sábado, 1 de diciembre de 2007

Sobre los carceleros y los rehenes de las creencias

¿Qué pretende aportar una doctrina hoy tan agrietada, oscurantista, retrasada y triste como el cristianismo, a través de este tipo de pregón-encíclica?

El cristianismo es una máquina imperfecta y desgastada que ha aportado y aporta al control social - “amaestramiento” de cuerpos y conciencias a fin de volverlos funcionales para los fines de conservación de ciertas estructuras a-céntricas de poder. El cristianismo es, desde ese punto de vista, un complejo mecanismo capaz de mantener las subjetividades en estado de rehenes. Una fábrica de captura que lleva dos milenios en marcha. No se trata de ir o no a la misa del domingo, pues las creencias que recicla y pregona entran y desovan de modo reticular en el funcionamiento de las principales (hoy, muy resquebrajadas también) instituciones sociales: la familia, el Estado, la escuela-educación, y los dispositivos de salud. Y todos transitamos por ellas. Si cabe la metáfora orgánica, algunos desarrollamos mejores anticuerpos ante las calamidades que este tipo de creencias nos imponen diariamente, no sin pagar costos, desde luego, pues toda resistencia requiere de un quantum de energía opositiva bastante alto y resistir es cosa de espíritus dotados fuertemente. Otros se resisten un poco sin lograr gran cosa más que terminar enfermando por no lograr la adecuada autoinmunización contra las porquerías por las terminan transando hora tras hora, año tras año. Y la gran e inmensa mayoría, vive en un estado de debilitación tal, que casi sin querer y/o a conciencia “necesita” de un stock de creencias más o menos fijas que los re-ligue con otros débiles, que le proponga un “programa”, que le presente en lo venidero del más allá o más acá una fábula salvacionista llamada “resurección”, “Estado proletario”, “Raza aria”, o cualquiera de los “cielos prometidos” disponibles y a mano para los diversos consumidores de ilusiones futuristas. Dentro de esta franja estarán los feligreses, los más críticos pero que no romperán filas jamás, los que se des-institucionalizan (dejan de ir a misa, rechazan parte del espectáculo) pero compran la “parcela” del Dios intimista y personal. En cualquier caso, es lo que Nietzsche llamaría esclavos de la moral, elijan el sub-grupo que elijan finalmente.

Pero vemos al marxismo, evocado por SS en su encíclica con dureza. El marxismo (si es que se me permite la “burrada” transitoria de englobar lo que en realidad son muchos y diversos marxismos), matando a Dios no avanzó en desterrar el parásito de la religiosidad. Ese fue su “pecado” pero también su paradojal condición para poder existir. Sólo ocupó el lugar institucional vacante que dejaba Dios y sus representantes, con otro tipo de religiosidad: la de la militancia. En ésta, el religarse cambio de espacialidad: la Iglesia por el comité. Suplantó personajes clave: al sacerdote por el dirigente político de la vanguardia. Pero se siguió dirigiendo a las masas hambrientas de ilusión y esperanza salvacionista. Con todo, debería pensarse al marxismo como un modo fallido y nacido para el fracaso al apuntar a “imposibles” tales como el ideal de justicia, de distribución, de igualdad en un mundo real que está sumido en las tensiones agónicas, en donde no somos todos iguales más que desde la visión “ideal” del derecho, y en donde los recursos son limitados y existen mal distribuidos casi naturalmente desde tiempos primigenios signados por luchas por el control de los mismos (sea que miremos edades arcaicas, sistemas de producción esclavistas, o cualquier modo de desarrollo del capitalismo). No todos somos iguales, no todos podemos tener lo mismo, no somos más que máquinas supervivientes egoístamente lanzadas a autoconservarnos. Una visión terrible, discutible, doliente, pero despojada hasta los huesos de realidades comprobables. El marxismo, en una visión piadosa y algo romántica, mucho más realista que la del cristianismo pero sin su carga metafísica, y valiéndose de la creencia en la transformación de las condiciones materiales de vida, cayó en la trampa de cazar delatores, traidores, opositores, etc. en una neoversión de los desmanes cristianos pero son fines hipotéticamente más justos. Lo que sí habría que reconocer, es que muchos de los que se sumaron a conciencia a las filas de a militancia, reconociendo su debilidad individual y su captura de conciencia en las garras del falsomundo capitalista-cristiano, “realmente” creyeron en la idea de la necesidad de unirse ante un enemigo y en el mejoramiento de las condiciones de vida terrenas a través de la tristemente famosa “toma el poder”. La intencionalidad del marxismo, del materialismo dialéctico como su doctrina, fue de un tono netamente más telúrico que el cristianismo, más cercano a pretender resolver de algún modo las humillaciones que las arbitrariedades del poder imponen sobre los cuerpos. Y sobretodo (en este punto hay algo que puede pensarse como un ateísmo imperfecto) fue un intento de no dejar la “chance de estar vivo” librada a nadie extra-terreste o meta-fisíco: Dios no los salvaría de las laceraciones del trabajo diario y de la alienación, había que pensar en un modo de salvación desde acá y con proyección en el acá del futuro. Claro que el programa socialista apuntó con armas equivocadas hacia objetivos, casi casi en su mayoría, imposibles de modificar. Podría decirse bastante más al respecto, pero esto es un blog y la idea es pensar sin hacer de ello un documento universitario ilegible y denso.

