domingo, 30 de mayo de 2010

Nadie es dueño de vivir en todas partes


Nadie es dueño de vivir en todas partes


(Para Lorena)





“Tu deber es descubrir tu mundo y después entrégate con todo tu corazón.”

Buda







"Nadie es dueño de vivir en todas partes". Frase nietzscheana que nos recuerda nuestro caracter de seres finitos, mortales, en algún sentido, demasiado breves.


Justamente se dice de esa criatura imaginaria llamada "dios" que es ubicuo, esto es, puede estar donde le plazca. Lamentablemente las religiones de control y punición utilizan la versatilidad de su principal ser imaginario para hacer sentir no sólo acompañados a sus fieles, sino también para poner el ojo panóptico controlador sobre sus actos. Dios de la paranoia que pierde el don de versatilidad geográfica para ganar control y obediencia aplicando debidamente las sanciones a quienes se desvien de sus mandatos morales.  La ubicuidad extravía su mágico sentido en pos de la ominisciencia divina buscadora y corregidora de viles pecadores.

Pero dejemos esta tensión en que la multilocación es atributo de deidades y volvamos con los pies sobre la Tierra a nuestra limitada pero mejorable condición humana.


 
"Nadie es dueño de vivir en todas partes"
Nos vamos acostumbrando a manejar en nuestro mapa cognitivo ciertas antiguas visiones  integrales acerca de la salud y el cuidado de sí. Hoy en día se tiende a incluir toda una serie de recomendaciones dietéticas de modo tal que cada quien vaya construyendo una observación detallada sobre todo lo que su organismo “internaliza”: alimentos, colesteroles ambos, bebidas, brebajes, nutrientes, etc. Tiempos de atención dietética.

Estas recomendaciones resultan fundamentales para preservar la salud física, máxime porque debemos considerar que el humano es un bicho decididamente incorporante. Alimentario, en un sentido amplísimo.

Se nos adentran las vitaminas, las sales, el oxígeno, pero también la contaminación, el ruido, las imágenes constantes, los gritos. Y también incorporamos las palabras, las caricias, los olores, las ideas. Vasto es el universo de los estímulos.  Y relativamente insignificante nuestra capacidad comprensiva acerca de cómo cada materia, cada ser, cada cuerda  intangible que suena en nuestro mundo, cada  imperceptible vibración de energía impacta en nosotros y viceversa.

Somos seres incorporantes de todas las formas de materialidad con que interactuamos.
Todo lo habiente nos afecta, y vaya si lo hace!
Animales digestivos de material palpable, energía  y estímulos… los perceptos nos rondan por doquier.


Nos dice Nietzsche en “Ecce Homo”:

“Con el problema de la alimentación se halla muy estrechamente ligado el problema del lugar y del clima. Nadie es dueño de vivir en todas partes;  y quien ha de solucionar grandes tareas que exigen toda su fuerza tiene aquí  incluso una elección muy restringida. La influencia del clima sobre el metabolismo, sobre la retardación o la aceleración de éste, llega tan lejos que un desacierto en la elección del lugar y de clima no sólo puede alejar a cualquiera de su tarea, sino llegar incluso a sustraérsela del todo: no consigue verla jamás. El vigor animal no se ha hecho nunca en  él lo bastante grande para alcanzar aquella libertad desbordante que penetra hasta lo más espiritual y en la que alguien conoce: esto sólo yo puedo hacerlo...”


El clima, las geografías, las temperaturas, al altitudes, las presiones no escapan a esta lógica de incorporación e impacto en el cuerpo animado.

Ningún escenario geográfico afecta por igual, y ese impacto diferencial conmociona de forma especial a cada quien.

Los que aman el frío dicen decaer en temporadas de verano. Los que adoran el sol, pierden vigores y ganas en invierno. Están quienes gustan del viento fuerte montañes, mientras que otros se vuelven incapaces de tolerar en la cara siquiera unas brisas. O los que son infinitamente productivos entre la niebla o la lluvia perpetua, intolerando climas cálidos y soles constantes.


