sábado, 3 de abril de 2010

De la fe y la colonización


De la fe y la colonización



"La fe religiosa es la representación más íntima y silenciosa
de una conciencia angustiada que ha sido mansamente colonizada".



Gabi Romano


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jueves, 25 de marzo de 2010

Apología de la paradoja





Apología de la paradoja





«es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente...»

Francisco de Quevedo




Me gustan las paradojas, su particular turbidez…
Me gusta que ellas puedan vivir por fuera de los axiomas, caer en feliz picada y sin miedo alguno desde las torretas construidas por los dogmas, salirse por la ventana de las veneradas encerronas en que a todos nos ubican casi automáticamente los pre-juicios moralizantes.
A veces sentirse vivo implica, en alguna medida, saber-poder nadar en las aguas de lo paradojal.


Si el antiguo filósofo Porfirio -con su postrero éxito medieval- logró presentar la posibilidad de sistematizar y clasificar la totalidad de lo habiente dentro de los casilleros de su Arbor porphyriana (para gusto y dicha de los aristotelistas de todos los tiempos…) fue porque el este famoso discípulo de Plotino confiaba sin titubeos en la existencia de algo llamado “sustancia” y en la necesidad organizativo-lógica de atribuir a cada cosa su correcto lugar taxonómico bajo el imperio lumínico del orden racional. Claro está, faltaban siglos para que Freud advirtiera acerca del elemento irracional que cimienta nuestro psiquismo; y un poco más aún para llegar la Teoría del Caos; o para que la física cuántica nos describa la materia(compuestas por)átomos(compuestos por)partículas, y nos diga que alguna de estas últimas son borrosas, inestables y carentes de una posición bien definida en un espacio-tiempo fijos; o bien, para que la filosofía misma implosionara sus categorías fundantes de “esencia”, “unidad”, “Dios” y “sustancia” desembocando en un radical pensar postmetafísico, aún inacabado por cierto. Porfirio no tenía idea de esta ola tsunámica que vendría a atentar contra la prolijidad de su bienintencionado arbolito muchos siglos después…


La paradoja es como como el polvillo molesto que debe ocultarse en los limpios corredores de la Razón (madre que, si bien no reniega de su hija menos razonable y más absurda -pues la paradoja sigue siendo asunto de esa "novela familiar" cuyos miembros constituyen la Lógica Formal- ha desarrollado una fuerte alergia hacia todo lo que de esta díscola descendiente emana). Las conclusiones contradictorias no son justamente el “tipo” de cierre lógico a que gusta arribar al “razonable razonamiento”. De hecho, no somos entrenados ni pedagógicamente formados para comprender oy pensar paradojalmente sino para hacerlo "en línea recta" y cartesiana, aunque la vida y sus asuntos no se suelan presentar ni en recta línea ni cartesianamente.


Se define a la paradoja una proposición o enunciado que tiene apariencia verdadera, pero que conlleva a una contradicción lógica (o más interesante aún) nos empuja a una situación que rompe con el sentido común.

Veamos un típico ejemplo (adaptación del que propuso Epiménides el Cretense, quien afirmaba que “todos los cretenses son embusteros”): digamos que sería una paradoja enunciar que “Todos mentimos”. Aquí puede afirmarse, sin temor a equivocarnos, que tal enunciado es tan verdadero como falso (pues si todos mentimos también estaría mintiendo al decirlo).


La paradoja incomoda. Molesta. Un piedrita pequeña e incisiva en la bota de la razonabilidad.
Parte de esa “sensación de incomodidad” radica en que se halla casi en un no-lugar, esto, si tomamos como “lugares” los respetuosos pasillos de conclusiones no-contradictorias que selectivamente soporta la pulcritud lógica cuando se trata de procesos enunciativos ejemplares. Otra parte posiblemente responsable de esa tal incomodidad en que nos sume la paradoja, puede que provenga de que también las paradojas suelen ser contrarias a las opiniones comúnmente sostenidas. Pongamos por ejemplo, un enunciado que diga: “el matrimonio de dos es siempre inmoral”. Qué sacrilège!!! Acaso existen matrimonios que no sean de dos??? Acaso es pensable la denostable palabra "inmoral" junto al sacro sustantivo "matrimonio"??? Insostenible!!! Estamos ante un oxímoron del discurso moral. Absurdo!!!!