Volviendo al propio discurso cristiano, éste ofreció-ofrece siempre ha sido una fabulosa herramienta de consuelo psíquico-emocional ante la inminencia de nuestra frágil condición de “seres para la muerte” (al decir de Heidegger). Desde ese punto de vista, al ofrecer una solución ilusoria al morir, y con la angustia que esta inmodificable condición despierta en nosotros desde niños, nos enlazaba desde lo más frágil de nuestros temores infantiles. Ofreciendo la vida eterna, la posibilidad de redimirnos de nuestras faltas en el más allá, y por sobre todo, resolviendo el dolor desgarrante de perder a nuestros seres queridos sin poder volverlos a ver más (o que ellos nos pierdan a nosotros) era lógico que la doctrina “prendería” como un abrojo en los doloridos humanos concientes de que la cesación siempre llega. Y esto ya es bastante como para seguir ganando adeptos siglo tras siglo, pues compartimos con cualquier habitante de la antigüedad o del futuro la inquietud ante la muerte. El cristianismo -tal como lo hace cualquier religión monoteísta- al hacernos suponer que abrazándolo se sutura la irremediable sensación de sentirnos seres finitos, tenía garantizadas centurias dentro del imaginario social.

Pero además de ofrecer este “cuento” salvífico y reposante para nuestras inquietas vidas vividas como irremediables mortales, también utilizó su capacidad de hacerse una religión masiva para perpetrar crímenes y vejámenes a fin de conservar las ventajes de su dominio. Empuño la espada en las cruzadas, encendió hogueras contra la desobediencia de los paganos, mujeres y herejes, por nombrar algunos de sus más macabros… actos de amor???

Manipuló cuerpos y conciencias con la extorsión de la culpa, el pecado, el remordimiento, el castigo, o el infierno, entre otras construcciones sumamente eficaces para mantener a su ejército de débiles almas ovinas en estado de sumisión, obediencia, control y miedo. Devino rápidamente en una “máquina antideseante”, con un engranaje fino mezcla de discursos y prácticas reales con las que crear dolor, resentimiento, temor al cuerpo y sus emociones-pasiones. Lejos parece estar de estos notables efectos secundarios su pretensión de ser una religión basada en el “amor al prójimo” y la tolerancia. Escuchar a SS mencionar el amor me genera sensaciones vomitivas, realmente.