Elegir dónde
Un trabajo intelectivo y sabio no menor y en absoluto simple dentro de la extensa e intensa tarea de construcción de sí mismo que debe atender cada ser.  
“Nadie es dueño de vivir en todas partes". La condición nómade (que tan acertada resulta como guía interior y como modo de compensación del deseo contra la inercia  morticia de los hábitos) se equilibra en lo que hace a la habitabilidad a través de la sedentarización temporal en un espacio dado. Se necesita habitar algún donde. Balance de la inquietud existencial con una cierta quietud de la morada? Tal vez haya algo de eso.

Nietzsche sugiere “atender” (poner suficiente atención)  en la elección de esos "donde" en los que tirar el ancla por un tiempo. Por qué poner la atención en nuestros detenimientos y elecciones geográfico-climáticas? Pues porque el clima tiene la cualidad de lentificarnos y de potenciarnos, nos arroja a emocionalidades de tono alegre o triste. Y definitivamente no da igual estar metido en unas u otras circulaciones de efecciones.

Y no se trata de un puro juego de efectos de la externalidad sobre la materialidad de nuestro cuerpo. Se trata de un subestimado impacto metabólico que nos hace sentir el entorno como muy hostil para nuestro ser, o como más hospitalario para con nuestro modo de existir.

La combinación de las variables climáticas  decodificadas por cada  terminal nerviosa de nuestro soma resultarán más, o menos adecuadas para hacernos sentir una mayor energía, o bien para experimentar un inevitable decaimiento.  Y esto es fundamental si seguimos el planteo de  Nietzsche, quien llega a considerar al “espíritu” una expresión metabólica compleja relevantísima, pero nada más.


“El tempo del metabolismo mantiene una relación precisa con la movilidad o la torpeza de los pies del espíritu; el espíritu mismo, en efecto, no es más que una especie de ese metabolismo .” 
(Ecce Homo)



Ciertos climas nos hacen decaer, casi sin remedio. Perdemos fuerza, nos sentimos abatidos, tardamos en recuperarnos para encarar cada jornada. Vivir resulta un agobio cuyo escenario de fondo resulta un abrazo chupasangre que no nos suelta. No podemos. Menguamos.  Clima de la des-potencia.

Por otro lado, ciertas combiaciones climáticas  resultan acertadas para con nuestro “modo”. Nos vuelven fecundos, nos elevan el espíritu, nos ponen en disposición de una tal jovialidad  que  sentimos que se despiertan los sentidos en una dirección más productiva y enérgica.  Simplemente, podemos. Y no sólo eso: podemos más y mejor. Nos expandimos bellamente. Clima de la potencia.

Sin idealismo ni prescripciones universales, lentamente nos damos cuenta de que vivir bien es seleccionar lo mejor para cada quien. Mejores climas geográficos, mejores climas existenciales. Y eso que resulta "mejor" debe ser unidad de medida a determinar por cada uno, a cambiar por cada uno, a elegir por cada uno. Autonomía significa en estos casos, capacidad de elegir mejoras que nos vuelvan más capaces de generar dicha.
 

“La ignorancia in physiologicis -el maldito idealismo-  es la auténtica fatalidad en mi vida, lo superfluo y estúpido en ella, algo de lo que no salió nada bueno y para lo cual no hay ninguna compensación,  ningún descuento. Por las consecuencias de este idealismo me explico yo todos los desaciertos, todas las grandes aberraciones del instinto y todas las modestias que me han apartado de la tarea de mi vida (…) ”



Desde luego que aquello “que-nos-hace-bien” termina siendo no solamente  “no todo”, sino antes bien algunas ciertas pocas cosas.  Se debe elegir.

Los climas (en todos sus formatos y variaciones) y la escogencia a que debemos someterlos, forman parte del trabajoso y continuo conocimiento de sí.
Elegir es entonces y a la vez un elegirse más elevado, es disponerse  auténticamente a cuidar del propio devenir. 

Estrategias para una buena existencia desde la que recuperar la potencia de nuestra mortal divinidad.

Arte de habitar mejor el irrepetible vivir.



__________________________________________________________________________________
 
 

sábado, 29 de mayo de 2010

El tiempo, fatal tiranía




El tiempo, fatal tiranía 



El tiempo es un dios imaginario e irreversible, 
y en esa doble conjunción de atributos radica su fatal tiranía.


Gabi R.



