sábado, 20 de marzo de 2010

La “enkrateia” y el dominio de sí en la ética samurai




La “enkrateia” y el dominio de sí en la ética samurai





Conquistar a los demás requiere fuerza; conquistarse a sí mismo el máximo vigor.
El que está contento con lo que tiene es verdaderamente rico.

Lao Tsé





4- La “enkrateia” del Samurai


Alcanzar la realización como guerrero incluía no sólo competir, superar y derrotar a los adversarios sino tener como prioridad el ejercitarse en todo aquello que apunte a superarse a sí mismo.

Se trata, como puede observarse, de una ética de la superación y la excelencia. La misma conllevaba un duro trabajo sobre el cuerpo, sobre el alma y el pensamiento. Esto es lo que podría llamarse una particular forma de constituirse a sí mismo como sujeto ético mediante una –original y singularísima- modalidad de relación consigo mismo.


El principio que los griegos antiguos denominaban "enkrateia" (principio que regula al dominio de sí mismo) es completamente aplicable al moldeo de la subjetividad que operaba en el “alma” del guerrero samurai. Una forma activa de dominarse y, en consecuencia, de alcanzar el autogobierno, permitía soportar, resistir, luchar y vigorizarse espiritualmente.


Pero lo fundamental es que, como consecuencia de todo ello, el combatiente se garantizaba una fortaleza que excedía el uso de su fuerza física o su magistral destreza con la espada: lo que aquí quedaba garantido con la práctica de la "enkrateia” era el hecho de no dejarse vencer jamás bajo ninguna circunstancia.


El orgullo samurai era no sólo el resultado de un arduo trabajo físico y cultivo de habilidades de lucha que se demostraba en el campo de batalla. Antes, mucho antes de cada contienda, en la silenciosa cotidianeidad de las vidas de estos ascéticos hombres aguerridos, se libraban las verdaderas batallas: aquellas que acontecían en el “interior” de sus propias cabezas (lo que equivale a decir en las luchas por el dominio de sus cuerpos, sus deseos, sus apetencias, sus pasiones, sus temores).

Las primeras y últimas fuerzas a las que había de enfrentar y vencer un Samurai eran aquellas que se debatían en su mismísimo interior, en su sí mismo. Ese era el lugar en el que se debía ser capaz de vencer. Salir victorioso cuando la lucha tiene por territorio a uno mismo: tal el primer precepto a cumplir en lo que a contiendas se refiere. Luego, por añadidura, llegará la gloria de triunfar en las batallas guerreadas contra el enemigo. En palabras del legendario Samurai Tsunetomo Yamamoto:


“Even if one's head were to be suddenly cut off,
he should be able to do one more action with certainty.
With martial valor,
if one becomes like a revengeful ghost and shows great determination,
though his head is cut off,

he should not die.”




“Incluso si la cabeza de uno fuera repentinamente cortada,
deberíamos ser capaces de llevar a cabo una acción más con certeza.
Con valor marcial,
si uno se convierte en un fantasma vengativo y muestra gran determinación,
a pesar de que su cabeza esté cortada,
no debería morir.”


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El maestro y la cuestión del “modelo” en la pedagogía del Bushido




El maestro y la cuestión del “modelo” en la pedagogía del Bushido





Con el verdadero maestro el discípulo aprende a aprender, no a recordar y obedecer.
La compañía del noble, no modela sino que libera.


Nisargadatta

(Bombay-India, 1897-1981)




Solo hay una manera de ser maestro: ser discípulo de sí mismo.


José Camón Aznar

Historiador y escritor español
(Zaragoza, 1898 — Madrid, 1979)





3- El maestro como guía y modelo


El Bushido se basa en la constante transmisión de una serie de valores y creencias cuyos profundos sentidos se debían comprender a partir de lo dicho por las palabras mismas. Pero comprender lo que enuncia el Bushido implicaba bastante más que alcanzar la intelección racional de lo que significan cada una de sus frases. El Bushido apunta a llegar al guerrero desde planos mucho más complejos que los que permite (y limita) la poderosa arma que de por sí es la palabra. Es por esto que desde el Bushido se tratará de transmitir el valor que emana de mantener la unidad indisoluble entre palabra-acto-vida.