Evidentemente la paradoja desordena y con su carcajada silenciosamente burlona nos manda de una patada en el trasero a balbucear al umbral de la irracionalidad (pórtico en el cual la mayoría no gusta permanecer por mucho rato).

La paradoja es cruel: asesina los lugares preasignados para cada cosa, cada quien, cada acto, cada idea. Piromaníaca de cualquier intento porfiriano, arrasa con su fuego despeinado los castillos de naipes que dan soporte al idealismo lógico.

La paradoja nos deja un rato en el aire, sin piso, con poco a lo que asirnos. Fuerza a nuestras representaciones –casi siempre alimentadas por esa tendencia inercial al fijismo de sentidos y significados- a moverse en alguna otra dirección o en varias y simultáneas direcciones. Si hay paradoja hay necesidad de entrar en un juego de magnitudes inversamente proporcionales: a menor solidez, mayor flujicidad.

En la paradoja pueden habitar los planteos más umbríos, los asuntos menos claros, las confusiones más sentidas, los tormentos peor llevados por la existencia. Si alguna metáfora de los sentidos pudiera caberle a lo paradojal, esta sería el “murmullo”, el malicioso y conflictivo murmullo que atenta con su conspiración irresponsable a destituir el mandato de altoparlante desde el que se hacen oír las Verdades Absolutas. La paradoja es asunto propio de los contrapoderes.

Se nos cría y moldea para abrazar las conclusiones más diáfanas, ergo, para rechazar lo inconcluso y sus peligrosas borrosidades. Aprendemos desde la infancia que “la solución correcta” de algo debe coincidir con el juicio más lógico y razonable. Tarde (o nunca) tal vez lleguemos a advertir que en el vientre simbólico mismo de tal solucióncorrectajuiciosamenterazonable se incuba casi siempre el parásito de la moral.

Debemos” resolver los problemas.
Debemos” solucionar nuestra vida y sus contingencias de modo lógico y racional.
Debemos” llegar a conclusiones, desenlaces, finales llevados siempre de la firme mano de la lógica no-contradictoria.
El camello no cesa de cargar con las mil caras que asume el "Deber de resolver". E incluso, se nos impone una "velocidad" adecuada para hallar las supuestas soluciones a nuestros problemas. Velocidades que van del infantil "Ya" al despótico "Cuanto antes". Cultura de la rapidez irreflexiva en la que curiosamente debe enmarcarse nuestra supuesta reflexividad. Mundo que vive dando la espalda a la belleza meditativa y certera de la demora...

Y esto, en todos los campos de la vida. Habitamos un totalitarismo de la no-contradicción.
Las cosas no pueden “ser y no-ser al mismo tiempo”. No existe espacio en la tolerancia de las opiniones sobre la pareja, por volver al ejemplo antemencionado, para “amar a un ser y amar a otro ser simultáneamente”. El amor ha de ser -lógicamente?- exclusivo y excluyente. De idéntica forma no puede concebirse la idea de que la ética y la mentira coexistan en el plano del discurso de un sujeto, igual que no puede asociarse el egoísmo a la virtud. Una buena frase bastante conocida y ejemplificadora de lo paradojal proviene de Bertold Brecht y dice: “Un hombre debe tener por lo menos dos vicios, uno solo es demasiado” pudiéndose advertir en la misma la presencia de enunciados aparentemente verdaderos conjugados con un sentido que va a contramano de los aceptado como “correcto sentido común” (amén de incomodar con eso que todos tienen -los vicios- y de lo cual a nadie le resulta grato hablar).

Por qué se trata de desorden moral cuando pensamos en paradojas, y no sucede lo mismo cuando pensamos en contradicciones? La contradicción posee una violencia disociativa en la que la afirmación y negación se oponen agresivamente una a la otra y recíprocamente tienden a destruirse entre sí. Hegel, tratando de ir un poco más allá de la lógica formal, se encargó desde su dialéctica de poner la mirada en la “relación” que se establece entre los contrarios. Propone una tríada dialéctica (afirmación-negación-negación de la negación) llegando al concepto de “unidad de los contrarios”. Siguiendo a Hegel podemos decir que allí donde la contradicción posee una solución, la paradoja nos deja en ascuas.

En lo paradojal cualquier voluntad de cierre es vana.
Pura apertura.
La paradoja, agujero cuyo vacío de sentido (recordemos que también eso que llamamos “sentido” no deja de ser un cierre, una clôture, un procedimiento que por más multiplicante que sea luego, es en cada acto de afirmación de sentido en donde se revela justamente “un” sentido, “ese sentido” que se cierra sobre sí mismo como una fugaz o permanente conclusión interpretativa) nos recuerda cuanto de horror vacui tenemos aún vigente en nuestras cabezas.