______________________________


jueves, 27 de mayo de 2010

"Una carta de mujer" - Marceline Desbordes-Valmore




"Una carta de mujer"
Marceline Desbordes-Valmore

 Douai, 20 de junio de 1786 – París, 23 de julio de 1859




Te escribo, aunque ya sé que ninguna mujer
debe escribir;
lo hago, para que lejos en mi alma puedas leer
como al partir.

No he de trazar un signo que en ti mejor grabado
no exista ya.
De quien se ama, el vocablo cien veces pronunciado
nuevo será.

La dicha sea contigo; yo sólo he de esperar,
y aunque distante,
yo me siento ir a ti para ver y escuchar
tu paso errante.

¡Jamás la golondrina al cruzar el sendero
pueda apartarte!
Será mi fiel cariño que pasará ligero
para rozarte…

Tú te vas, como todo se va… Su éxodo emprenden
la luz, la flor;
el estío te sigue; las tormentas sorprenden
mi triste amor.

De esperanza y zozobra suspira mientras tanto
el que no ve…
Repartámoslo bien: a mí me queda el llanto,
a ti la fe.

Yo no quiero que sufras, que está muy arraigado
mi amor por ti.
Quien desea dolores para el ser adorado
guarda odio a sí.

¡Cuán divino es! Mas, esperad.




_____________________________________________________________

Imagen:
"La última carta"
Lucía Delcompare Narváez

México, 1997
Fuente: http://luciadelcompare.artelista.com/

Fernando Pessoa: "Empiezo a conocerme. No existo...."

  
Fernando Pessoa
 "Empiezo a conocerme. No existo...."


Empiezo a conocerme. No existo.
Soy el intervalo entre lo que deseo ser y los demás me hicieron,
o la mitad de ese intervalo,  porque además hay vida…
Soy esto, en fin…
Apaga la luz, cierra la puerta y deja de hacer ruido de
zapatillas en el pasillo.
Quede solo yo en el cuarto con el gran sosiego de mí mismo.
Es un universo barato.




__________________________________________________________________________



miércoles, 26 de mayo de 2010

“Melusina” - Poema del escritor austríaco Hugo von Hofmannsthal

“Melusina”
Poema del escritor austríaco Hugo von Hofmannsthal



Hugo von Hofmannsthal
Escritor austríaco
(Viena, 1 de febrero de 1874 - ídem, 15 de julio de 1929)
Traducción del poema por Ana Leal

En bosque nacida,
en río casada,
así yo mi vida
la quiero,¡tan larga!

Había hoy soñado
con las hondas aguas
y yo allí en lo oscuro
dormir no lograba.

Lo que en ese estanque
por mirarse entró
prendido en mis ojos
sin sueño quedó.

Los árboles tristes
por los que brillaba
cuando la gran bola
se puso encarnada;

las pálidas niñas
que sin ruido van
ven con ojos blancos
en la oscuridad

de damas del bosque
susurrante tropa,
en el pelo suelto
coronas y hojas...

¿Coronas de oro?
¿De perlas las sartas?
Ya se me ha olvidado.
Yo no he de hallarlas.

___________________


 
“Melusine”
Hugo von Hofmannsthal


Im Grünen geboren
Am Bache gefreit,
Wie ist mir das Leben
Das liebe, so weit!

Heut hab ich geträumt
Von dem Wasser tief,
Wo ich im Dunkel
Nicht schlief, nicht schlief!

Was sich im Weiher
Spiegeln ging,
In meinen wachen
Augen sich fing:

Die traurigen Bäum,
Durch die es blinkt,
Wenn der Ball, der große,
Rot-atmend sinkt,

Die blassen Mädchen,
Die lautlos gehn,
Mit weißen Augen
Ins Dunkel sehn,

Und der Waldfrauen
Flüsternd Schar,
Mit Laub und Kronen
Im offnen Haar...

Rotgoldne Kronen?
Und Perlschnüre schwer?
Ich hab es vergessen,
Ich finds nimmermehr.






___________________________________________________________________________________

El cuerpo amado en la distancia: un affectio “sin-sentidos”



El cuerpo amado en la distancia: un affectio “sin-sentidos”





Adoptados por lo abierto, estarcidos por lo invisible,
nosotros éramos una victoria que no requería jamás fin.


René Char
De “Los primeros instantes”








-Pasionalidad a distancia, distancias en la pasión


Existe una experiencia cuyo aporte es clave para definir formas y tonalidades específicas al fresco que pinta con su color el pincel de la distancia . Se trata de practicar la incercanía de lo amado, de aquello que aún se ama y que sin embargo –por determinadas circunstancias propias de los derroteros vitales de cada ser- se desvanece  en la distancia.