En este contexto, la noción de “modelo” -como el referente a quien se ha de imitar para alcanzar lo mejor de sí mismo- es completamente coherente con la cosmovisión en que embebían sus creencias.

Desde el “modelo” (encarnado en la figura pedagógica del “maestro”) cada quien se exige constantemente apartarse del reposo, encarando con el mayor esfuerzo el trabajo y la acción sobre sí mismo. Nunca decaer. Esta incansable “ascesis” (como ya planteamos en otros temas referidos al Bushido y la ética guerrera) debe ser entendida como el ejercicio tendiente a la constitución progresiva de uno mismo en "objeto y fin absoluto" sobre el que ha de trabajarse desde la firme voluntad. Este trabajo sobre sí mismo sólo podía llegar a lograrse mediante esta intermediación del otro como modelo.


El cuidado de uno mismo es algo por aprender, y en esta pedagogía guerrera tendiente a lograr un correcto gobierno de sí mismo se torna imprescindible la presencia del maestro como guía orientador. Se trata, aclaremos finalmente, de una relación teñida de los valores de la nobleza, con un alto sentido del respeto hacia quien oficie de modelo, y una suerte de devenir amistoso que sin embargo conservará siempre sabiamente la asimetría entre los dos participantes de la interacción.




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El Bushido y la “conversión estoica” del guerrero




El Bushido y la “conversión estoica” del guerrero





Quieres cultivar tu alma? Vive pobre o como si lo fueses.


La verdadera felicidad no consiste en tenerlo todo, sino en no desear nada.



Grandes riquezas, gran esclavitud.




Lucio Anneo Séneca
Filósofo estoico
(Roma, 4 aC.- 65 dC.)




2- El desapego estoico



El ideal estoico de los samurais queda puesto en nítida visibilidad a través de sus hábitos, los cuales revelan una vida francamente desapegada de los bienes materiales o de cualquier interés por las riquezas y las banalidades de la fama.

Sus vidas, que rayaban con la frugalidad, estaban enmarcadas en un conjunto de prácticas muy similares a las que llevaban adelante los antiguos romanos. Para los estoicos (y de idéntica forma para los samurais) la transformación-conversión de sí mismo es un eje rotundo en el moldeo de la subjetividad. Esta transformación (conocida en el caso de los estoicos romanos precisamente bajo el nombre de “conversion estoica”) no estaba tanto basada en la adquisición de conocimientos, sino en el hecho de lograr liberarse de todas aquellas formas de dependencia que esclavizan.

El guerrero se libera de lo que no controla.

No es esclavo de ninguna atadura mundana, llámese a esta “dinero”, “bienes”, “objetos”, “poder”, "reconocimiento". Y esta liberación de lo que lo esclaviza (o potencialmente lo esclavizaría) se basa en la continua práctica del ejercicio ascético.

La independencia del mundo externo y sus superficiales juegos de espejismos resulta un camino ineludible a seguir para adquirir una verdad, la verdad del Bushido como ethos en que habitará el guerrero.


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El Samurai y el ideal de perfección




El Samurai y el ideal de perfección



La excelencia moral es resultado del hábito.
Nos volvemos justos realizando actos de justicia;
templados, realizando actos de templanza;
valientes, realizando actos de valentía.

Aristóteles




1-El ideal de perfección


La ética aristocrática del Samurai (o “bushi”) direcciona todos los esfuerzos en torno al objetivo de alcanzar el ideal de excelencia.

Si los antiguos griegos consideraban a la excelencia (areté, del griego αρετή) como una pieza clave de la dimensión ético-política y un ideal ligado a una virtud "entrenable" desde la repetición del hábito, la excelencia será también la búsqueda continua de perfección sintetizable en el Bushido bajo la máxima que dice:


“La perfección es una montaña inescalable
que debe ser escalada a diario.”



Así la práctica guerrera es el medio a través del cual se sostiene, se da forma, y se incita al Samurai para llegar a serlo plenamente. El combate, con sus profundos significados y sentidos, es el terreno sobre el cual se siembran y cosechan los aprendizajes del guerrero que aspira a la virtud de la excelencia.

Pero el core a través del cual verdaderamente se realizará la transformación de sí mismo (lo que Foucault llamaría la “sustancia ética”) será, como veremos más adelante, su postura filosófica ante la muerte.