La paradoja “canta” en tono burlón, los errores de la razón, la mentira que habita en nuestras más caras verdades y/o la verdad que acecha en lo que jamás consideraríamos como algo cierto y aceptable.
Y por eso es que todo lo que provenga de lo paradojal nos inquieta severamente. Su conexión con lo absurdo (con el angustiante sin sentido y a-telos de la vida) tiende a intraquilizarnos, a recordarnos que el único sentido que podemos darle a nuestro existir es “volublemente firme” (sí, también el oxymoron -esa estética combinación de palabras de sentidos dispares cuyo nuevo sentido es intraducible y prácticamente inatrapable en términos lógicos- posee una familiar cercanía con lo absurdo paradojal…)

Qué le hubo robado la “Moral de las grandes verdades” a la vida a través de sus imposiciones lógicas? Mucho, sin duda. Y sea lo que haya sido sustraído del delicioso encanto trágico que siempre –siempre- tiene de celebrable la vida, la paradoja lo restituye.

La paradoja, o esa oportunidad de hacer renacer grietas de agua desnuda de los cauces de ríos secos en que la lógica racional ha transformado demasiado frecuentemente a los asuntos magnánimos de la existencia: el amar, el deseo, los placeres, la dicha, la voluptuosidad, las pasiones. Nada de esto podría ser meditado, reflexionado, pensado si el valor que aporta lo paradojal.


Hasta acá este post de cierre inconclusivo (haciendo honor al asunto en cuestión) cuyas últimas palabras no finales dejaremos a cargo de un cultor del pesimismo amante de los reversos lógicos. Emile Ciorán y un fragmento de “El ocaso del pensamiento”:



“Donde aparece la paradoja, muere el sistema y triunfa la vida. Por medio de ella la razón salva su honor frente a lo irracional. Lo que en la vida es turbio únicamente puede expresarse como maldición o himno. Quien no pueda servirse de ellos, sólo tiene una escapatoria a su alcance: la paradoja, sonrisa formal de lo irracional.
¿Qué otra cosa es, desde la perspectiva de la lógica, sino un juego irresponsable y, desde el buen sentido, una inmoralidad teórica? ¿Es que no se abrasan en ella todo lo insoluble, los desatinos y los conflictos que atormentan la vida desde lo más hondo?
Siempre que sus agitadas sombras hablan al oído a la razón, ésta viste sus susurros con la elegancia de la paradoja para enmascarar su origen. ¿Es la propia paradoja de salón algo distinto a la más profunda expresión que puede alcanzar la superficialidad? La paradoja no es una solución, ya que no resuelve nada. Puede emplearse solamente como adorno de lo irreparable. Querer dirigir algo con ella es la mayor de las paradojas. No puedo imaginármela sin el desengaño de la razón. Su falta de pathos la obliga a estar al acecho del murmullo de la vida y a suprimir su autonomía a la hora de interpretarla. En la paradoja la razón se anula por sí misma; ha abierto sus fronteras y ya no puede detener la invasión de los errores palpitantes, de los errores que laten. Los teólogos son parásitos de la paradoja. Sin su uso inconsciente hace mucho que tendrían que haber depuesto las armas. El escepticismo religioso no es más que su práctica consciente. Todo cuanto no cabe en la razón es motivo de duda; pero en ella no hay nada. De ahí el fructífero auge del pensamiento paradójico que ha introducido un contenido en las formas y ha dado curso oficial al absurdo.
La paradoja presta a la vida el encanto de un absurdo expresivo. Le devuelve lo que ésta le atribuyó desde el principio.”



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lunes, 22 de marzo de 2010

Eternity is now (La eternidad es ahora) - André Comte-Sponville

Eternity is now
(La eternidad es ahora)
André Comte-Sponville




"El amor, no la esperanza, es lo que nos ayuda a vivir.
La verdad, no la fe, es lo que nos libera.
Estamos ya en el reino de los cielos.
La eternidad es ahora".


"Love, not hope, is what helps us live.
Truth, not faith, is what sets us free.
We are already in the kingdom.
Eternity is now."