Si el sacerdote es una de las principales figuras en las puede condensarse el resentimiento, la mala conciencia y la falsedad hipócrita, los seguidores no lo son menos. En un perdido pueblito, el maestro de escuela (que reza todas las noches y se casó en la Iglesia del pueblo con la novia de la adolescencia) transmitirá lecciones de la doctrina de la compasión sufriente y el dolor del alma que se supera con la fe en el aulita a sus chicos, si es que no se enrola antes trágicamente en las inmundas filas del abusador infantil. El médico, ese que comulgó el domingo en misa de 7 aunque el viernes le metió los cuernos a su mujer con la colega el hospital (pero se confesó diez minutos antes de misa y rezó sus purgantes avesmarías antes de embocarse la hostia en la misma boca con la que rastreo oralmente el pubis de su amante), ese mismo médico mirará con la mirada de la severidad moral culpabilizante a la jovencita embarazada accidental y tontamente, esa que acude en ayuda luego de un aborto mal realizado. La Iglesia no es el Papa, sus purpúreas ratas que lo rodean, o sus oscuros clérigos. También lo son sus creyentes, quienes funcionan como pequeños replicantes sociales de las encíclicas a nivel microsocial: en el aula, en la escuela, en la sala del hospital, en la mesa familiar.

La capacidad replicante de los valores morales que propició y propicia el universo de preconceptos y valores católicos se filtra en todas las instituciones que diariamente nos moldean, por el sólo hecho de estar todos en estado de contacto necesario con aquellas: quien no ha ido al colegio, no se ha topado con un médico con prescripciones morales encubiertas de prescripciones farmacológicas, o no ha tenido una abuela-tía-vecina que mientras encendía alguna vela a su estatuita de yeso favorita y besaba al santito de la estampita del mes daba alguna “recomendación para la vida”. Visto así, SS está parcialmente en lo cierto: Jesús era un filósofo, y mi vecina… su discípula????!!!!! Existe comparación alguna entre mi abuela y Platón, dado que Jesús sería como una especie de super-Sócrates iluminado???!!!! Era mi vieja Tía-abuela Bernadette -con su rostro cerrado y enojoso, vestida con sus oscuras ropas, su rosario al cuello y su olor a naftalina- una seguidora filosófica que yo no llegué a ver nunca detrás de sus refunfuñamientos resentidos contra todo lo que coloridamente yo veía como “vida”??? Pero!!! Haberlo sabido antes que mi barrio era una gran escuela de discípulos filosóficos y la Iglesia no era un templo con frío mortuorio sino un espacio abierto al saber, a la verdad, a la investigación, a la belleza, a la exploración de los sentidos!!!!

Qué desfachatez la de SS, qué nueva muestra de hipocresía, que paroxismo de la ignorancia, qué humillante leer esta encíclica y saber que uno pertenece a la misma “especie” que el autor del aclamado público documento. Y ni hablar cuando uno pasa un rato por algún foro de algún periódico electrónico y ve esas especies de fellatios simbólicas colectivas, qué vergüenza ajena se siente!!!

Y bueno, este sujeto hace su movida de poder, nada nuevo bajo este sol, un sol que ya se ha ido de Bangkok. Anochece por hoy.

Me quedo pensando el problema que presenta la “voluntad de creer” que parecería estar delante, en medio y detrás de todo esto…

Benedicto: los ateos te confiamos el cuidado del purgatorio y el infierno...



"Let us put it very simply: man needs God,

otherwise he remains without hope."

SS Pope Benedict XVI - Spe Salvi



A veces ciertas coyunturas merecen que tomemos un desvío con respecto al plan de viaje inicial. En este caso será que peguemos un volantazo con respecto al supuesto propósito de trabajar en la resemantización que me tenía tan entretenida. Ahora que lo pienso mejor, éste no será un abandono del propósito sino un auténtico tomar un costado del camino que finalmente permitirá revisar otros aspectos vinculados a la construcción de sí.

Leo los diarios: me anoticio de que Benedicto XVI acaba de firmar su segunda encíclica, Spe (“Salvados por la esperanza”).

