el contacto con el vasto universo de ideas orientales nos expone a nuevas preguntas, muchas de las cuales no son abordables desde los parámetros y matrices lógicas occidentales –demasiado tributarias de la dictadura lógico-aristotélica- pero resulta que “ésos” son (y no disponemos de otros) los parámetros sobre los que se fundan nuestras estructuras pensantes y sus aprioris concomitantes. Este modo prevalentemente racional de pensar resulta inadecuado cuando nos exponemos a categorías no occidentales diferentes del falo-logo-centrismo. Veamos que sucede con un apartado particular muy difundido del budismo: me estoy refiriendo al tema del desapego. El budismo apunta claramente a denunciar la ficción del mundo, de algún modo su “irrealidad”, sus tóxicos juegos de espejos, su vacuidad. Dentro de su “combo” de representaciones para alcanzar la serenidad, la plenitud, e incluso lo que podría ser un estado de “imperturbabilidad ataráxica” (utilizando palabras afines a los viejos estoicos) es el desapego. Desapegarse sería la llave, la clave para hallar aquella “securitas et perpetua tranquillitas” de la que tanto nos hablara Séneca en sus “Lettres à Lucilius” (tomo IV, libro XIV, carta 92, 3, cit., p. 51). Aquí entonces surge, al menos, una de mis preguntas: es posible separar la voluntad del deseo –tarea en que consistiría de alguna forma el desapego-? O dicho deleuzianamente, existe una viabilidad real para la “máquina deseante” de poner en suspensión su propio flujo, detener su potencia misma? Estamos ante un proceso de bloqueo volitivo del deseo, suponiendo que tamaña empresa sea realizable y sostenible? Se trataría en el desapego de suponer una voluntad sin apetito –usando las expresiones de Spinoza- de imponer una voluntad de “no voluntad” llevada a cabo por un Ser que busca la fuga respecto de la tiranía desestabilizante hacia lo sensitivo a que empuja la fuerza del desear?




Nuevamente, inquietudes en torno a ciertas postulaciones filosóficas sobre el deseo…



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