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Transformarse en guerrero, convertirse en Samurai



Transformarse en guerrero, convertirse en Samurai




Pero en el yermo más solitario se cumple la segunda transformación:

el espíritu se torna aquí león;
quiere conquistar la libertad y ser señor en su propio desierto.

Friedrich Nietzsche
"De las tres transformaciones"




Deberíamos preguntarnos entonces qué planos de la subjetividad se hallaban interpelados por el moldeo que imponían las creencias del Bushido? A qué transformaciones del “cuerpo-alma-mente” había de sujetarse y exponerse el guerrero aspirante a Samurai para poder preciarse como tal? Qué areas y aspectos de la subjetividad debía empeñarse en conocer, controlar, experimentar, perfeccionar y transformar un individuo en este ejercicio continuo que es la realización moral de sí mismo como guerrero aristocrático?


En total sintonía con lo que sostenían los griegos del siglo IV aC., para la ética samurai el sujeto debe transformarse para tener acceso a la verdad. Una mutación de sí, una conversion operada en el interior del individuo resulta imprescindible para alcanzar la verdad del Bushido. Nos dice Foucault aportando en esta misma dirección en “Hermenéutica del sujeto”: "La verdad es lo que ilumina al sujeto y da tranquilidad al espíritu."


Foucault ha insistido desde distintos textos y problemáticas sobre la dimensión de la ascesis en la formación y transformación subjetiva. Desde la ascesis cada individuo efectúa el esfuerzo por incorporar técnicas que lo hagan desembocar en determinadas disposiciones o “habilidades de ser”. En el caso del Samurai, cada guerrero debe hacer pasar por su “cuerpoalmamente” ciertas técnicas hasta hacerlas devenir en disponibilidades subjetivas. Este pasaje que se realiza a través, por ejemplo, de ciertas técnicas de combate u otros tipos de técnicas de dominio de sí permiten “hacer pasar por el sutil tejido de la subjetividad” no sólo modos de enfrentamiento físico a disponer en un combate, sino también ciertos preceptos, creencias y valores claves en el momento de librar una lucha en el terreno que sea.

La palabra “ascesis” quiere decir en este sentido que un sujeto en particular aplica cierto número de pruebas sobre y a sí mismo. Se pone a prueba, digamos. Dichas pruebas –sean provenientes de técnicas corporales o de técnicas espirituales- constituyen un ejercicio de moldeo subjetivamente hablando.

El objetivo de tales ejercitaciones a que se ha de exponer un individuo en su “camino” como guerrero busca llevarlo hacia una transformación, una radical modificación de “sí” tal que se produzca una alteración, una muda en las maneras de actuar, pensar, juzgar y sentir-se a sí mismo y a su realidad circundante.

Convendría ahora sí, echar un vistazo a algunas de las principales transformaciones que debían operarse en el “cuerpoalmamente” de estos legendarios guerreros japoneses.


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Los 4 votos del Bushido y la “inquietud ontológica” del guerrero





Los 4 votos del Bushido y la “inquietud ontológica” del guerrero





Un samurai debe evitar siempre el quejarse, incluso en la vida corriente.
Debe mantenerse en guardia para no dejar escapar jamás
una palabra que exprese debilidad.


Tsunetomo Yamamoto
(Samurai - 1659 - 1719)






“Bushido” significa, literalmente “el camino del guerrero”.

Sus claves se resumen a entender cabalmente y practicar los alcances de los 4 votos:


1. No te rezagues nunca en la práctica del bushido.
2. Sé siempre leal y devoto en el servicio a tu Amo.
3. Cumple tus obligaciones para con tus padres.
4. Despierta tu compasión hacia todos los seres para poder consagrarte al servicio de los demás.


La clase Samurai estaba constituída por los mejores hombres, de allí que pueda aplicarse claramente y con justicia a ellos la expresión “aristócracia guerrera” (estamos utilizando aquí la palabra “aristocracia” desde su raíz griega: el calificativo “aristoi” aludía a los “los más buenos” en el sentido de “los mejores”).