Distancia de lo amado.
Distancia del amado.
Distancia en lo amado.

En este modo tan particular  que asume el alejamiento, los sentidos son forzados a privarse de la tangibilidad y estimulante cercanía  de alguien primordial para nuestros afectos. Y utilizo específicamente la expresión “afecto” (affectio) puesto que pienso en esta noción basculando entre Spinoza y Deleuze. Nos dice este último:

“Un efecto es, en primer lugar, la huella de un cuerpo sobre otro,
el estado de un cuerpo en tanto que padece la acción de otro cuerpo”


Cuando la proximidad se interrumpe y vivimos un distanciamiento físico de ese cuerpo-signo amado, la potencia propia pasa por un proceso de variación intenso.

Esta variación en la potencia que la lejanía nos hace experimentar se produce tanto porque no podemos experienciar sensaciones “en-sobre ese cuerpo” deseado (utilizo en este contexto la palabra “sensaciones” en el sentido de efectos instantáneos que produce el cuerpo amado sobre el propio), sino también porque en forma recíproca la capacidad de afectar físicamente al otro por parte de uno se encuentra  en suspenso, interrumpida.


Probablemente pocas cosas cuesten tanto (en el sentido estrictísimo del verbo “costar”: pagar un precios por ello; esforzarse; desvelarnos; causarnos dificultades; e incluso producirnos algún daño) como para salir entero de este modo “amoroso”de la distancia.

Hay quienes se desgarran de dolor, e incluso odian a quien han dicho amar.
Otros se paralizan emocionalmente  y se deprimen.
Algunos apelan a una más o menos sutil negación de los efectos  “tristes” devenidos de la ausencia.
Muchos, tienden a ubicar a aquel ser amado ahora distante en una suerte de ausencia con efectos idealizantes . El viejo atajo del idealismo por vía de la carencia.  Y ya sabemos que el idealismo aumenta en proporción directa a la distancia que nos separa del problema,  tal como decía con gran acierto  John Galsworthy.



Como sea, distanciarse entristece.
En tanto amamos somos sujetos a la circularidad de la pasión y sus padeceres: nos hallamos, nos encontramos, amamos, nos apasionamos, volamos en la potencia de la alegría, luego nos alejamos, nos volvemos tristes, la vitalidad decae,  lo que era amor se vuelve des-encuentro  descompositivo… y repetimos el circuito otra vez…


En palabras de Eugenio Trias desde su “Tratado de la pasión" (Mondadori, España, 1998):


“El sujeto se constituye a través del oscuro trabajo de la pasión que se manifiesta en repeticiones. Es lo que Freud denomina “compulsión a la repetición”, que es una instancia que procede con independencia de la conciencia, a modo de un automatismo. Por ello, la pasión es lo que el sujeto padece, es lo que actúa a favor del sujeto y también en su contra. Nos amamos y nos odiamos. Queremos y odiamos. Es decir, sus efectos dependen del interjuego del Eros y la pulsión de muerte. Al preguntarnos ¿En qué se diferencia desde el psicoanálisis, el deseo de la pasión? Podemos decir brevemente, que el deseo es la forma inmediata de manifestarse la pasión. Lo que se nos da en forma de pasión aparece en nosotros bajo el modo de deseo. Es decir, el sujeto deseante es el sujeto pasional, que no ha alcanzado su determinación plena.”







-La lejanía y los amantes estarcidos


Amar es un intenso juego de pieles, de roces, de viscosas superficies profundas. El potente  instante del aquí y ahora del que se nutre la afección erótico-amorosa es arrebatado por este modo de la distancia  imponiéndose un inexorable y completo alejamiento  táctil.

Entonces, como es posible amar en la distancia?

Dicha posibilidad amatoria supone desarrollar al menos, una ilógica tolerancia a la pérdida de experimentación del otro desde los sentidos. La distancia es aquí una rotunda intangibilidad. Definitivamente el otro no-es, fáctica y materialmente hablando.  No-está-aquí. Separarse es resignarse (al menos temporalmente) a volvernos  invisibles al otro y que el otro adquiera a su vez la consistencia inmaterial de un fantasma. A esto alude precisamente René Char en su poema: quines aman y se distancian quedan "estarcidos por lo invisible". Bellísima metáfora para capturar el "modo" en que la distancia recorta el cuerpo amado y lo baña con el esmalte invisible de una líbido "sin sentidos"... 