Me detengo casi sin demasiado interés inicial, pero un tanto curiosa por los titulares de diversos medios en los que se señala que la mencionada encíclica critica con dureza al ateísmo. Se endilga a éste el que haya llevado a "las formas más grandes de crueldad y de violaciones de la justicia" que se hayan conocido hasta ahora en la humanidad. Como dato, menciona dos hechos históricos significativos: la Revolución Francesa y la revolución del proletariado pregonada por Marx, para con quien es rotundamente critico. Luego habla de un “ateísmo de los siglos XIX y XX”.

Spe salvi señala que la idea de que el hombre pueda pensar en algún tipo de salvación en la Tierra, es "tanto atrevida como intrínsecamente falsa". De lo que deduce: No es por accidente que esta idea ha llevado a las formas más grandes de crueldad y violaciones de la justicia. Un mundo que no puede crear su propia justicia es un mundo sin esperanza". Un detalle más, imposible de ignorar en el documento: los llamados "Lugares de aprendizaje y de ejercicio de la esperanza" los divide en tres: la oración como escuela de la esperanza, el actuar y el sufrir, y el Juicio de Dios (sic). Habla, asimismo, de Cristo como el "verdadero filósofo" que nos dice "quien es en realidad el hombre y qué debe hacer para ser verdaderamente hombre". A su vez, en una especie de entrada involuntaria al túnel del terror que parecía no terminar más, me encuentro con que el Papa reafirma además, la existencia del infierno y el purgatorio. Mi mañana exuberante de sol sin nubes en Bangkok se transformó en una especie de olvidada promesa de un fin de semana sereno.

Para aquel que quiera imaginar la escena: vivo en Asia, en su cálido sudeste, cada mañana me despierto en un Asia que son muchas. Voy aprendiendo a vivir en una región del mundo en la que 9 de cada 10 habitantes practica la fe budista. Camino cada día en una ciudad caótica, pero amable, donde el perfume de los inciensos y la comida que se deja como ofrenda en los altares que hay en casi todas las calles generan una mezcla de olores que acá se asocian al ritual, a la plegaria, al respeto, al rezo. Hay templos, desde ya, pero en las calles muchos más son los que piden, ruegan por que sus pedidos se concreten (rezan a Buda, a sus ancestros familiares, a sus deidades paganas del agua, de la lluvia, de la prosperidad). Acá hay religión, hay re-ligarse en el budismo (un budismo con muchos más elementos sensualistas brahamánicos e hinduistas que el tibetano, pero definitivamente acá se vive en medio del budismo). Aquí hay esperanza en el plano de los deseos personales, pero la idea de salvación, de cielos e infiernos es completamente desconocida por el ciudadano/a promedio. Hay islámicos, suecos, italianos y siks en cualquier esquina transitada. Todo coexiste. A ciertas horas del día grupos de rapados monjes envueltos en color naranja y con simples sandalias por calzado, andan por las calles, e incluso alguno que otro entra a los mega shoppings que abundan en esta ciudad llena de fake ID, fake clothes, fake watches, fake consciousness, fake people. Aquí hay -en una mezcla novedosa para el día a día de mi mente y mis trajines- diferencias muy marcadas, inautenticidad, convivencia de los diversos, inversión de la lógica convencional, doble moral, inequidad social, monarquía, sensualismos varios. Un mosaico exótico, sin dudas. Pero no hay mucha noticia acerca de qué es exactamente eso de pecar, eso de purgar, eso de salvarse gracias a Dios a pesar de que se podrían forzar las analogías entre estos diversos mundos religiosos. Desde ya que existe la necesidad de “creer”, se cree en Buda, en los malos actos que equivaldrán a la creación del mal karma, etc. También la gente vive con una mínima esperanza de cambiar (sólo sujeta de la fe religiosa en la siguiente vida y no en ningún tipo de “movilidad social” pues acá se han salteado la etapa del Estado benefactor moderno). Acá hay aceptación del destino, cumplimiento o padecimiento del karma, rueda de reencarnaciones en las que el comportamiento actual signará un “mejor o peor” lugar para el alma que ocupará el siguiente cuerpo. Pero en lo que hace a encíclicas y sacras razones vaticanas, se escucha como si se tratara de un ruido lejano… pero yo no soy budista, ni he sido subjetivada en un dispositivo familiar-cultural oriental, y mi mañana diáfana quedó definitivamente turbada.