Eran hombres de guerra, honestos, confiables, amables, con un profundo sentido de la cortesía y la amabilidad, honrados, cuya simple mención era considerada como equivalente del honor y el compromiso. Grandes cultores de la noble amistad y sapientes de todos los rostros que debe enfrentar quien se entregue al heroísmo, estos guerreros eran capaces de enfrentar los mayores peligros plantados en un radical orgullo de sí mismos y de sus habilidades como poderosos combatientes. También se destacaban por su destreza como jinetes y eran famosos asimismo por sus habilidades en el uso del arco y flecha.

El códice Samurai es considerado como el conjunto de valores y principios a los cuales debe apegarse la conducta del caballero que guerrea. Cuál ha de ser la obra final a que debía aspira un guerrero de esta noble clase japonesa? Pues esa obra había de ser, ni más ni menos, que llegar a la creación de una identidad. La culminación de esa obra que era la vida misma del guerrero, era la adquisición de un sí mismo cuyo nombre de clase era más poderoso que la pálida individuación que representaba un nombre y apellido. Se trata de llegar a crearse y ser “Samurai”.

Si seguimos en esta línea a Michel Foucault: “El individuo circunscribe la parte de sí mismo que constituye el objeto de esta práctica moral; define su posición en relación con el presente que sigue, se fija cierto modo de ser que valdría como realización moral de sí mismo y para hacerlo así obra sobre sí mismo, se empeña en conocerse, se controla, se experimenta, se perfecciona, se transforma". (“Usage des plaisirs”, p. 35).


Volverse guerrero, ser samurai, tal podría ser el resumen del supremo mandato al que se adherían estos feroces seguidores del Bushido.



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Qué es el Bushido?



Qué es el Bushido?






El samurai nace para morir.

La muerte, pues, no es una maldición a evitar,
sino el fin natural de toda vida.

Tsunetomo Yamamoto
(Samurai - 1659 - 1719)






El “Bushido” (武士道) constituye mucho más que un sólido código de honor entre guerreros.

Bushido
es la palabra que resuena como sinónimo de excelencia guerrera, como sentido del honor y como posición ética ante la muerte.

Desarrollado entre las eras Heian y Tokugawa (siglos IX-XII) este conjunto de principios y preceptos que regulaban la formación continua de los samurais operaba como un poderoso eje formador-transformador de la subjetividad de los aspirantes a ser los mejores y más respetados guerreros.

El Bushido, como dispositivo discursivo -cuyos enunciados se hallan configurados bajo el formato de máximas, consejos o prescripciones morales- establecía ciertas normas que demarcaban cuales habían de ser los valores tradicionales a seguir por la clase guerrera japonesa durante su formación, su vida entera, y su muerte.

De este modo, puede afirmarse que el Bushido constituye una de las mejores muestras de ética aristocrática ligada al cuadrángulo de sentidos que se tramaba entre la práctica del combate, el pathos de la guerra, el sentido del coraje, y la muerte.

Asimismo, contiene todo un marco de ideas que pintan con singular riqueza aquello que Foucault llamara una “práctica de sí”: el Bushido es, efectivamente, un modo de dominio de sí mismo cuyas específicas técnicas de subjetivación desembocarán en el moldeo del alma del guerrero samurai.

Una preocupación continua por el gobierno de sí, la valoración de la lealtad, la elección de la muerte como opción vital, y un ideal de superación-perfección contenido dentro de una profunda concepción del deber configuran interdependientemente los principales aspectos de la formación de la subjetividad del guerrero a que apuntan las enseñanzas del Bushido.

Tal “inquietud ontológica” del guerrero tiñe la totalidad de la existencia de aquellos que se entregaban a alcanzar este ideal subjetivo y social que constituía la clase Samurai.

Estos serán algunos de los planos que nos ocuparemos de deconstruir en las próximas reflexiones en torno a este brillante enigma antiguo que nos convoca bajo el nombre de "Bushido".




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domingo, 14 de marzo de 2010

"Sonêto de Fidelidade" - Vinicius de Moraes (en portugues y traducido al español)


"Sonêto de Fidelidade"
Vinicius de Moraes
Río de Janeiro, 19 de octubre de 1913 – 9 de julio de 1980



De tudo, meu amor serei atento
antes, e com tal zelo, e sempre, e tanto
que mesmo em face do maior encanto
dele se encante mais meu pensamento.

Quero vivê-lo em cada vão momento
e em seu louvor hei de espalhar meu canto
e rir meu riso e derramar meu pranto
ao seu pesar ou seu contentamento.