No nos veremos” dicen frecuentemente y con amargura los amantes distanciados.
No ver.
No verse.
Terrible prueba para estos seres tan dependientes de la óptica que somos. No poder verse resulta un inmenso desafío para nuestro psiquismo, tan entrenado como está en materia de la mirada y sus soportes.

Nuevamente volvemos a Spinoza y el impacto en el cuerpo: si toda afección está unida a una “imagen de cosa” el hecho de  no ver-no tocar-no estar condiciona y transmuta la potencia del afecto. La alegría, la tristeza, el deseo (si bien no dejan de producir afección) quedan reconfiguradas inevitablemente bajo el efecto de la lejanía.

Más aún. Si mirar, ver, percibir tienen como sustancia a la luz, no resulta nada extraño que quienes se aman y deben dejar de verse apelen a explicar su estado anímico con metáforas marcadas por la oscuridad, lo umbrío, lo apagado.

…toda distancia es una suerte de eclipse. 




___________________________________________________________________________________

"Toda distancia es una suerte de eclipse."





"Toda distancia es una suerte de eclipse."


Gabi R.




_____________________________________________________


Image: http://i35.tinypic.com/2dvjuz5.jpg 




martes, 25 de mayo de 2010

Los modos de la distancia



Los modos de la distancia





"No pocas veces ya he dicho adiós;
conozco las horas desgarradoras de la despedida."


Friedrich Nietzsche




Distanciarse. Abrir un espacio dentro del tiempo. Incluso, retirar el cuerpo… y el espíritu.


Cuántos “modos de la distancia” existen?

Por cuántos fractales de eso llamado “distanciamiento” pasamos a lo largo de una vida?

Podemos seguir siendo los mismos –sueño de la inalterada identidad…- al sacar la cabeza por el final del túnel de cada nuevo distanciamiento? 

Qué se replica de nosotros en cada réplica de la distancia que nos acontence? Qué se pierde de nosotros en cada réplica de la distancia que nos acomete?




Nos distanciamos de tanta cosa mientras dura cada singular existir: uno debe aprender a alejarse gradualmente de la infancia y sus solicitudes (o al menos eso demanda explícitamente el mandato de la madurez…). También ha de entrenarse al alma en soportar la dureza de esas distancias tristes que a veces surgen, paradojalmente, en la mismísima cercanía.  Cercanas lejanías.

Luego está el duro oficio existencial de distanciarse de seres amados, sea porque la muerte nos los guadaña, sea porque los laberintos de las decisiones unilaterales o mutuas nos ponen ante encrucijadas en las que sólo resta el sano apartamiento físico.

Para colmo de males los humanos no estamos muy bien preparados para sobrevivir en soledad: todos necesitamos del apego a otro para la supervivencia, es el otro quien apuntala nuestros primeros devenires. Necesitamos de la cercanía de otros “animales humanos” para nutrirnos, para educarnos, para emocionarnos, para enfrentar la enfermedad, para desafiar la muerte. Lo curioso es que necesitamos casi de igual modo desapegarnos de esos mismos otros también para sobrevivir. Para experimentar la belleza (y los inciertos sinsabores) de la autonomía, para levantar saludables vuelos propios, para seguir deseando hay que adquirir un saber de la distancia. Lecciones pendulares…

Oscilamos –muchas veces a nuestro entero pesar- entre apegarnos y soltarnos, aferrarnos y dejar ir. Juegos de espejos en los que se multiplican los fractales de la cercanía tanto  como los del lejanía.  Somos el soporte de esta tensión siempre irresuelta entre el lazo que une y el corte que desanuda.