De pronto, SS Benedicto XVI, Herr Ratzinger o Benedicto (o BenAdicto, como leí irreverentemente por ahí que se le llama) se aparece con ésto para quemarse las neuronas reflexionando. No porque sus palabras sean incuestionablemente puestas en el candelero de los debates esa debe ser una razón suficiente en sí misma para tormarse el tiempo de analizar su discurso. No. No se trata de que “SS” valga la pena ser leído y analizado cuando emite un grupo de enunciados. SS puede decir lo que quiera, cobrar las regalías de su próximo Best Seller -hipocriteando una vez más sobre el risible voto de pobreza- y seguir aportando a la opulencia vaticana más parecida a un sapo voraz que a un real Estado-país. En lo que a mí respecta, los eructos malolientes de cualquier jerarca de cualquier institución momificada no generan mis ganas de salir corriendo a batir palmas y a besar anillos. Tampoco siquiera suelo combatir estos discursillos del resentimiento, sentiría estar desperdiciando mi tiempo personal. A decir verdad, mi sentimiento primero suele ser despreciante. El segundo movimiento que se me pone en funcionamiento, es ignorarlos aún sabiendo que “ahí están”, coexisten en mi mismo tiempo-espacio de existencia. Pero la racionalidad que sigue a mi primera reacción visceral y a mi inherente imperturbabilidad interior cuando sé que algo no es modificable (que genialidad la de los primeros estoicos al empezar a mencionar el valor de supervivencia de los comportamientos de ignorabilidad ante lo inmodificable!) ambos me llevan a veces a pensar en las consecuencias que algunos discursos del orden tienen-tendrán sobre nuestras diarias vidas y sus pasares-accidentes.

Así planteado, lo que resulta relevante son las resonancias que genera este tipo de aseveraciones cuyas prescripciones y creencias llegan lejos en el corto plazo, pues se meten como pequeñas esquirlas imperceptibles dentro de la subjetividad hasta de los más escépticos. SS me resulta un ser temible, que hace sus jugadas de poder con cartas marcadas, ajadas, repugnantemente in-creíbles. Pero hay que admitirse a lúcidamente a sí mismo, aunque cueste, que aún hoy encuentra fieles, adeptos, creyentes que tomarán “algo” de lo que dice y lo traducirán a la versión más light de “un Dios personal, no el de la Iglesia” en el mejor de los casos. Purgar y morir en las llamas no me extraña que sigan siendo modos de punición que siguen tratando de mantenerse o entrar en la mente de la mano del cristianismo… con ese fervor con que han quemado cuerpos durante siglos del medioevo declinando de hacerlo recién a partir del siglo XVI!!! -¡Qué gusto siguen teniendo estos tíos por las llamas!!!- diría mi amigo español.

SS le habla no sólo a sus necios de primera fila, no sólo a sus empresarios bienamados, no sólo a los que reservan boletos cada año en la plaza romana para ser bendecidos por su esquemático y metafísico espectáculo vacío. Esos “quieren” escuchar que el teatro de sus creencias sigue vivo. Pero lo que me inquieta es que SS le habla a la población general de purgar y morir más allá de la muerte en esa re-muerte que se reserva para las malas almas en el infierno. Ahí parece que irán los cuerpos de los transgresores que se salen de las filas del rebaño, parece que le habla a los vientres de las mujeres que optan por abortar, parece querer hablarle a los hombres y mujeres que hacen ciencia, parece que dirige sus oscuras premoniciones espirituales a los oídos de los niños sanos que crecen fuera de todo este circo con mapas mentales ajenos a cualquier circo religioso.

Pero bueno, SS está un poco gaga.