E assim, quando mais tarde me procure
Quem sabe a morte, angústia de quem vive
Quem sabe a solidão, fim de quem ama

Eu possa me dizer do amor (que tive):
Que não seja imortal, posto que é chama
Mas que seja infinito enquanto dure.






Soneto de fidelidad


A todo, mi amor estaré atento
antes, y con tal celo, y siempre, y tanto
que aún delante del mayor encanto
de él se encante más mi pensamiento.

Lo quiero vivir vano momento
y en su alabanza he de esparcir mi canto
y reír mi risa y derramar mi llanto
a su pesar o su alegría.

Y así, cuando más tarde me busque
quién sabe la muerte, angustia de quien vive
quién sabe la soledad, fin de quien ama

yo pueda decirme del amor (que tuve):
que no sea inmortal puesto que es llama
pero sea infinito mientras dure.




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"A fuego lento"

Algunos absurdos en torno a la pasión



Algunos absurdos en torno a la pasión




"Cuando dos personas están bajo la influencia de la más violenta, la más insana, la más ilusoria y la más fugaz de las pasiones, se les pide que juren que seguirán continuamente en esa condición excitada, anormal y agotadora hasta que la muerte los separe.
"


George Bernard Shaw
1856-1950
Escritor irlandés


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Hesíodo y el espumoso nacimiento de Afrodita







Hesíodo y e
l espumoso nacimiento de Afrodita






El cuerpo no es más que un medio de volverse temporalmente visible.
Todo nacimiento es una aparición.

Amado Nervo


Afrodita, diosa de... la multiplicidad erótica.

Coronada por el don de la belleza, una inagotable y natural capacidad de seducción, y siendo su sola presencia desencadenante del deseo sensual y la voluptuosidad, estamos ante una de las deidades más encandilantes (y encantadoras) del Olimpo. Fue venerada como diosa del amor, ha sido la antigua patrona de las hetairas y prostitutas y -claramente los griegos no basaban el culto de sus dioses a la lógica de la no-contradicción- también diosa de la vida conyugal. Podría decirse que allí donde Afrodita interviene, el deseo concupiscente se instala. Pero la fugacidad también envuelve con su aura los placeres que es capaz de prodigar la deslumbrante deidad:. Si como Marguerite Yourcenar sostenía el presente es un momento fugaz aunque su intensidad lo haga parecer eterno, Afrodita reina en el territorio de las intensidades eternizables...


Su origen es bastante conocido: su cuna es asociada con el mar. Pero veamos que ha de depararnos una incursión más detallada en el relato de su nacimiento, pues desde este punto de vista la diosa del placer, se las trae...


Existe una versión -la más extendida, divulgada y conocida- del nacimiento de la diosa: se la presenta como emergiendo de la espuma del mar. Pero no se trata de cualquier efervescencia. La historia que la precede es un tanto violenta: Cronos (hijo de Urano) le cortó los genitales a su padre bajo la aparente "razón" de envidiar el poder de éste como gobernante del universo y aspirar, en consecuecia, a ocupar su trono. Luego de tal cruento acto, Cronos se encarga de arrojar el miembro genital de su padre al mar. Y de la agitada esperma movida por las mareas y el oleaje, cubierta de blanquísima espuma emergerá Afrodita (en antiguo griego Ἀφροδίτη).

Relato de origen... fuertón, digamos. Para tratarse de un nacimiento, observemos que la hermosa joven es engendrada sin madre. En segundo lugar, de algún modo también se las debío arreglar sin padre (aunque haya sido nacida del semen testicular que flotaba en el mar). Su nacer es producto de un acto de castración llevado a cabo por la filosa hoz de pedernal que empuña Cronos, quien es asimismo su hermano mito-genético, podría decirse. Y para completar el "mapa" psiconovelado de su original vida, no tuvo infancia (nació núbil, en la plenitud de su juventud).

Así, Afrodita nos aparece emparentada a dos entidades masculinas: el cielo (Urano) y el poderoso tiempo (Cronos). Hija mítico-genética de un padre destituído y castrado, y hermana de un titán ambicioso y parricida (genitalmente hablando). Por temor a que su deslumbrante y poderosa belleza generara conflictos entre los dioses masculinos, Zeus resolvío tal asunto sin titubeos: "la casó", poniéndole la brida del matrimonio en menos que canta un gallo. Vaya novela familiar para la diosa del encanto y el placer voluptuoso!