Y hay distancias salvadoras, resurrectivas, imprescindibles. 
Suceden cuando aquello de lo que nos alejamos es tóxico para nuestra vitalidad y atenta de algún modo contra ésta. Entonces la distancia se vuelve  salvífica. Mucho de eso de lo que nos alejamos irá a parar entonces a las merecidas tierras frías del olvido infinito. Y esto es así puesto que también la distancia es un elemento clave que ayuda a congelar lo que nos daña (o a quien nos daña) o a desactivar las tramas repetitivas e infames de relaciones que alimentan el dolor, el resentimiento, la enfermedad. Nuevamente la distancia nos pone en tensión entre dos polos, en este caso los de la salud y la enfermedad, e incluso los de la vida y la muerte. Distanciarse será allí entonces, el estado propio que toma el tiempo del convalescĕre.


________________________


La patria en verso (o el verso de la patria?) - Bicentenario desde un mapa en carne viva




La patria en verso (o el verso de la patria?)



“Ninguno ama a su patria porque es grande,
 sino porque es suya.”


Séneca

 
“La libertad de mi patria, quisiera verla surgir entre alas,
no de entre charcas de sangre.”


José Marti




Bicentenario desde un mapa en carne viva


Invocar este extenso poema de Cortázar un 25 de Mayo bicentenario es casi un desafío al festejo banal, una ligera patada en el trasero a la gastronomía hipernacionalista de estos días con su menú de locro y empanadas, una desteatralización de la escarapelada escenografía  patriótica que se respira por las calles de nuestra querida Argentina.

Hay quienes han visto en este poema una crítica carta abierta durísima para con la patria misma, una descripción cruda de sus desgarraduras, un canto casi desesperado  que grita desde la tinta las contradicciones y ficciones fundacionales argentinas.

El poema pertenece a un ciclo iniciado por Cortázar en 1950 que se publica en 1955 con el llamativo y elocuente título  de “Razones de cólera”. En él, el escritor repasa nuestra conflictiva identidad de mosaico, esa misma identidad a la que el pensamiento correcto llama “pluralidad” aunque en la vida diaria y en nuestras actitudes cívicas  convivenciales  de ciudadanos poco y nada tengamos de "plurales" o tolerantes. Nos hartamos de escuchar y de hablar acerca de las bellezas variadas de nuestra geografía, climas, paisajes. Pero no aceptamos con la misma facilidad que este país ha sido armado desde un  complejísimo troquelado de etnias, razas, orígenes. El poema ciertamente me concierne, al menos en este punto tan visceral. Soy nieta de una mujer descendiente de una etnía charrúa, de un hombre que –cuando se le preguntaba por su ascendencia- se limitaba sencillamente a decir “siempre fui de acá”, y también  soy nieta de una sencilla mujer descendiente de italianos del Sur, y de un hombre hijo de Yugoslavos croatas nacidos bajo el reinado de Francisco José I.

Aindiados, criollos, europeos, blanquitos, negros, cabecitas. Sí, yo misma soy la geografía genética de este mestizaje que ha configurado al país.  Cortázar  enuncia poéticamente, no sin dureza, en que consiste esa mezcla. 
Luego, se hacen visibles las "otras mezclas". El poema lunfardea con palabras propias de las clases populares, resonancias del mundo futbolero -pasión nacional-, o del cuadrilátero de las piñas boxísticas.  Así, entre personajes, provincias y barrios, va tejiendo lúdicamente sentidos en los que se trama la marginalidad, la cotidianeidad y la intelectualidad. Un tejido simbólico en el que se gestan diversos enunciados contrapuestos que aspiran todos a enunciar "lo real", dándole vida a  una constante irresolución de las contradicciones.  Porque vivimos también metidos en un tejido de símbolos, sentidos, vocablos, íconos contrapuestos-antagónicos-agonísticos. Rompecabezas de tribus linguísticas y seres en perpetuo conflicto...

El poema se vuelve por momentos filoso, arremetiendo en una crítica severa contra el caudillismo y sus fervores nefastos, contra la demagogia y su abono al veneno del resentimiento, contra el folklorismo del poncho revoleado arriba del escenario sponsoreado por multinacionales. 

Un poema tenso, que tensa y que dispone las tensiones argentinas como si el poeta tratara de  abrir un mapa en carne viva, oler sus venas, trepar por sus latidos de sinsentidos, trazar las rutas ventosas de la sangre y su verbo arremolinado.

Cortázar intenta esta experiencia de poetizar la carne viva de la patria, y lo hace no sin gotear por momentos cierta irremediable pena por nuestras desgarraduras, cierta tristeza por nuestros imposibles puntos de encuentro, por nuestros odios (insalvables?), por ese nostálgico regusto de regodearnos en  el culto al pasado, por nuestros lamentables estancamientos  políticos  y sociales, por nuestra incapacidad para llevar a cabo un real proyecto de grandeza.