Capaz se olvida de los infiernos terrenos que tiene dentro de casa. Se olvida de las hostias dominicales que masticaban Videla y Massera mientras masacraban seres en cifras de 4 ceros. SS parece olvidar las guerras santas, los exterminios en nombre de su Dios, las guerras que ha bendecido desde tiempos inmemoriales. Su memoria selectiva sólo recuerda eventos letales como el stalinismo. Esto por no mencionar que SS parece alegremente ignorar los estragos que su doctrina genera en sus propios sacerdotes. El desastre que el control de las pulsiones genera, pudriendo mentes, desviando a niveles inconcebibles las sanas pasiones que deberían haber llegado a gratos fines antes que satisfechas, por ejemplo, a expensas de los menores de edad. Claro, eso no parece ser crimen aberrante para SS. SS no dice nada en su encíclica de los desgraciados pedófilos que viven escondidos bajo la custodia moral de sus iglesias, ni parece querer ver los elocuentes datos estadísticos y psicológicos que ubican al deseo homosexual bajo la sotana de muchísimos de sus clérigos.

SS y su encíclica, la querramos debatir o la ignoremos olímpicamente, llegan muy cerca, tan cerca que entra en los modos de subjetivación, en nuestros cuerpos, en los modos en que se configuran nuestros deseos, o se distribuyen nuestras sensaciones de culpa. Y por eso estas renovaciones de valores y creencias, por más perimidos, ridículos, patéticos, descaradamente mentirosos que nos puedan resultar a algunos, llegan para quedarse y reciclar valores ruinosos pero vigentes. Se puede ignorar esta encíclica u otras, pero no se puede ignorar que el alcance del envenenamiento cristiano en las mentecuerpo de los mortales ha sido y es de gran efectividad.

viernes, 30 de noviembre de 2007

¿Un "modo aristocrático de vida"?

¿Por qué insistir en diferenciar la propuesta de “modo aristocrático de vida” de las acepciones “decadentes” de aristocracia en el camino hacia una posible resemantización radical del término? Pues porque el arrastre de residuos de sentido propios de la moral judeo-cristiana ha contaminado -casi a muerte- a la noción de aristocracia. Un poco antes de la irrupción del cristianismo, ya entre los griegos de los tiempos socrático-platónicos se había comenzado a “decadentizar” los aspectos noble-heroícos de los aristócratas tal como los había presentado y descripto Homero mucho más atrás. Pero a pesar de esto último, una vez más, vale la pena “la vuelta a los griegos” (al menos a los presocráticos sin lugar a dudas). Esa sigue siendo una ruta que abre luz contra las sombras de las doctrinas del resentimiento, una doctrina cuyo cuerpo y seudópodos morales no tardaron en alcanzar a las principales características de aquel “modo aristocrático de vida” para circunscribirlo dentro del cerco de “lo malo”. Ese “modo aristocrático de vidaque aquí nos interesa rescatar y revalidar conlleva la dura tarea de vaciado de significaciones. E incluso, por momentos, implica poner “patas para arriba” ciertos sentidos comúnmente asociados a lo aristocrático.

A partir de lo anterior emergen una pregunta y su respuesta provisoria, y a partir de ambas se puede arrimar a una primera instancia de desafío intelectual: ¿estamos en condiciones de “imaginar” (crear, invencionar, engendrar) una noción de aristocracia tal que convoque la generosidad, la competencia, la superación, el ideal de perfección, la autosuperación, el egoísmo, la libertad, la autonomía?

A esta altura, alguien bien podría preguntarse si es posible hoy (aquí, en este enmarañado Siglo que aún despunta) vivir de acuerdo a un “modo aristocrático de vida”, máxime si con ello queremos decir que se trata de plantear una posibilidad ontológica nueva, un modo radicalmente nuevo de subjetivación aunque veamos ya sus trazas en héroes como Aquiles, en mitos como el de Hércules, en biografías como la de Sapho, en el devenir de un Alejandro Magno, o en vidas filosóficas como la del despojado cínico Diógenes para citar algunos caros ejemplos.

Y más preguntas bullen en esta caldera irradiante de posibilidades:

¿Seremos capaces de involucrarnos en tamaña empresa de invención?

¿Por qué valdría la pena sostener que un “modo aristocrático de vida” la configuración ontológica alterna a los modos de vida esclavizantes, alienentes, depotenciadores?