Tan cautivante resultaba a los hombres y dioses el hecho de imaginar la sóla presencia de la vanidosa y voluble diosa (no olvidemos los relatos nos cuentan que Afrodita podía conseguir que quien sea cayera enamorado a sus pies con sólo mirarla a los ojos) que nada le costó hacerse de un largo listado de amantes y consortes divinos o mortales con los que tuvo abundante prole compuesta por unos quince descendiente: tuvo entre sus amantes al bello Adonis -a quien finalmente debió compartir fifty-fifty con Perséfone-, conquistar al iracundo guerrero Ares quien sera padre de varios de sus numerosos hijos (uno de los cuales, en algunos mitos, es nada más y nada menos que el propio Eros), seducir al escultor Pigmalión, también amó al pastor Anquises (con quien tuvo a su protegido hijo Eneas), cautivó con sus encantos al ático argonauta Butes (con quien también tuvo dos descendientes), de su amorío el hijo de Helios -Faetón- concibió a Astinoo, con el multifacético dios Hermes tuvo entre otros al inmortal Hermafrodito, y hasta se dió el lujo de entrar en extasis sexual con el desbordante Dionisos (unión de la cual nacieron tres hijos). Como puede apreciarse, la muchacha la pasó bien en lo que a deleites de la carne se trata...

Pero dejemos por un rato a Afrodita en el diván. Me temo que tiene bastante material biográfico con el que alimentar la "asociación libre"...

Siempre he tenido una gran curiosidad por las interrogaciones e inferencias que pueden establecerse desde el propio nombre de la diosa. Como ya dijimos, "Afrodita" proviene del antiguo griego Ἀφροδίτη. En concordancia con la etiología marina que enmarca su surgimiento, y si simplemente seguimos a su vez la etimologia popular de aquellos tiempos, vemos que ἀφρός (aphrós) significa "espuma". Hasta aquí, pura lógica arbitraria y/o de sentido entre la palabra, su signo, la designación y el acontecimiento que se pretende nombrar.

Mi inquietud aparece cuando pienso en "qué representa" la espuma misma, a qué sugestiva cadena de asociaciones invita la espuma, fenómeno natural de las mareas explicitado en el propio nombre de la diosa de lo voluptuoso?

Ver espuma me resulta algo bello, efervescente, casi me atrevería a decir “lúdico”: un alocado juegueteo visual sobrenadando blandamente la superficie, una visión sonora compuesta por pequeños circulitos que viran del blanco a la transparencia, filtrando la luz en microfulgores destellantes.
Me gusta ver la espuma adornando sinuosamente las playas, como si con su borde blanquecino tratara de dibujar infructuosamente los vaivenes fronterizos entre el fin del agua y el principiar de las sed de las arenas.
La espuma marina fue un objeto de observación y meditación temprano en mi vida. Constituye algo que me llamó siempre la atención desde la infancia: invariablemente intentaba con inocencia atraparla, hacerla permanecer en la palmita breve de mis manos y… siempre se desvanecía hacia la nada de la invisibilidad, ante mis azorados ojos que buscaban respuesta. Dónde está la encantadora espuma que hasta hace un instante atrás creía tener en mis manos?

Con el tiempo –eso que contabilizamos bajo la tiranía de los años cuando se trata de medir su paso por nuestra propia existencia- seguía arrimándome a cuanta playa y mar espumoso podía, e intentaba continuar con aquel ritual. Casi como un primer contacto con la naturaleza de las olas, una vez más reiniciaba aquel juego infantil de atrapar el truco de escapismo de (técnicamente hablando en crudo lenguaje minerológico) el silicato magnésico hidratado. Obviamente el resultado se repetía siempre: luego de unos instantes de deleitarme con sus encantos sensoriales, la belleza de “aphrós” de volvía evanescente. Inatrapable, la histérica espuma siempre me duraba un suspiro (mi indulgencia psicoanalítica me indicaba, ya en mi adultez, que la disculpara: pobre aphrós, qué esperaba de quien había tenido aquella traumática historia paterna y familiar en su origen..!)