Dejo entonces que este 25 de mayo patriótico hable desde las letras poéticopolémicas de Don Julio…




Poema “La patria”
Julio Cortázar



Esta tierra sobre los ojos,
este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles,
esta noche continua, esta distancia.
Te quiero, país tirado más abajo del mar, pez panza arriba,
pobre sombra de país, lleno de vientos,
de monumentos y espamentos,
de orgullo sin objeto, sujeto para asaltos,
escupido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas,
repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando
de babas y estupor canchas de fútbol y ringsides.

Pobres negros.

Te estás quemando a fuego lento, y dónde el fuego,
dónde el que come los asados y te tira los huesos.
Malandras, cajetillas, señores y cafishos,
diputados, tilingas de apellido compuesto,
gordas tejiendo en los zaguanes, maestras normales, curas, escribanos,
centroforwards, livianos, Fangio solo, tenientes primeros,
coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos,
bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos,
secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco,
contraflor al resto. Y qué carajo,
si la casita era su sueño, si lo mataron en
pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva.

Liquidación forzosa, se remata hasta lo último.

Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía,
te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña
envuelto en la bandera que nos legó Belgrano,
mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate
con su verde consuelo, lotería del pobre,
y en cada piso hay alguien que nació haciendo discursos
para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos.
Pobres negros que juntan las ganas de ser blancos,
pobres blancos que viven un carnaval de negros,
qué quiniela, hermanito, en Boedo, en la Boca,
en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera,
en los ranchos que paran la mugre de la pampa,
en las casas blanqueadas del silencio del norte,
en las chapas de zinc donde el frío se frota,
en la Plaza de Mayo donde ronda la muerte trajeada de Mentira.
Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking,
vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga,
tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas,
tango, coraje, puños, viveza y elegancia.
Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado
en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.
Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo
saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga,
no te metás, qué vachaché, dale que va, paciencia.
La tierra entre los dedos, la basura en los ojos,
ser argentino es estar triste,
ser argentino es estar lejos.
Y no decir: mañana,
porque ya basta con ser flojo ahora.
Tapándome la cara
(el poncho te lo dejo, folklorista infeliz)
me acuerdo de una estrella en pleno campo,
me acuerdo de un amanecer de puna,
de Tilcara de tarde, de Paraná fragante,
de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos
quemando un horizonte de bañados.
Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles
cubiertas de carteles peronistas, te quiero
sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho,
nada más que de lejos y amargado y de noche.



____________________________





La cúpula de la iglesia católica articuló acciones contra el Mayo argentino


La cúpula de la iglesia católica 
articuló acciones contra el Mayo argentino



Por Renzo Righelato

Desde las organizaciones que bregamos por un país laico, recordamos que los tres obispos de la Iglesia Católica Apostólica Romana del Virreinato del Río de la Plata se opusieron al proceso de formación nacional iniciado en mayo de 1810. Además insistimos en que la falacia discursiva del apoyo clerical a la liberación americana, es producto de historiadores que representaron a las clases dominantes, quienes desvirtuaron los hechos y prestigiaron a una institución para continuar la explotación de nuestros pueblos.

Más allá de los obstáculos que pusieron los nobles y la Iglesia a la difusión de ideas liberales, en el Virreinato del Río de la Plata se comenzó a forjar un pensamiento crítico al orden establecido que legitimaba el gobierno monárquico católico español, íntimamente relacionado con el clero.

Producto de la invasión francesa a España, de intereses económicos y las premisas forjados en el continente por las revoluciones burguesas, en mayo de 1810 se desencadenaron una serie de acontecimientos que generaron una sublevación que constituyó  en Buenos Aires la Primera Junta. Ese movimiento, culminó con la independencia de Argentina de la Corona española, proceso rechazado por la cúpula de la Iglesia Católica.    