¿Es ésta propuesta una posibilidad real, practicable, de subjetivación extramoral?

¿Qué conexiones se establecerían entre las nietzscheanas nociones de “noble”, “espíritus libres”, “superhombre” y “modo aristocrático de vida”?

Siendo éste, un modo de vida planteado más allá de la moral y más allá de cualquier idea de Dios y religión, ¿resulta el “modo aristocrático de vida” una práctica efectivamente realizable en medio de las condiciones subjetivas de nuestro entorno imaginario social signado por los múltiples modos que adopta el resentimiento, la imbecilización religiosa, la gregarización, los ideales colectivistas, y demás carcinomas socio-culturales?

¿Qué tipo de coraje requeriría el “modo aristocrático de vida”?

¿Es posible “educar” bajo el signo de esta configuración existencial?

Los interrogantes, como cancerberos perros acechantes, parecen rodearnos con su bravía capacidad de hacerse escuchar por encima de nuestros posibles primeros argumentos. Al menos por ahora, las dejaremos que nos chumben… pues, hemos empezado a cabalgar.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Sobre una posible ética aristocrática

Bueno, ya había anunciado el asunto nada simple de resemantizar la noción de aristocracia a fin de ponerla al servicio del proyecto que llamaríamos "la construcción de sí". Pero resemantizar, implica una actitud inicial eminentemente deconstructiva, un vaciar la palabra aristocracia misma de sus sentidos viciados, de sus retorceduras ideológicas, amputarle sus referencias ajadas a fin de desterrar el baño de resentimiento que acompaña a la resonancia de sentidos que se asocia a tal expresión. Aristocracia no es “la realeza”, ese decadente parásito que aún larva en diversos estadíos en diversos rincones del planeta. Tampoco es aristocracia entendida como la entiende el catecismo marxista, o sea, como parte de la “clase dominante”. Mucho menos es sinónimo de tirano.

Aristocracia, sí o sólo sí es tomada en el antiquísimo sentido homérico que se da a esa palabra dentro del Canto VI de La Ilíada:


αἰὲν ριστεειν κα περοχον μμεναι λλων

“Siempre ser mejor y superior a los demás.” Esta expresión es puesta en boca de Hipóloco, padre de Glauco, el aliado lisio de los troyanos. Idéntica frase puede hallarse nuevamente en el canto XI. En esa ocasión será Peleo quien dirigirá dichas palabras al héroe Aquiles. Por lo que desde aquí mismo trazaría ya una línea imprecisa pero genealogizable de la noción de aristocracia como expresión que convoca a la excelencia noble a la que debe aspirar la construcción de sí. Lejos del resentimiento, cerca de la potencia que aspira a lo perfecto. Lejos de la lógica del rebaño y cerca de la nobleza de ser Amo de sí. Lejos del arrodillamiento, cerca del vivir y morir heroicamente de pie.

Espíritus Libres... ahi vamos!

Hola a todos/as!!!


Desde la lejana Asia los pensares e ideas, lejos de entrar en estado de cesación budista, se continuan disparando y entretejiendo.


La razón (si es que alguna estrictamente enunciable hay) de este blog es, en principio, la de construir un modo posible de mitigar el ancho espacio físico que me separa en estos tiempos de la gente bienamada y de los/las co-pensadores/as con los que compartí horas de intercambio de ideas-discusiones-aprendizajes-descubrimientos.


Este blog va dirigido a cuanto Espíritu Libre haya dando vueltas por allí a fin de hacer del intrépido dibujo que traza el vuelo de nuestras existencias, una trama pasionalmente compartible.


La dimensión organizativo-apolínea de este espacio está por verse. En principio, de arranque, habrá un tema de discusión mensual, esta vez introduciendo algunas líneas de debate sobre ética aristocrática y construcción de sí.

Mientras, mando abrazos a los conocidos que se quieran sumar a la movida y un cálido "Bienvenidos..!" que hago extensivo a todos los que se arrimen al palenque del pensamiento !!!