miércoles, 10 de abril de 2013

Michel Onfray - El olvido y la servidumbre del resentimiento

 



El olvido y la servidumbre del resentimiento




“Entre las cualidades necesarias para la magnanimidad, no hay que olvidar el talento para el olvido, consumación del exceso negativo. Es la condición de posibilidad de toda intersubjetividad, porque el rencor exigiría la ruptura total, tarde o temprano, con algo. (…) Si la suma de los displaceres sobrepasa la de los placeres producidos por el interlocutor ético, simplemente hay que encarar una ruptura. Olvidar definitivamente. Evitar los parásitos, las interferencias, y desear una comunicación en un registro claro, de una y otra parte. Olvidar es gastar todo, saldar la cuenta. Imaginemos, por otra parte, una existencia en que no existiera la capacidad de olvido: viviríamos permanentemente con el recuerdo de los dolores, las penas, las tristezas, las tragedias, las impericias, y las sombras más negras. En vez de eso, simplemente porque hay más satisfacción en el olvido que en el resentimiento, es preciso desear la paz. Si no se la puede alcanzar, será mejor la indiferencia total, un olvido, no tal vez de los daños mismos, pero sí de las personas que los causaron. Esta ascesis es como una catarsis, una purificación de las cosas pesadas que nos habitan. (…) Durante el tiempo que dura el autoenvenenamiento, el hombre implicado está incapacitado para la entrega, encuentra satisfacción en rumiar y permanece estancado. El hombre del resentimiento macera en su incapacidad de consumar el mal, de expresarlo para expiarlo. Incuestionablemente el rencor se nutre de la savia masoquista y del poder que tiene esta pulsión para destruir, masacrar, y malograr los equilibrios precarios instalados en el cuerpo. En el autoengendramiento de la muerte que implica este juego con Tánatos, el hombre del rencor es lo contrario del dispendioso: guarda, conserva, atesora casi ese capital de dolor que lleva dentro de sí. La venganza diferida que ansía el amargado es signo de pequeñez por ser signo de debilidad. En efecto, en su proyecto de ser violento el día de mañana, confiesa su incapacidad de serlo aquí y ahora, inmediatamente. Tal vez sea en esa certificación más o menos conciente donde encuentra razones suplementarias para seguir alimentando su resentimiento. Por eso, esta pasión enfermiza remite a la calidad de esclavo, es el signo distintivo del criado, que elucubra hipótesis de acción pero es impotente frente a ellas. Revela la posición que ocupa un sujeto en una escala de fuerzas: allí donde se juegan la obstrucción, el repliegue, lo negativo, el odio hacia uno mismo y hacia el mundo, el masoquismo, la autoflagelación. En una palabra, la ausencia de talento para la entrega, para el derroche.”



Michel Onfray
Fragmento de “Le Sculpture de Soi” - 1993 


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