Los obispos de las diócesis de Buenos Aires, Córdoba y Salta, se opusieron discursivamente y pragmáticamente a la emancipación de las Provincias Unidas del Río de la Plata. A esa actitud, se sumó la postura del Papa León XII quien emitió una encíclica donde exhortó a los jerarcas católicos de América para “que se dediquen a esclarecer ante sus greyes las augustas y distinguidas cualidades que caracterizaban a ese muy amado hijo, Fernando,  rey católico de España,  cuya sublime y sólida virtud le hacía anteponer al esplendor de su grandeza el lustre de la religión y felicidad de sus súbditos”.


-La postura de la Iglesia ante la emancipación criolla


El 22 de mayo, el obispo de la diócesis de Buenos Aires, Benito Lué, afirmó: “Aún cuando no quedase parte alguna de la España que no estuviese subyugada, los españoles que se encuentren en las Américas deberían tomar y asumir el mando de ellas; éste sólo podrá venir a manos de los hijos del país, cuando ya no quede ni un solo español en él.
El discurso del religioso develó  la apuesta clara y distinta de la Iglesia: repudiar la emancipación y reivindicar la subyugación de los siervos del Virreinato. La enunciación tuvo un correlato con la posición de sus pares de Córdoba, Rodrigo de Orellana, y de Salta, Nicolás Videla del Pino.

Sin embargo, obligado por las circunstancias, Lué envió un edicto a la Junta el 26 de mayo donde comunicó: "El Señor Arzobispo, manifiesta obedecimiento a la Junta erigida en esta Capital, pero no puede practicar el patronato requerido por parecerle contraria a las Leyes".


Al funcionario religioso no le quedó otra que aceptar los hechos consumados y reconocer al gobierno, sin embargo, continuó maquinando estrategias para hacer oposición.
El 27 de mayo, la Junta envió una notificación donde exigió que un canónigo y una dignidad salgan a recibirla, sin embargo es solicitud no fue aceptada. El 29 reiteró la orden preventiva, demanda que fue ignorada por el alto clero: ninguna de las peticiones obtuvo una respuesta favorable.
Por su parte, el obispo de Córdoba impulsó la abierta resistencia junto al virrey Santiago Liniers, sin embargo debió emprender la fuga cuando se acercaron las tropas comandadas por Juan Ramón González de Balcarce. Luego fue apresado y confinado a Luján. Al igual que Lué, Orellana se retractó, pero tramó acciones contra la Junta y protegió a sospechosos de articular acciones contra el sistema, porque fue confinado a Paraná, desde donde huyó a España. 


En tanto, Videla del Pino, se dedicó al espionaje y apoyó política y financieramente las invasiones realistas a su provincia, por lo que Manuel Belgrano ordenó su destierro a Buenos Aires, donde murió. 



-Velar los acontecimientos, para legitimar la hegemonía

La construcción discursiva de historiadores que representaron a la oligarquía, silenciaron la postura de la Iglesia que observó la emancipación latinoamericana como hechos aberrantes y actuó en consecuencia.
En Argentina, no se habló ni desnaturalizó la postura de la Iglesia, sino que se redujo el accionar de la institución a la cúpula y se construyó un andamiaje que resaltó a la acción de unos pocos curas y monjes.

Pero no  sólo los historiadores de la oligarquía y de la Iglesia se ocuparon de  resignificar la postura de la institución, sino que fueron más allá: se adjudicó que la ideología de la lucha por la independencia americana era doctrina de la Iglesia. Quienes sostienen esas tesis niegan la influencia de las revoluciones burguesas y las palabras a la Enciclopedia o del Contrato Social de Rousseau y relacionan las premisas de las modificaciones de las condiciones materiales de existencia a las obras de Santo Tomás y Francisco Suárez sobre la soberanía popular y el tiranicidio.




-Recuperar la "herejía" de mayo

La historia oficial tiene amnesia. Todos piensan en el Tedeum del 25 de mayo, pero nadie quiere recordar que la Iglesia Católica rechaz y maquinó contra la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata y de toda América del Sur.

Por ello, no hay que olvidar la postura de la institución contra la nación, hecho que se reiteró en la historia producto de alianzas del clero con el poder secular, pactos que legitimaron golpes de estado, para sostener tradiciones que la beneficiaban y borrar ideas profanas.




-Fuentes:

Documentos del Archivo Histórico de la República Argentina. Sala X, tomo I.

Oswaldo Albornoz Peralta. La oposición del clero a la independencia americana. Editorial Universitaria. 1975. Quito, Ecuador.


_________________________________________________________________________________