André Comte-Sponville
"The Little Book of Atheist Spirituality"

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domingo, 21 de marzo de 2010

Lo necesario, lo esencial y lo contingente - Jean-Paul Sartre


Lo necesario, lo esencial y lo contingente
Jean-Paul Sartre





“Lo esencial es la contingencia.
Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad.
Existir es ‘estar ahí’, simplemente;
los seres aparecen, se dejan encontrar,
pero jamás se les puede deducir […]

No hay ningún ser necesario que pueda explicar la existencia:
la contingencia no es una imagen falsa,
una apariencia que pueda desvanecerse;
es lo absoluto y, por consiguiente, la perfecta gratuidad. […]

Todo es gratuito, este parque, esta ciudad, yo mismo.
Y cuando uno cae en la cuenta de ello,
el estómago da vueltas y todo se pone a flotar.
He aquí la náusea.”




Jean Paul Sartre

“La Náusea”
(fragmento dicho por el personaje de Antoine Roquentin)

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sábado, 20 de marzo de 2010

Tsunetomo Yamamoto, Tashiro Tsuramoto: las enseñanzas del “Hagakure”




Tsunetomo Yamamoto, Tashiro Tsuramoto
Las enseñanzas del “Hagakure



No ceses en momento alguno de esculpir tu propia estatua.

Plotino




Ante la muerte de su maestro ocurrida en 1700, e impedido de practicar el seppuku, Tsunetomo Yamamoto -uno de los más relevantes samurais del siglo XVIII- se rapó y se retiró a vivir apartada y ermitañamente a una choza en las montañas.

Durante siete años compartió esa vida monacal de retiro y renuncia al mundo junto a su discípulo, escriba y amigo Tashiro Tsuramoto.

Fue este último quien compiló de manera unificada las enseñanzas y lecciones transmitidas a través de aquellas conversaciones de Bushido con Yamamoto, las que luego se llamarían “Hagakure” (expresión que en japonés significa “oculto trás las hojas”).


Como una suerte de “Enquiridion” en versión japonesa, aparecen allí toda una valiosísima suma de consejos, máximas, advertencias y enseñanzas imprescindibles para comprender el modo directriz que las recomendaciones de un maestro samurai dejó como legado a quienes le sucederían en el tiempo.

Bastante poco sabríamos del Bushido como estética de vida y ética de la subjetividad sin la transcripción de aquellas charlas. El “Hagakure” es, desde el punto de vista de la producción de la subjetividad guerrera, un sistema cuyas ideas permiten inferir la complejidad que poseía el modo de vida samurai.

Lo que Foucault conceptualiza –siguiendo a los griegos- como "epimeleia heatou" (Curso del Collège de France, año 1981-1982) es una práctica que si bien se halla ligada a la experiencia, la desborda generosamente. Citando a Foucault, el precepto de la epimeleia heatou se refería justamente a : “trabajar o estar preocupado por algo (…) describe una suerte de tarea, una actividad, implica atención, conocimiento, técnica”.

Ese “modo de cultivarse a sí mismo” a fin de elaborarse, convertirse, experimentarse a sí mismo, transformarse y acceder a un determinado modo de ser implicaba, como vimos, una askesis en la que intervenían toda una amplia cantidad de ejercicios sobre sí y para sí. El “Hagakure” se halla transversalizado constantemente por criterios que apuntan a ese cultivo de sí del que ya nos advirtieran los griegos.

En sus recomendaciones e ideas el “Hagakure” no sólo constituye un bello legado poético-existencial de un maestro a su querido discípulo, sino que ofrece un corpus desde el que se transparenta la ética y estética del modo de existencia samurai. Valga aclarar que hasta el siglo XVII no existió código escrito que aportara de manera clara los criterios de formación y las obligaciones a que estaban sujetos los samurais. Recién en el año 1615 apareció el llamado “Bukhé-sho-hatto”, un breve escrito destinado a las familias marciales que fue realizado por el monje zen Suden. El texto tenía trece preceptos que enmarcaban el comportamiento a esperar por parte de un guerrero samurai. Empezaba con las siguientes palabras:


“Las artes literarias,
el ejercicio de las armas del arco y de la caballería
son los estudios que deben seguir regularmente los samuráis”.


En cuanto a los escritos del Hagakure éstos fueron transmitidos durante dos centurias entre los guerreros japoneses de manera secreta. La reproducción de estos saberes fue hecha a mano, circulando de manera casi invisible entre los denominados samurais “despiertos”. Recién en 1906 esta suerte de memorias pedagógicas dialogadas fueron publicadas por primera vez.