Pequeñas lecciones que me dejó tempranamente esta aproximación sensible al irresistible encanto de lo espumoso afrodisíaco:

-la belleza es un imán con poderes de encantamiento;
-cierta deslumbrante hermosura visual que nos atrae de las formas que adopta la materia está indiscutiblemente sujeta a la “ley de lo impermanente” cuando no, lo bello es simple y directamente un estado efímero;
-tratándose de asuntos de Afrodita, el goce sigue la lógica del instante y la intensidad;
-es sabio no esperar de los “asuntos” que rige la venerada divinidad del placer nada que tenga que ver ni con la duración ni con la fidelidad pasional a un sólo objeto-sujeto;
-la “moral de la fidelidad” y la constancia amorosa son criterios que esta deidad pagana puede ignorar plenamente. Sino preguntémosle al malhumorado y deforme Hefesto -dios de la forja y del fuego, y su esposo en el panteón de los Olímpicos- quien desquiciado por los amoríos de la diosa hasta llegó a tejer una red metálica con la que la "cazaría" junto a su amante Ares, para risotada del resto de los dioses. Pese a ello, y por esos avatares de mutación que suelen suceder en el devenir de los mitos, y sus cultos Afrodita Urania será luego emblema del amor conyugal (?);
-los placeres de los sentidos se “esfuman” demasiado rápidamente (nos queda, en compensación, ese ciertamente imperfecto consuelo de la percepción perdida al que llamamos “memoria”);
-la promesa de placer que emite lo “que nos es agradable a la vista” nos vuelve -por el tiempo que dure dicha atracción hacia lo bello- cautivos de las expectativas de goce que nos despierta;
-Afrodita, sus apetencias y sus eróticos deleites están enlazados por el peligroso hilo conductor del deseo e igualmente teñidos con la lógica de la inconstancia objetal. Como diría el gran poeta Vinícius de Moraes: "Que não seja imortal, posto que é chama/mas que seja infinito enquanto dure" (que no sea inmoral puesto que es llama/pero que sea infinito mientras dure).


La irresistible diosa de la atracción física-sexual fue adorada en todo el mundo antiguo. Recordemos que dió sus primeros pasos cerca de las costas de Laconia, más precisamente en la isla sagrada de Citera, entre el Peloponeso y Creta. Huelga decir que a partir de aquel legendario momento se comenzó a considerar a dicha región como un lugar sagrado ligado a los placeres, el erotismo y al amor. Luego su andar la llevaría hacia Chipre, donde también será reverenciada por siglos. Su culto se extenderá por toda Grecia y continuará más tarde incluso bajo el nombre de "Venus" en la cultura mitológica romana.


La versión, que proviene de la "Teogonía" del poeta beocio Hesíodo, es la que reproduzco aquí para deleite de nuestra imaginación mitológica:


Y los genitales, ni bien se los cortó con el hierro,
los arrojó desde la tierra firme al ponto agitado,
y así el mar los llevó por mucho tiempo; entonces en derredor una blanca
espuma se levantó del miembro inmortal, con la que una muchacha
se crió; primero a la divina Citera
llegó; desde donde se fue luego a Chipre circundada por las aguas.
Allí se instaló la bella diosa venerable, y en torno la hierba
brotó bajo sus ágiles pies. A ella Afrodita,
diosa engendrada de la espuma y citérea de bella corona,
la llaman dioses y hombres, porque en la espuma
se crió; y también Citérea porque llegó hasta Citera;
y Ciprógena , porque nació en la agitada Chipre,
o Filomedea, porque de los genitales salió a la luz.
Eros la acompañó y el hermoso Hímero la siguió
desde que nació y se incorporó a la estirpe de los dioses.
Y desde el principio tiene tal honor y le fue asignado
este destino entre los hombres y los dioses inmortales:
confidencias virginales y sonrisas y engaños
y dulce deleite y amor y suavidad .





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Imagenes por orden de aparición:

Nacimiento de Venus (1879)Bouguereau
Óleo sobre lienzo, 300 x 218 cm
Musée d'Orsay, París


Urano es castrado por su hijo Cronos
Relieve griego alusivo al nacimiento de la diosa AfroditaEs conocido como "trono Ludovici"Data aprox. del 450 aC.

Detalle del nacimiento de Afrodita
Pelike ático
370-360 aC.