Unas últimas reflexiones (que serían del agrado de Heidegger, seguramente...) de Tsunetomo Yamamoto, recogidas en el "Hagakure":



Sólo cuando uno consiga día y noche pensar en la propia muerte,
aceptar la propia muerte
y vivir asumiendo a toda hora
que el destino de uno consiste en morir,
habrá alcanzado la libertad en el camino del bushi
y podrá desempeñar su función, en tanto que bushi,
sin cometer jamás ningun fallo.



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Ser samurai, o la libre elección del morir




Ser samurai, o la libre elección del morir



Incierto es el lugar en donde la muerte te espera;
espérela, pues, en todo lugar.

Lucio Anneo Séneca



6- La libre elección del morir



Bushido es morir!” -nos hacen saber una vez más las célebres palabras del samurai Tsunetomo Yamamoto desde sus filosas y pedagógicas conversaciones con Tashiro Tsuramoto.

La muerte no sólo resulta ser un deber ético cuando se tiene como horizonte existencial la práctica del combate, sino que para el guerrero el morir es en sí el acto de libertad más básico y radical inscripto en la condición ontologica ética que reclama el Bushido.


“Meditation on inevitable death
should be performed daily.
every day,
when one's body and mind are at peace…”




“La meditación sobre lo inevitable de la muerte
debería ser practicada diariamente,
cada día, cuando el cuerpo y la mente de uno están en paz…”



Morir es la correcta libre elección que ha de tomarse con firmeza dentro de un modo de existencia samurai.

Indudablemente estamos hablando de hombres de un coraje extremo que enfrentaban con un coraje sin igual el rostro de la muerte en la espada sedienta de sangre que empuñaban sus adversarios.

Así pues, el campo de batalla de un Samurai no era ni una metáfora de la muerte, ni un meditar sobre la misma: es su más sincera y honrada opción de vida.

La muerte es la libérrima opción de vida por la opta quien se entrega a una existencia guerrera.

Optar por mantener la vida, por salvarse antes que morir guerreando era sinónimo de la peor de las cobardías. Contra este devenir en el que el valor comenzaba a menguar iban dirigidas las palabras de Tsuramoto en sus conversaciones con su discípulo. Y esta fue la razón por la cual no quiso publicar tales conversaciones, puesto que él mismo percibía la peligrosa radicalidad que debía tener una auténtica postura frente a la muerte para un verdadero samurai.

Cierto halo espartano sobrevuela este mandato de libre escogencia de la muerte. Se dice que las madres espartanas decían a sus hijos antes de partir para una batalla: “Vuelve con tu escudo o sobre él”, aludiendo a la costumbre de los espartanos de traer a sus heroicos hombres muertos en combate portados arriba de sus escudos. Imagino que, de existir una imaginaria madre en la vida de cada Samurai, ésta bien habría podido decir algo similar a lo que decian las espartanas parafraseándolas: “Vuelve con tu espada o bajo ella”.

Esta exigencia de valor heroico capaz de enfrentar cara a cara a la muerte y todos los rostros de peligro con que áquella se presenta durante un combate dió a los samurais su bien ganada fama de soberbios luchadores. De allí también su prestigio basado en el temor y respeto que generaba su sólo nombre como sinónimo de impiadosa ferocidad. Estos venerados practicantes del coraje en la lucha daban sus vidas por y con honor, sirviendo sin titubeos hasta las últimas consecuencias a quien consideraban su Amo o Señor.

Una vez más el emparentamiento con el estoicismo romano no deja de sorprenderme.
Así como Séneca le escribe en sus cartas a Lucilio sobre el imperativo de vivir cada día como si fuese el ultimo, Tsunetomo Yamamoto le aconsejará a su discípulo Tashiro Tsuramoto “morir anticipadamente cada mañana”. De este modo ha de concluirse sin rodeos que, ciertamente, que la vía del Samurai reside en la muerte.



By the “Way of the warrior” is meant death.
The Way of the warrior is death.
This means choosing death
whenever there is a choice between life and death.
It means nothing more than this.
It means to see things through, being resolved.”


Por “Camino del Guerrero” se entiende muerte.
El camino del guerrero es la muerte.
Esto significa elegir a la muerte
cada vez que se presenta la opción entre la vida y la muerte.
No significa nada más que esto.
Significa ver las cosas a través, siendo resueltas.”



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Bushido: la muerte como "sustancia ética"





Bushido: la muerte como “sustancia ética”





El sabio salva su vida al perderla

Epicteto
Filósofo estoico griego
(Hierápolis, 55 - Nicópolis, 135)





5- La muerte como “sustancia ética”



Para el espíritu samurai no hay tolerancia alguna al deshonor.

Si por alguna causa el deshonor acontecía en sus existencias, el precio de la deshonra se pagaba sin medias tintas: con el suicidio.

La ceremonia del suicidio guerrero se denominaba “Seppuku”, y el específico ritual de autodesentrañamiento finalizaba cuando un pariente del suicida, o amigo de éste le cortaba la cabeza. También se realizaba el Seppuku cuando se era capturado en el transcurso de una batalla, o cuando se quería dar una fuerte advertencia simbólica a algún poderoso Señor, y/o también como forma de “lavar” la bajeza de haber cometido una mala acción.


La muerte, como bien puede apreciarse desde las significaciones atribuidas al Seppuku, resulta un tema central en la moral guerrera del samurai. Dicho de otro modo, la muerte es la “sustancia ética” del Bushido.

Cómo se ha de posicionar el guerrero ante la muerte, frente a la muerte, desde la muerte, y para la muerte constituyen todas ellas una misma línea de demarcación ética radical para saberse y considerarse un auténtico Samurai.

En tal sentido se ha dicho (no sin vasto sustento) que el meollo mismo del Bushido, su esencia por así decirlo, es esa cabal comprensión del “ser-para-la-muerte” (y no justamente como comprendería Heidegger esa expresión varios siglos más tarde).




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La “enkrateia” y el dominio de sí en la ética samurai




La “enkrateia” y el dominio de sí en la ética samurai





Conquistar a los demás requiere fuerza; conquistarse a sí mismo el máximo vigor.
El que está contento con lo que tiene es verdaderamente rico.

Lao Tsé





4- La “enkrateia” del Samurai


Alcanzar la realización como guerrero incluía no sólo competir, superar y derrotar a los adversarios sino tener como prioridad el ejercitarse en todo aquello que apunte a superarse a sí mismo.

Se trata, como puede observarse, de una ética de la superación y la excelencia. La misma conllevaba un duro trabajo sobre el cuerpo, sobre el alma y el pensamiento. Esto es lo que podría llamarse una particular forma de constituirse a sí mismo como sujeto ético mediante una –original y singularísima- modalidad de relación consigo mismo.


El principio que los griegos antiguos denominaban "enkrateia" (principio que regula al dominio de sí mismo) es completamente aplicable al moldeo de la subjetividad que operaba en el “alma” del guerrero samurai. Una forma activa de dominarse y, en consecuencia, de alcanzar el autogobierno, permitía soportar, resistir, luchar y vigorizarse espiritualmente.


Pero lo fundamental es que, como consecuencia de todo ello, el combatiente se garantizaba una fortaleza que excedía el uso de su fuerza física o su magistral destreza con la espada: lo que aquí quedaba garantido con la práctica de la "enkrateia” era el hecho de no dejarse vencer jamás bajo ninguna circunstancia.


El orgullo samurai era no sólo el resultado de un arduo trabajo físico y cultivo de habilidades de lucha que se demostraba en el campo de batalla. Antes, mucho antes de cada contienda, en la silenciosa cotidianeidad de las vidas de estos ascéticos hombres aguerridos, se libraban las verdaderas batallas: aquellas que acontecían en el “interior” de sus propias cabezas (lo que equivale a decir en las luchas por el dominio de sus cuerpos, sus deseos, sus apetencias, sus pasiones, sus temores).

Las primeras y últimas fuerzas a las que había de enfrentar y vencer un Samurai eran aquellas que se debatían en su mismísimo interior, en su sí mismo. Ese era el lugar en el que se debía ser capaz de vencer. Salir victorioso cuando la lucha tiene por territorio a uno mismo: tal el primer precepto a cumplir en lo que a contiendas se refiere. Luego, por añadidura, llegará la gloria de triunfar en las batallas guerreadas contra el enemigo. En palabras del legendario Samurai Tsunetomo Yamamoto:


“Even if one's head were to be suddenly cut off,
he should be able to do one more action with certainty.
With martial valor,
if one becomes like a revengeful ghost and shows great determination,
though his head is cut off,

he should not die.”




“Incluso si la cabeza de uno fuera repentinamente cortada,
deberíamos ser capaces de llevar a cabo una acción más con certeza.
Con valor marcial,
si uno se convierte en un fantasma vengativo y muestra gran determinación,
a pesar de que su cabeza esté cortada,
no debería morir.”


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El maestro y la cuestión del “modelo” en la pedagogía del Bushido




El maestro y la cuestión del “modelo” en la pedagogía del Bushido





Con el verdadero maestro el discípulo aprende a aprender, no a recordar y obedecer.
La compañía del noble, no modela sino que libera.


Nisargadatta

(Bombay-India, 1897-1981)




Solo hay una manera de ser maestro: ser discípulo de sí mismo.


José Camón Aznar

Historiador y escritor español
(Zaragoza, 1898 — Madrid, 1979)





3- El maestro como guía y modelo


El Bushido se basa en la constante transmisión de una serie de valores y creencias cuyos profundos sentidos se debían comprender a partir de lo dicho por las palabras mismas. Pero comprender lo que enuncia el Bushido implicaba bastante más que alcanzar la intelección racional de lo que significan cada una de sus frases. El Bushido apunta a llegar al guerrero desde planos mucho más complejos que los que permite (y limita) la poderosa arma que de por sí es la palabra. Es por esto que desde el Bushido se tratará de transmitir el valor que emana de mantener la unidad indisoluble entre palabra-acto-vida.

En este contexto, la noción de “modelo” -como el referente a quien se ha de imitar para alcanzar lo mejor de sí mismo- es completamente coherente con la cosmovisión en que embebían sus creencias.

Desde el “modelo” (encarnado en la figura pedagógica del “maestro”) cada quien se exige constantemente apartarse del reposo, encarando con el mayor esfuerzo el trabajo y la acción sobre sí mismo. Nunca decaer. Esta incansable “ascesis” (como ya planteamos en otros temas referidos al Bushido y la ética guerrera) debe ser entendida como el ejercicio tendiente a la constitución progresiva de uno mismo en "objeto y fin absoluto" sobre el que ha de trabajarse desde la firme voluntad. Este trabajo sobre sí mismo sólo podía llegar a lograrse mediante esta intermediación del otro como modelo.


El cuidado de uno mismo es algo por aprender, y en esta pedagogía guerrera tendiente a lograr un correcto gobierno de sí mismo se torna imprescindible la presencia del maestro como guía orientador. Se trata, aclaremos finalmente, de una relación teñida de los valores de la nobleza, con un alto sentido del respeto hacia quien oficie de modelo, y una suerte de devenir amistoso que sin embargo conservará siempre sabiamente la asimetría entre los dos participantes de la interacción.




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El Bushido y la “conversión estoica” del guerrero




El Bushido y la “conversión estoica” del guerrero





Quieres cultivar tu alma? Vive pobre o como si lo fueses.


La verdadera felicidad no consiste en tenerlo todo, sino en no desear nada.



Grandes riquezas, gran esclavitud.




Lucio Anneo Séneca
Filósofo estoico
(Roma, 4 aC.- 65 dC.)




2- El desapego estoico



El ideal estoico de los samurais queda puesto en nítida visibilidad a través de sus hábitos, los cuales revelan una vida francamente desapegada de los bienes materiales o de cualquier interés por las riquezas y las banalidades de la fama.

Sus vidas, que rayaban con la frugalidad, estaban enmarcadas en un conjunto de prácticas muy similares a las que llevaban adelante los antiguos romanos. Para los estoicos (y de idéntica forma para los samurais) la transformación-conversión de sí mismo es un eje rotundo en el moldeo de la subjetividad. Esta transformación (conocida en el caso de los estoicos romanos precisamente bajo el nombre de “conversion estoica”) no estaba tanto basada en la adquisición de conocimientos, sino en el hecho de lograr liberarse de todas aquellas formas de dependencia que esclavizan.

El guerrero se libera de lo que no controla.

No es esclavo de ninguna atadura mundana, llámese a esta “dinero”, “bienes”, “objetos”, “poder”, "reconocimiento". Y esta liberación de lo que lo esclaviza (o potencialmente lo esclavizaría) se basa en la continua práctica del ejercicio ascético.

La independencia del mundo externo y sus superficiales juegos de espejismos resulta un camino ineludible a seguir para adquirir una verdad, la verdad del Bushido como ethos en que habitará el guerrero.


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